III - Vida y obra de Mons. José Aníbal Verdaguer, primer Obispo de Mendoza, en el 75º aniversario de su partida al Padre

 

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El 19 de julio pasado se cumplieron los 75 años de la muerte de Mons. José Aníbal Verdaguer, primer Obispo de Mendoza. Por este motivo, la Congregación de las Hermanas Obreras Catequistas de Jesús Sacramentado, fundada por él, quiere rendirle un homenaje particular: que las personas, especialmente los mendocinos, conozcan durante todo un año y de manera periódica la rica y profunda vida y obra de su fundador, desempolvando escritos y hechos que nos vayan revelando de a poco muchas de sus virtudes.


MONSEÑOR JOSÉ ANÍBAL VERDAGUER (1877 - 1940)
75 ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO (1940 – 2015)

III - Adolescencia


En su alma adolescente, seguramente recordará con unción el día de su bautismo: los grandes dones que Dios Padre le regaló: su adopción de hijo, su pertenencia a la Iglesia fundada por Jesucristo, la pila bautismal en que fue bautizado…

Sin numeración de páginas, pero casi al final de la primera libreta se encuentra la Renovación de las promesas bautismales.

“Adorable Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, en cuyo nombre he sido bautizado, gracias os sean dadas por este Don inefable que me habéis hecho por vuestra gran misericordia prefiriéndome a tantos otros. Mi madre me había concebido en pecado; yo había nacido hijo de ira y Vos, ¡Oh Dios mío! me hiciste renacer en el agua y en el Espíritu Santo y al mismo instante he llegado a ser vuestro hijo, hermano de Jesucristo y coheredero con Él de vuestra gloria. Mas, ¡ay! Yo no he vivido como me lo exigían tan augustas prerrogativas. ¡Oh Padre mío! Si aún puedo llamaros con tan caro nombre después de haberos ofendido, olvidad las ignorancias de mi juventud, olvidad todos los pecados de mi vida. Sinceramente deseo serviros el resto de mis días del modo que Vos merecéis; en el día de hoy hago esta firme resolución, renovando en vuestra divina presencia las promesas que por mí se hicieron cuando recibí el santo Bautismo. Sí, Dios mío, renuncio de corazón a Satanás y a sus locas ilusiones, al mundo y a sus vanidades, al pecado y a las concupiscencias de la carne; renuncio a mí mismo y a toda la corrupción de mi corazón. En presencia del cielo y de la tierra, os prometo adoraros, amaros, serviros y cumplir en todo vuestros santos mandamientos.

Padre eterno resucitad en mí la gracia de la adopción divina que ha sellado los primeros instantes de mi vida a fin de que yo viva sólo para Vos. ¡Oh, Jesús, mi Salvador por cuya sangre he sido purificado! Renovad en mí la imagen desfigurada por el pecado. Espíritu Santo, principio de todo bien sed también el principio de todos mis pensamientos, deseos y acciones para que en adelante no haya en mí cosa indigna de un hijo de Dios de un miembro de Jesucristo, de un templo consagrado por Vos. Reina del cielo, María, espíritus bienaventurados que rodeáis el trono del Todopoderoso, ángel tutelar a cuya guarda he sido confiado, Santos y Santas cuyo nombre llevo y vosotros predestinados de todos los tiempos y naciones que componéis la corte celestial, todos sois testigos del solemne juramento que acabo de renovar; ayudadme con vuestras oraciones y méritos a obtener de mi Dios la gracia de ser fiel hasta la muerte. Amén.


En la segunda libreta escrita también en Gerona, la hace preceder de un apartado don: copiará la obra del poeta catalán Jacinto Verdaguer “Cena de San Juan”. Por ella nos damos cuenta que la vida, obra y sufrimientos del poeta entraron a formar parte de su educación.

La tercera libreta está dedicada a su hermana monja (ingresó al Monasterio de María). Comienza con estos versos:

Por celebrar el gran día
De mi hermana querida
Me veo comprometido
Mis afectos expresar

Monja
No hay otros conceptos
Más hermosos y apropiados
Que los que son encerrados
En esta composición


El amor esponsal del alma con Dios traspasará toda la libreta. Paulatinamente irán apareciendo en versos los amores que ya dominarán para siempre su vida: su devoción al crucifijo, y a la llaga del costado, las delicias del estado religioso, su admiración por los santos, a Cristo como esposo del alma cautiva, la muerte como deseo del alma, sed de soledad para el alma enamorada, el aprecio de la virtud, el amor a la Argentina y a España indisolublemente unidas.

En Gerona cursa los cinco años de bachillerato. Todas sus calificaciones son excelentes. A las cualidades enumeradas por su maestra de primer grado – bueno, estudioso e inteligente - podemos agregar que ha cultivado con delicadeza y esmero su alma y es un joven virtuoso.

Ahora le recuerda a su padre la petición que le hiciera al finalizar sus estudios primarios: su profundo deseo de ser sacerdote. Su padre accede y comienza sus estudios.

Cursará tres años como alumno externo en el Seminario Conciliar de Gerona. Un certificado así lo avala:

“Certifico que Dn. José Aníbal Verdaguer y Corominas ha cursado en el susodicho establecimiento dos años de teología dogmática junto con las asignaturas de Derecho Canónico e Historia Eclesiástica, habiendo sido aprobado en los respectivos exámenes y observado una conducta académica y moral digna del mejor elogio distinguiéndose por su aplicación y piedad nunca desmentidos, de modo que se ha comportado constantemente a satisfacción de todos sus profesores”.


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