Fiesta de San Lorenzo/Día del Diácono - Saludos de los Obispos y demás miembros de la curia

 

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Hoy día, la Iglesia celebra a San Lorenzo, diácono mártir del Siglo III. Es por este motivo que se festeja el Día del Diácono.

Nuestros Obispos (Mons. C. M. Franzini y D. G. Braida) , Vicario General (Pbro. D. Manresa) y Canciller (Pbro. M. Panetta), saludan a todos los diáconos de la Arquidiócesis de Mendoza en su día:

Queridos Hermanos:
Junto con la memoria de San Lorenzo, diácono y mártir, la Iglesia reza especialmente por los diáconos, por sus familias, por su salud y por sus intenciones; y para que cada día puedan encarnar en ustedes la imagen de Cristo Servidor de sus hermanos.

Les agradecemos su entrega y desde el lugar en que están puedan ser signos eficaces de la Misericordia de Dios para con nuestro pueblo.

Compartimos con ustedes la siguiente oración:

"Dios y Padre Nuestro,
Fortalece con la gracia del Espíritu Santo
A todos los Diáconos de tu Iglesia,
para que desempeñen con alegría,
fidelidad y en espíritu de comunión eclesial
su ministerio pastoral,
siguiendo los pasos de tu Hijo Jesucristo,
"que no vino a ser servido, sino a servir y
dar su vida en redención de la humanidad" (Mc. 10, 45).

Te pedimos por las familias de los diáconos casados,
para que sean auténticas "Iglesias domésticas",
según el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret,
y de ella surjan vocaciones sacerdotales y religiosas.

¡Virgen María, Madre de la Iglesia
y Reina de los Apóstoles,
ruega por los ministros del Señor!
¡San Lorenzo, diácono y mártir,
ruega por los diáconos servidores del pueblo de Dios!"

Amén.

Un abrazo agradecido a todos.


Los demás miembros de la curia, nos hacemos eco de estas palabras y oramos por sus intenciones.


San Lorenzo - diácono mártir

San Lorenzo era uno de los diáconos que ayudaba al Papa San Sixtus II, quien fue asesinado por la policía del emperador mientras estaba celebrando Misa n un cementerio de Roma.

La antigua tradición cuenta que San Lorenzo, al ver que iban a matar al Pontífice, le dijo: “Padre mío, ¿te vas sin llevarte a tu diácono?” y el Santo Padre le respondió: “Hijo mío, dentro de pocos días me seguirás”.

San Lorenzo se alegró muchísimo de saber que iría pronto al cielo y, viendo el peligro que se aproximaba, recogió todos los bienes que la Iglesia tenía en Roma, los vendió y repartió el dinero a los más necesitados.

El alcalde de la ciudad, que era pagano y apegado al dinero, llamó a San Lorenzo y le mandó que le lleve los tesoros de la Iglesia para costear una guerra que el emperador iba a empezar. El Santo le pidió unos días de plazo para reunirlos.

El diácono entonces juntó a los pobres, lisiados, mendigos, huérfanos, viudas, ancianos, mutilados, ciegos y leprosos que él ayudaba con las limosnas. Mandó llamar al alcalde y le dijo que ellos eran los tesoros más preciados de la Iglesia de Cristo.

El alcalde, lleno de rabia, lo mandó matar lentamente, prendieron una parrilla de hierro y ahí acostaron a San Lorenzo. Los fieles vieron el rostro del mártir rodeado de un esplendor muy hermoso y sintieron un aroma agradable, mientras que los paganos no percibían nada de eso.

Tras un rato de estarse quemando por un lado en la parrilla, el valiente mártir le dijo al juez que le dieran la vuelta para quedar completamente quemado. Cuando ya se acercaba su hora y con una tranquilidad impresionante, pidió a Dios por la difusión del cristianismo en el mundo y partió a la Casa del Padre el 10 de agosto del 258.

Se dice que este martirio significó el declive de la idolatría romana y que la Basílica de San Lorenzo en Roma es considerada la quinta en importancia.

La devoción a este gran Santo se ha expandido por todo el mundo y muchos pueblos y ciudades llevan su nombre.

Fuente: ACIPRENSA