Se realizó la edición 2015 de Effeta - Pastoral Universitaria de Mendoza

 

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Del 5 al 11 de julio de 2015 se llevó a cabo una nueva edición de Effeta Misión Universitaria bajo el lema “Compartamos la alegría de caminar con Cristo”. Este gesto misionero se realizó en las zonas de La Colonia (Junín), Chivilcoy y Alto Salvador (San Martín). Se cierra así un ciclo de tres años de misión en este destino, del cual nos despediremos finalmente con el proyecto Manos a la Obra en diciembre de 2015.

Este año, alrededor de 140 jóvenes universitarios se animaron a ponerse al servicio del Evangelio, compartiendo experiencias de fe y vida con los vecinos del Este mendocino. Cada centro de misión se organizó en pequeñas comisiones que visitaron puerta a puerta las zonas mencionadas donde fueron recibidos acogedoramente por cada familia para compartir unos mates, una charla a la luz de la Palabra de Dios, una oración o la bendición de sus hogares. También se ofrecieron talleres para niños, adolescentes, jóvenes y adultos en las escuelas que nos alojaron. Allí, a través de distintas actividades, se trabajaron valores del Evangelio.

A nivel interno, los misioneros compartieron diariamente un espacio de formación y espiritualidad que en coherencia con el lema elegido, tuvo como premisa rezar y reflexionar sobre el Camino. Conociendo el camino de fe de distintos personajes bíblicos, fuimos adentrándonos en nuestro propio camino de fe, en nuestro propio seguimiento del Cristo que camina con nosotros día a día, en la cultura universitaria donde nos llama a ser fuego que ilumine.

A continuación, compartimos algunos testimonios de los misioneros.

“Me llamo Virginia Panelli, entré este año a la UNCuyo y gracias a Dios pude vivir esta experiencia tan hermosa en La Colonia. La verdad no iba con muchas expectativas quería que todo fuera especial y así lo fue. Desde el primer día, que me dieron la linda tarea de ser referente, todo fue obra de Dios. Pude conocer a un grupo de personas del cual me llevo un montón de alegrías y aprendizajes. Y agradecida inmensamente por haber podido compartir el amor de Cristo con personas y familias que tanto lo necesitaban. Quizás no dijimos grandes cosas ni les solucionamos sus problemas, pero si estoy segura que pudimos sembrar una pequeña semillita que Dios se encargará de hacer crecer en sus corazones.
¡Ojalá hagamos de esta experiencia algo cotidiano y no dejemos de compartir la alegría de caminar con Cristo!”


Majo Moyano, que misionó en Alto Salvador, nos cuenta:

“Fue una experiencia realmente hermosa. Uno a veces cree que va a ayudar o a acompañar, y realmente es algo cien por ciento bidireccional, ya que si bien damos nuestro tiempo y prestamos nuestros oídos para escuchar y charlar, uno recibe también tiempo y amor. Con respecto a las visitas a las casas, volvimos todos felices aunque sorprendidos ya que la gran mayoría de vecinos de la zona nos permitieron compartir unas palabras y orar. En lo personal, que he estado en distintas misiones con mi parroquia, nunca había recibido tanta respuesta; la gente siempre fue muy respetuosa y amable, y muchos optaron por los talleres. Eso fue genial.
Creo que es sumamente importante y necesario el hecho de que tengamos momentos de formación y espiritualidad, ya que uno no ama y no defiende lo que no conoce. Es algo que me gustó mucho de la misión de la PUM, ya que en la gran mayoría tal vez es sólo misión o simplemente un retiro, y es buenísimo que vayan de la mano en la vida de un cristiano, en no quedarse solo en la oración, sino llevarlo a la acción.
Me encantan las actividades de la PUM, si me preguntasen qué es lo que más me gusta, sin duda contestaría el grupo, el hecho de que se junten jóvenes con distintos pensamientos, con distintas actividades y poder ponerlas en común y así nutrirse entre todos es genial.
Para mí es una experiencia lindísima, llena de emociones, caras nuevas, que me ayuda mucho en este camino que a veces se torna empinado. Poder parar para orar y misionar es hermoso, siempre teniendo en cuenta que es sólo un gesto, un empujón para seguir evangelizando y creciendo en Cristo en el día a día. Contagiemos y no nos quedemos para nosotros esto que nos mueve y nos hace felices, compartamos esta alegría.”


Y Agustín Díaz, que colaboró en Chivilcoy nos abre el corazón para contar su experiencia:

“Yo llegaba con el corazón perdido, perdido en las cosas del mundo, en medio de la superficialidad, envuelto por la rutina, todo me daba igual .Llegaba sin expectativas, sólo con el deseo de volver a la profundidad que Dios me proponía para mi vida. ¡Y así fue! Dios se valió de mis costos y mis entregas y me hizo sentir de nuevo su amor, pero no lo hizo en cosas extraordinarias o grandes sino en cosas sencillas, en gestos que te llenan el alma y te la reconstruyen. Ahí estaba ese Dios que amaba tanto y que lo había olvidado, en cada casa que me abría las puertas, en cada mate que me ofrecía una familia, en cada historia que me contaba una abuela, en cada oración que rezábamos en un hogar, en cada corazón que le abría las puertas a Dios por medio de nosotros. Jesús me hizo saber que mi única misión en este mundo es anunciarlo, es amarlo en los demás. Fue una experiencia hermosa y gratificante que renovó mi vida por completo y sobretodo mi vínculo con Jesús, me construyó como persona y me enseñó a valorar un poquito más lo que la vida me regala todo los días”.

Fotos de la Misión Effeta 2015

Foto 1
Foto 2
Foto 3

Fuente: Pastoral Universitaria de Mendoza
http://pumendoza.org/blog/se-realizo-la-edicion-2015-de-effeta/