Homilía pronunciada por Mons. Carlos María Franzini en la solemne celebración del Te Deum con motivo de la fiesta patria del 25 de Mayo, en la Pquia. Nuestra Señora del Carmen de San Martín

 

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Les ofrecemos a continuación el texto de la homilía pronunciada hoy, 25 de Mayo de 2015, por nuestro Arzobispo, Mons. Carlos María Franzini, en la solemne celebración de acción de gracias celebrada en la Pquia. Nuestra Señora del Carmen, San Martín.


Construir sobre roca firme

Lectura proclamada: Mt 7, 21-27

Mis queridos hermanos:

1. El pasaje evangélico que acabamos de escuchar es el párrafo conclusivo de lo que conocemos como el “sermón de la montaña”. Algo así como la “carta fundamental” del Reino que Jesús ha venido a instaurar en medio nuestro para que podamos vivir una Vida Plena, vida de hijos y hermanos, la Vida Nueva que él ha inaugurado con su Pascua y nos ofrece a todos nosotros.

2. La invitación que hoy nos hace la Palabra de Dios es a no quedarnos en la simple escucha sino a ponerla en práctica. Sólo así se construye sobre roca firme. No basta el fácil recurso a “formas religiosas”, vacías de contenido existencial. No basta decir que somos cristianos, o religiosos, si nuestra vida no intenta traducir las propias convicciones de fe en estilo de vida, en un modo de ser y de existir en relación a Dios, a los hermanos y a la misma naturaleza.

3. Esta breve iluminación evangélica nos ayuda, pues, a descubrir el sentido de la celebración que compartimos en esta fecha patria, como lo han hecho los argentinos desde hace más de doscientos años, desde aquel 25 de mayo de 1810.

4. Reconocer el señorío de Dios en nuestra vida personal, familiar y social no puede ser un mero enunciado o reducirlo a algunas prácticas cultuales aisladas. Se trata de poner este señorío en el centro de la propia vida -a todo nivel- y desde él organizar nuestros valores y opciones, nuestras búsquedas y proyectos. Sólo así se puede construir sobre la roca firme de la Palabra de Dios, que es luz para nuestra vida.

5. La incuestionable identidad cristiana de la Nación argentina se ve constantemente desafiada ya que no alcanza solamente un título para acreditarla. Por eso la Iglesia católica ha ofrecido a la Patria desde sus inicios -y le ofrece constantemente- el compromiso activo de sus hijos, la riqueza de su doctrina y el aporte de sus instituciones para ayudarla a afianzarse como Nación y a responder a su vocación más profunda.

6. Pero también -es justo reconocerlo- somos conscientes de los errores y pecados de quienes nos profesamos cristianos y no logramos traducir nuestra fe en una vida más evangélica, al servicio de la Patria. En una sociedad fuertemente golpeada por la inequidad social, por tantas expresiones de violencia personal y colectiva, por una corrupción que penetra todos los sectores sociales y por la frívola banalidad de tantas expresiones culturales, cuesta reconocer los valores cristianos que nos identifican como pueblo desde nuestros orígenes.

7. Por eso en este día es oportuno volver a reflexionar sobre nuestra identidad como pueblo. Los obispos argentinos, con motivo del presente año electoral, hemos recordado hace pocas semanas que el proceso electoral es una preciosa oportunidad para un debate cívico acerca del presente y del futuro que deseamos para la Argentina. Es necesario crecer en madurez para que un cambio de autoridades no signifique una crisis sino una alternativa normal de la vida democrática. Invitamos a los candidatos que intervengan en las campañas electorales para que ofrezcan sus propuestas, sin incurrir en agresiones. Que se traten con respeto y cordialidad por cuanto no son enemigos, sino adversarios circunstanciales que puedan continuar dialogando y trabajando juntos para el bien común, al día siguiente de la elección.

8. Después de señalar algunos elementos que no deberían faltar en este debate cívico, también hemos querido señalar: “Al ponerse de relieve las diversidades entre propuestas, candidatos e ideologías, no debe hacernos perder de vista lo que nos une. El Papa nos invita a mirar nuestros vínculos más allá de legítimas pertenencias partidarias o de sector. Por eso nos dice que “convertirse en pueblo es todavía más, y requiere un proceso constante en el cual cada nueva generación se ve involucrada. Es un trabajo lento y arduo que exige querer integrarse y aprender a hacerlo hasta desarrollar una cultura del encuentro en una pluriforme armonía” (Francisco, El gozo del Evangelio, N° 220)…”

9. Y un poco más adelante recordamos: “…Estamos en vísperas del Bicentenario de la Independencia. Los aniversarios importantes, como éste, son ocasión para mirar hacia atrás el camino recorrido: ¿qué hemos hecho los argentinos con nuestro país? Y también mirar con esperanza hacia el futuro: ¿de qué debemos liberarnos aún, qué cadenas nos atan todavía impidiéndonos ser mejores como pueblo? ¿Qué lugar ocupamos y qué lugar queremos ocupar, como Nación independiente y soberana, en el contexto internacional? ¿Qué relaciones deseamos cultivar a nivel regional y latinoamericano en el contexto de la Patria Grande? ¿Qué podemos ofrecer al mundo para que nuestro país sea un lugar más semejante a lo que Dios sueña para la humanidad? Las elecciones de este año, deberían ser un momento propicio para iniciar un examen de conciencia colectivo, y para proponernos como sociedad metas exigentes, que nos estimulen a crecer en la cultura del diálogo y el encuentro. La responsabilidad es de todos. Nadie podría excusarse razonablemente de participar, según sus posibilidades, en el esfuerzo de seguir afianzando una mejor convivencia en nuestra Patria. Convivencia que debe sustentarse en los valores de verdad y justicia, de libertad, solidaridad y reconciliación, en orden al crecimiento de la amistad social…”

10. Sólo refundando nuestra convivencia en estos valores podremos avanzar decididamente hacia un futuro mejor para todos, hacia una Patria abierta y generosa, en la que nadie quede excluido del banquete de la vida. Por eso hoy damos gracias a Dios por los muchos dones que ha regalado a nuestra querida Nación y también le ofrecemos lo mejor de cada uno al servicio del bien común. Sólo así estaremos construyendo sobre la roca firme de la Palabra de Dios y sobre los valores fundacionales que –entre luces y sombras- nos han dado la identidad nacional que hoy compartimos.


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