Homilía del Obispo en la Festividad de San Cayetano

 

Homilía de Mons. José María Arancibia. Fiesta de San Cayetano.

1. La fe cristiana tiene que ver con todo lo que somos y vivimos


La fe cristiana nos trae hasta aquí, porque reconocemos la necesidad de Dios en todas las cosas de la vida. Más aún, como nos enseñó el Papa en Aparecida, porque “sólo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y pueden responder a ella de modo adecuado y realmente humano....Quien excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de ‘realidad’, y en consecuencia, sólo puede terminar en caminos equivocados y con recetas destructivas” (DI 3). Desde la fe, necesitamos pues descubrir el sentido profundo de la existencia humana, de cada persona, de la vida en comunidad, del trabajo cotidiano. Y así encontrar la fuerza para vivir estos dones de Dios, en medio de frecuentes dificultades y luchas.

2. ¿Cómo encuentra el creyente la situación del mundo actual?

Hago esta pregunta como creyente, desde esa mirada profunda y completa que le ofrece la fe. En muchos aspectos coincidimos con la gente que no tiene fe. Es valiosa sin embargo, la visión cristiana que ofrece particular luz, y novado impulso, en los momentos más duros.

Nadie afirma que el mundo esté peor que antes. Los adelantos y oportunidades son evidentes, y los percibimos cada día. Pero precisamente el proceso de desarrollo, cuando no es completo ni correcto, muestra con mayor claridad sus fracasos y hace sufrir a quienes excluye. El Papa motivó en su viaje a Brasil, un repaso de la realidad actual del mundo, sin provocar pesimismo, pero sí reconociendo una situación cambiante, compleja, dispersa o fragmentada, que no deja de provocar conflictos y angustias.

En el campo del trabajo, la globalización económica y cultural hace crecer las desigualdades y provoca mucha pobreza. Con dolor vemos a jóvenes sin oportunidades, o sin motivaciones suficientes para estudiar y trabajar. Un auténtico proceso de desarrollo, es moralmente correcto si está orientado al progreso de todos, e incluye la ayuda solidaria (cf Aparecida 62.65.69). Con dolor de corazón, han constatado los obispos de América: “La población económicamente activa de la región está afectada por el subempleo (42%) y el desempleo (9%), y casi la mitad está empleada en trabajo informal.

El trabajo formal, por su parte, se ve sometido a la precariedad de las condiciones de empleo y a la presión constante de subcontratación, lo que trae consigo salarios más bajos y desprotección en el campo de seguridad social, no permitiendo a muchos el desarrollo de una vida digna” (A: 71).

Gracias a Dios, esa misma situación ha suscitado esfuerzos positivos y creativos para enfrentarla, aunque no consiguen revertirla.

3. ¿Cuál es la misión de los buenos discípulos de Jesucristo?

La Iglesia Católica, a pesar de las deficiencias de algunos de sus miembros, ha dado testimonio de Cristo, anunciando su Evangelio y brindado su servicio de caridad; particularmente a los más pobres. Es un esfuerzo por promover su dignidad, y trabajar por la promoción humana en las áreas de: salud, economía solidaria, educación, trabajo, acceso a la tierra, cultura, vivienda. Con su voz, unida a otras instituciones nacionales y mundiales, ha dado orientaciones a fin de promover la justicia, los derechos humanos y la reconciliación de los pueblos (cf A: 98). Con la alegría de la fe, somos portadores del Evangelio de Jesucristo, y desde Él queremos proclamar y vivir la buena nueva de la dignidad humana, de la vida, de la familia, de la ciencia y de la solidaridad (cf A: 103).

4. Mensaje reciente sobre la dignidad del trabajo

Agradecemos a Dios por la belleza de la creación, obra de sus manos, y por el trabajo que nos hace participar de su tarea creadora, y es un servicio a los demás. Jesús, el carpintero, dignificó el trabajo y al trabajador. El trabajo humano no es secundario en la vida, sino que “constituye una dimensión fundamental de la existencia del hombre en la tierra” (LE 4). Así el hombre y la mujer se realizan a sí mismos como seres humanos (cf LE 9). Puesto que el trabajo expresa la dignidad y la libertad del hombre, en él radica la clave esencial de toda la cuestión social (cf LE 3).

Damos gracias a Dios, porque a la luz de Su palabra, comprendemos que el trabajo es esfuerzo y fatiga, que sirve al progreso terreno, a la realización personal, y a la construcción del Reino de Dios. Mientras que: el desempleo, la injusta remuneración del trabajo y el vivir sin querer trabajar son contrarios a la voluntad de Dios. Los cristianos, respondiendo a esta vocación, promueven la dignidad del trabajador y del trabajo, el justo reconocimiento de sus derechos y de sus deberes, y desarrollan la cultura del trabajo y denuncian toda injusticia.

Alabamos a Dios por los talentos, el estudio y la decisión de cuantos promueven iniciativas que generan trabajo y producción, que elevan la condición humana y el bienestar de la sociedad. La actividad empresarial es buena y necesaria cuando respeta la dignidad del trabajador, el cuidado del medio ambiente y se ordena al bien común. Se pervierte cuando, buscando sólo el lucro, atenta contra los derechos de los trabajadores y la justicia. (cf A: 120-122).

5. Nuestra súplica confiada a Dios, por intercesión de san Cayetano

Veneramos a los santos, como amigos de Dios. Identificados con su Palabra y su voluntad, encontraron la felicidad de creer y de vivir la Palabra, como había prometido el mismo Señor. Ellos son para nosotros, ejemplo, estímulo, aliento y consuelo.

Los invocamos como intercesores ante el mismo Dios, para que nos consigan el auxilio necesario. Pero sobre todo para que nos muestren el camino correcto, según el plan divino.

Por lo tanto, confiando en la promesa de Jesús, que nos aseguró conceder lo que pidiéramos en su nombre, tengamos plena confianza y ROGUEMOS:

-para que todos tengan trabajo digno, y salarios suficientes,

-por las familias, de manera que vivan decentemente y en paz de su trabajo

-para que nadie sea excluido de la educación, ni de oportunidades para trabajar

-por un progreso en Argentina y Mendoza, que sea pensado y conducido a favor de todos

-para que el proceso económico se encamine a superar diferencias y desigualdades injustas.

SAN CAYETANO nos ayude a
tener un corazón misionero, que promueva estas grandes verdades
y un espíritu solidario para vivirlas, compartiendo esfuerzas, cargas y bienes.