Mensaje del Arzobispo de Mendoza en la Bendición de los Frutos 2015

 

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El pasado domingo 1 de marzo se llevó a cabo la tradicional Bendición de los Frutos, evento que da inicio oficial al tiempo de Vendimia en Mendoza, y que concluye con la Fiesta Nacional de la Vendimia, principal acontecimiento artístico-cultural de la provincia.

Ante un escenario imponente, 500 artistas en escena (400 coreutas), distintas autoridades y una multitud de mendocinos y turistas, el Arzobispo de Mendoza, Mons. Carlos María Franzini ofreció su mensaje para la Bendición de los Frutos de este año. Previamente, la imagen de la Virgen de la Carrodilla había peregrinado hasta el escenario mientras se interpretaban las estrofas de su conocida canción “Virgen de la Carrodilla” y se había proclamado el Evangelio en el que Jesús reconoce como “su madre y sus hermanos” a quienes cumplen la voluntad de Dios.

Dejamos a continuación el mensaje completo del Arzobispo:

“El que hace la voluntad de Dios,
ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”


(Homilía de Mons. Carlos María Franzini, Arzobispo de Mendoza,
en la bendición de los frutos, Vendimia 2015)

Texto proclamado: Mc 3, 31-35

Queridos hermanos:

La Palabra de Dios nos recuerda que Jesús crea una nueva familiaridad. Ya no son la carne ni la sangre las que nos hacen hijos o hermanos. Él viene a proponernos un nuevo vínculo que nace de la búsqueda y el cumplimiento de la voluntad de Dios.

Y la voluntad de Dios, el Padre, es que todos seamos sus hijos y, por tanto, que todos seamos hermanos. Dios quiere para nosotros que sepamos formar una gran familia, donde todos nos reconozcamos como hermanos y nadie quede excluido de esta propuesta. Para los que creemos en Dios todo hombre es hermano, nadie nos resulta ajeno o indiferente. Más aún, para afianzar nuestra vocación fraternal Jesús nos ha dejado a su Madre, que desde entonces es también nuestra Madre.

No necesito detenerme demasiado en esta afirmación. Los mendocinos hemos sabido reconocer y recurrir siempre a la Madre desde los albores de nuestra historia. Ella siempre ha acompañado nuestra marcha; nos invita a escuchar la Palabra y a ponerla en práctica; así nos enseña a vivir como hermanos.

Como ella aprendemos a reconocer el paso de Dios por nuestra vida y nuestra historia y a hacer memoria agradecida de todos sus dones, por eso cantamos que
“en las viñas de mi tierra hay un recuerdo querido”; ella nos muestra el valor del trabajo humilde y honesto, porque hay en “cada hilera un amor y en cada surco un suspiro”; ella nos invita a repetir su gesto de servicio y disponibilidad para con todos, sobre todo con quienes más necesitan y nos comparte su alegría, por eso reconocemos “en cada hoja una esperanza y la esperanza en racimos…”

Sin embargo la presencia de la Madre no impide que a menudo no sepamos responder a nuestra vocación de hermanos. Debemos reconocer que todavía tenemos un largo y arduo camino hacia una fraternidad más auténtica entre nosotros. Lo ha recordado hace pocos días el Papa Francisco al decirnos:
“… Sabemos que cuando la relación fraterna se daña, cuando se arruina la relación entre hermanos, se abre el camino hacia experiencias dolorosas de conflicto, de traición, de odio…”

Y no hace falta ir muy lejos para saber de qué estamos hablando. Muy cerca nuestro hay hermanos que sufren la indiferencia y el olvido, la violencia y la injusticia, la discriminación y la inseguridad, la falta de trabajo y de vivienda dignos. Más concretamente, hoy que bendecimos los frutos de nuestro trabajo vinculado a los viñedos, no podemos dejar de reconocer cuánto nos cuesta todavía encontrar caminos para una retribución justa y una distribución más equitativa de los beneficios para todos los protagonistas de esta hermosa y noble tarea. ¡Cuánto necesitamos todavía de un diálogo respetuoso y leal para buscar juntos soluciones a los problemas que nos aquejan! ¡Cuánto necesitamos recordar que sólo buscando el bien común podremos encontrar respuestas satisfactorias para todos!

Pero también es necesario recordar que la perspectiva para buscar estas soluciones siempre ha de privilegiar a los hermanos más pobres. Nos lo recordaba hace pocos días el Papa:
“Los más pequeños, los más débiles, los más pobres deben enternecernos: tienen «derecho» de llenarnos el alma y el corazón. Sí, ellos son nuestros hermanos y como tales tenemos que amarlos y tratarlos. Cuando esto se da, cuando los pobres son como de casa, nuestra fraternidad cristiana misma cobra de nuevo vida. Los cristianos, en efecto, van al encuentro de los pobres y de los débiles no para obedecer a un programa ideológico, sino porque la palabra y el ejemplo del Señor nos dicen que todos somos hermanos. Este es el principio del amor de Dios y de toda justicia entre los hombres...”

También acá, en Mendoza, queremos ser una familia, una auténtica fraternidad. Este anhelo del corazón humano no es pura utopía. Todos tenemos pequeñas pero concretas experiencias de que es posible vivir como hermanos. Cada Vendimia nos lo recuerda y nos invita a intentarlo. Sólo se trata de quererlo y de dejar que la Palabra de Dios nos siga iluminando. Al pedir la bendición de Dios sobre nuestros frutos, miremos una vez más a la Madre y digámosle con convicción y confianza:


“Ten piedad de aquellos hijos
que le han clamado a tu cielo
haz que a ellos se les cumplan
sus más queridos anhelos
Para ti van estos cantos
para ti van estos ruegos…
Virgen de la Carrodilla
Patrona de los viñedos”.


Descargar mensaje del Arzobispo

Algunas fotos de la Bendición de los Frutos 2015

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