MONS. BUENANUEVA ACLARA EL TEMA DE LAS OFRENDAS DE DINERO EN LAS CELEBRACIONES

 

Martes 2 Dic 2014
San Francisco (Córdoba) (AICA):
El obispo Sergio Osvaldo Buenanueva se sumó al debate sobre las ofrendas de dinero que suelen cobrarse por la celebración de algunos sacramentos, como bautismos o matrimonios. El prelado explicó que el aporte monetario en forma de ofrenda es una forma privilegiada de destacar el sentido espiritual con el que se convoca a sostener la obra evangelizadora de la Iglesia. No obstante, observó que la negación o imposibilidad de colaborar no deben impedir alcanzar el bien espiritual.


El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, se sumó al debate que generaron las palabras del papa Francisco sobre el verdadero culto a Dios y las ofrendas de dinero que suelen cobrarse por la celebración de algunos sacramentos, como bautismos o matrimonios.

Al respecto, monseñor Buenanueva explicó que el aporte monetario en forma de ofrenda con ocasión de una celebración litúrgica es una forma privilegiada de destacar el sentido espiritual con el que se convoca a sostener la obra evangelizadora de la Iglesia. No obstante, el prelado observó que esto nunca debe impedir el bien espiritual.

Monseñor Buenanueva recordó que el Papa consideró un escándalo que, a la entrada de una misa, existan “listas de precios” por un bautismo, un matrimonio, una bendición o una intención particular para la misa.

El obispo recordó que pedir una suma de dinero a cambio de un sacramento o cualquier bien espiritual es un pecado que se llama simonía, y sostuvo que lo que los fieles ofrecen es en realidad una ofrenda.

Como obispo diocesano, monseñor Buenanueva explicó que, de tanto en tanto, le toca fijar un monto tope para matrimonios, celebraciones y otros servicios, y observó que, en ocasión de ciertas celebraciones, se indica explícitamente que se trata de una ofrenda, que debe ser libre y voluntaria.

“La Iglesia nos manda que jamás neguemos un sacramento a un fiel que no puede o, eventualmente, no quiere hacer una ofrenda de dinero. Hay que evitar toda apariencia de negocio o comercio”, dijo el obispo, reseñando el Código de Derecho Canónico.

Siempre, en toda ocasión, se trata de una ofrenda del fiel a Dios. Es incluso más importante, observó el obispo, que se comprenda este sentido antes que insistir con la cobertura de los gastos por el uso de las instalaciones.

Monseñor Buenanueva también propuso debatir si se deben separar los sacramentos de las ofrendas de dinero: “Algunos opinan que sí, que hay que superar esa práctica, y se dice que se debería concientizar más a los fieles acerca del deber de sostener la obra evangelizadora de la Iglesia. Esto último es cierto, pero yo no estoy tan convencido que se separe tan netamente celebración y ofrenda”.

“Pienso en la celebración de la Eucaristía –agregó el obispo-. Una larga tradición que viene de la Iglesia primitiva y el Nuevo Testamento nos enseña a vincular ambas cosas: sacramento y ofrenda. Se trata de un único acto de culto, al que nos unimos también con nuestra ofrenda material. ¿No es ese el sentido de las colectas de las misas? Estas son una de las maneras más directas y concretas con que los fieles sostenemos a nuestra Iglesia y ayudamos a los pobres”.

“Además de favorecer que los fieles contribuyan al sostenimiento de la obra evangelizadora con aportes habituales y organizados, el aporte en forma de ofrenda con ocasión de una celebración litúrgica es una forma privilegiada de destacar el sentido espiritual del aporte. Claro, eso nos obliga a ser extremadamente delicados y escrupulosos con las ofrendas de los fieles. Nos obliga a cumplir lo que la misma Iglesia manda en sus leyes. Ni más ni menos”, concluyó el obispo.+

Texto completo de la reflexión

Reflexión de monseñor Sergio Buenanueva, obispo de San Francisco, sobre las ofrendas monetarias en celebraciones (1 de noviembre de 2014)


Comentando la escena evangélica de la expulsión de los vendedores del templo de Jerusalén, el papa Francisco hizo, días atrás, unas incisivas afirmaciones sobre el verdadero culto a Dios.

Aquí un párrafo de sus palabras que despertó lógico interés: “pienso en el escándalo que podemos dar a la gente con nuestro comportamiento, con nuestros hábitos no sacerdotales en el templo: el escándalo del comercio, el escándalo de la mundanidad”. Ha señalado también: “cuántas veces vemos que entrando en una Iglesia, todavía hoy, está allí la lista de los precios: bautismo, tanto; bendición, tanto; intenciones de Misa, tanto”. “El pueblo se escandaliza”.

¿Listas de precios en las Iglesia? ¿Qué hay de todo esto?

Las palabras del Santo Padre, y la realidad que dejan entrever, merecen atenta reflexión. Aquí ofrezco solo dos o tres ideas necesariamente incompletas.

Aclaremos de entrada un punto: pedir una suma de dinero a cambio de un sacramento o de cualquier bien espiritual es un pecado que se llama "simonía". El nombre proviene de un mago llamado Simón que les pidió a los apóstoles que le dieran su poder de hacer milagros a cambio de un precio (cf Hch 8, 9-24). Lo que los fieles ofrecen por la celebración de un sacramento es otra cosa: es una ofrenda no el pago de un precio.

Como obispo diocesano tengo el deber de establecer, de tanto en tanto, el monto a ofrendar con ocasión de algunos servicios que se brindan en las parroquias. Para evitar abusos y arbitrariedades, hay que fijar el monto tope para matrimonios, algunas celebraciones y servicios. Con ocasión de algunos sacramentos: bautismos, confirmaciones, primeras comuniones, por ejemplo, se indica explícitamente que se trata de una ofrenda, y que debe ser libre y voluntaria. En esta tarea estamos ahora con el Consejo diocesano de asuntos económicos.

Claramente la Iglesia nos manda a los pastores que jamás neguemos un sacramento a un fiel que no puede (o eventualmente, no quiere) hacer una ofrenda en dinero. Hay que evitar toda apariencia de negocio o comercio, dice el Derecho canónico.

Siempre, incluso en los casos en que el obispo fija un monto tope, se trata de una ofrenda que el fiel hace a Dios. Tiene un carácter eminentemente religioso. Esto es clave. Es incluso más importante que insistir que, con esa ofrenda, se cubren los gastos que ocasiona el uso de las instalaciones parroquiales (luz, sonido, flores, etc.). El discurso muchas veces se empantana aquí. En esto hay que seguir el criterio de Jesús, por ejemplo, cuando alabó a la viuda pobre que dio dos monedas de cobre al templo, como ofrenda a Dios para los pobres.

Lo peor que podemos hacer es no hablar de estas cosas. Ya sabemos qué pasa cuando por miedo, tabú o escrúpulos, dejamos de hablar de cuestiones delicadas.

¿Sería bueno separar sacramentos y ofrendas de dinero? Algunos opinan que sí, que hay que superar esa práctica. No es bueno -se dice- unir sacramentos con lo económico. Se debería concientizar más a los fieles acerca del deber de sostener la obra evangelizadora de la Iglesia. Esto último es cierto, pero yo no estoy tan convencido que se separe tan netamente celebración y ofrenda.

Pienso en la celebración de la Eucaristía. Una larga tradición que viene de la Iglesia primitiva y el Nuevo Testamento nos enseña a vincular ambas cosas: sacramento y ofrenda. Se trata de un único acto de culto, al que nos unimos también con nuestra ofrenda material. ¿No es ese el sentido de las colectas de las Misas? Estas son una de las maneras más directas y concretas con que los fieles sostenemos a nuestra Iglesia y ayudamos a los pobres.

Además de favorecer que los fieles contribuyan al sostenimiento de la obra evangelizadora con aportes habituales y organizados, el aporte en forma de ofrenda con ocasión de una celebración litúrgica es una forma privilegiada de destacar el sentido espiritual del aporte.

Mons. Sergio Buenanueva, obispo de San Francisco