Te Deum Día de la Independencia

 

Homilía de Mons. José María Arancibia pronunciada en el Te Deum celebrado en la Parroquia San Isidro Labrador en el día de la Independencia.

Celebración de Acción de Gracias. 9 de Julio de 2007.

1. La experiencia y la fe nos impulsan a dar gracias

Estamos congregados en el día de la Patria, libre y soberana, desde hace 191 años. Según la tradición argentina, los festejos incluyen un momento para alabar, bendecir y dar gracias a Dios.

Esos son los sentimientos de gente que goza de un corazón bueno y sano. Más todavía si es un pueblo creyente.

La fe religiosa reconoce a Dios como dador de todo bien, y como Señor de cuanto existe. La Biblia ofrece estas preguntas, como luz para el camino: "¿Qué tienes que no hayas recibido?" (1 Co 4,7). "¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?" (Sal 116,12). Jesús mismo da gracias al Padre, en el Evangelio proclamado.

San Pablo lo recomienda a la comunidad de entonces y de ahora: “No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios” (Flp 4,6). Cualquier ciudadano puede encontrar en estas palabras, consuelo y mucha sabiduría, aún en momentos difíciles.


2. La gratitud brota del corazón sencillo y es signo de sabiduría


La Palabra de Dios guía a los humildes de corazón, para expresar ante Dios confianza y gratitud. “Que se alegren y gocen contigo, todos los que te buscan...Yo soy pobre y desgraciado, pero el Señor se cuida de mí” (Sal 39, 17-18).

De manera semejante elevó su canto la Virgen María, cuando el favor de Dios se hizo pleno en Jesucristo: “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!” (Lc 1,46-49).

De un antiguo maestro de vida espiritual, recibimos esta lección: ¿cómo se conoce la boca que habla con sabiduría? Cuando de ella brotan tres cosas: la confesión de la propia indignidad; la alabanza y acción de gracias; y palabras que edifican, en vez de destruir (cf san Bernardo sermón 15).

Esta enseñanza puede parecer sólo piadosa, pero ofrece una manera sensata y provechosa de construir la convivencia social.

3. La gratitud despierta el amor y a su vez lo exige

Teresa de Ávila, mujer muy santa, y docta en letras castellanas, ha escrito que la gratitud educa el corazón para amar de verdad: Si no se sabe o no se reconoce que recibimos de los demás, no despertamos al amor; mientras que, más amamos a alguien, cuando reconocemos las buenas obras que hace con nosotros (cf Vida 10,4-5).

Por eso, para alabar a Dios por la Patria, en una ocasión como ésta, es preciso admitir todo lo que el Señor, y tantos argentinos, han hecho y hacen por nosotros.

A su vez, quien da gracias, se siente motivado y exigido a usar bien de los dones recibidos. Alegrarse de las riquezas humanas y materiales de la Patria, suscita la conciencia de aprovechar esos mismos dones. Una oración matinal, pone en la boca de Dios estas palabras:

Sentencia de Dios al hombre
antes que el día comience:
que el pan no venga a tu mesa
sin el sudor de tu frente.
A ti te inventé las manos
y un corazón que no duerme;
puse en tu boca palabras
y pensamiento en tu frente.
No basta con dar las gracias
sin dar lo que las merece:
a fuerza de gratitudes
se vuelve la tierra estéril. (Liturgia de las Horas, laudes I)

4. La vocación de la Iglesia frente al bien público

La Iglesia ha acompañado a la Nación dando gracias y rogando por todos, en momentos de alegría, de victoria y también de dolor o angustia.

Su enseñanza alienta a formar estructuras justas, y a cultivar valores fundamentales, sobre los cuales se sostengan. Así lo ha recordado hace poco, el Papa Benedicto.

No obstante, la Iglesia quiere ser fiel a su misión, que distingue del rol del Estado, aunque quiera colaborar con él.

“Este trabajo político no es competencia inmediata de la Iglesia. El respeto de una sana laicidad -incluso con la pluralidad de posiciones políticas- es esencial en la tradición cristiana.

Si la Iglesia comenzara a transformarse directamente en sujeto político, no haría más por los pobres y la justicia, sino que haría menos, porque perdería su independencia y su autoridad moral, identificándose con una única vía política y con posiciones parciales opinables.

La Iglesia es abogada de la justicia y de los pobres, precisamente al no identificarse con los políticos ni con los intereses de partido. Sólo siendo independiente puede enseñar los grandes criterios y los valores inderogables, orientar las conciencias, y ofrecer una opción de vida que va más allá del ámbito político.

Formar las conciencias, ser abogada de la justicia y de la verdad, educar en las virtudes individuales y políticas, es la vocación fundamental de la Iglesia en este sector. Y los laicos católicos deben ser concientes de su responsabilidad en la vida pública; deben estar presentes en la formación de los consenso necesarios y en la oposición contra las injusticias”. (Benedicto XVI: discurso inaugural, Aparecida 13.05-07, 4,11)

5. Como Nación hemos pedido y recibido dones, que agradecemos y nos obligan

Hemos bregado y orado en la Argentina por tener una auténtica democracia. Por superar graves problemas económicos y sociales. Por una educación para todos, incluso más prolongada y útil para la vida.

La providencia nos ha concedido muchos dones, que son fruto del empeño humano de muchos, que merecen nuestra gratitud.

Sin embargo la vida política en democracia también nos duele. La advertencia del Papa es cuestionadora: “En América Latina y el Caribe, igual que en otras regiones, se ha evolucionado hacia la democracia, aunque haya motivos de preocupación ante formas de gobierno autoritarias o sujetas a ciertas ideologías que se creían superadas, y que no corresponden con la visión cristiana del hombre y de la sociedad, como nos enseña la Doctrina Social de la Iglesia.

Por otra parte, la economía liberal de algunos países latinoamericanos ha de tener presente la equidad, pues siguen aumentando los sectores sociales que se ven probados cada vez más por una enorme pobreza o incluso expoliados de los propios bienes naturales”. (Benedicto DI 2,4)

6. ¿Qué tipo de vida anhelamos para nuestra patria?

Una pregunta interesante. Al dar gracias a Dios por la Patria, y al pedir por ella, no debemos estrechar el horizonte. La “realidad” que nos preocupa, no tiene que ver sólo con bienes materiales, asuntos sociales, económicos y políticos.

“Quien excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de realidad y, en consecuencia, sólo puede terminar en caminos equivocados y con recetas destructivas ... Sólo quien conoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano.

La verdad de esta tesis resulta evidente ante el fracaso de todos los sistemas que ponen a Dios entre paréntesis”. (Benedicto DI 3,5.6)

Por lo tanto, la vida deseada para nuestras comunidades es una vida plena, propia de los hijos de Dios, con unas condiciones más humanas: libres de las amenazas del hambre y de toda forma de violencia.

Cuarenta años después de la carta sobre el progreso de los pueblos (Populorum progressio 1968), el Papa insiste: “el desarrollo auténtico ha de ser integral, es decir, orientado a las promoción de todo el hombre y de todos los hombres , e invita a todos a suprimir las graves desigualdades sociales y las enormes diferencias en el acceso a los bienes.

Esos pueblos anhelan, sobre todo, la plenitud de la vida que Cristo nos ha traído ... (cf Jn 10,10). Con esta vida divina se desarrolla también en plenitud la existencia humana, en su dimensión personal, familiar, social y cultural”. (Benedicto DI 4,1-2).

7. Desde su misión, la Iglesia exhorta y se compromete

Los obispos católicos de América, han trazado líneas de acción pastoral, que contienen un llamado y un compromiso. Éstas son algunas de sus conclusiones:

• Con firmeza y decisión, continuaremos ejerciendo nuestra tarea profética discerniendo dónde está el camino de la verdad y de la vida; levantando nuestra voz en los espacios sociales de nuestros pueblos y ciudades, especialmente, a favor de los excluidos de la sociedad.

Queremos estimular la formación de políticos y legisladores cristianos para que contribuyan a la construcción de una sociedad justa y fraterna según los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.

• ... promovamos el diálogo con los diferentes actores sociales y religiosos. En una sociedad cada vez más plural, seamos integradores de fuerzas en la construcción de un mundo más justo, reconciliado y solidario.

• Las agudas diferencias entre ricos y pobres nos invitan a trabajar con mayor empeño en ser discípulos que saben compartir la mesa de la vida, mesa de todos los hijos e hijas del Padre, mesa abierta, incluyente, en la que no falte nadie. Por eso reafirmamos nuestra opción preferencial y evangélica por los pobres.

• Invitamos a todos los dirigentes de nuestras naciones a defender la verdad y a velar por el inviolable y sagrado derecho a la vida y la dignidad de la persona humana, desde su concepción hasta su muerte natural.

• Ponemos a disposición de nuestros países los esfuerzos pastorales de la Iglesia para aportar en la promoción de una cultura de la honestidad que subsane la raíz de las diversas formas de violencia, enriquecimiento ilícito y corrupción.

• ... Queremos favorecer un desarrollo humano y sostenible basado en la justa distribución de las riquezas y la comunión de los bienes entre todos los pueblos.
(Mensaje de Aparecida, 3-4).