Iglesia, política y ciudadanía

 

Por P. Sergio Buenanueva.

Algunos informes de prensa señalan que el Episcopado argentino se aprestaría a favorecer un mayor compromiso político de los católicos. “Al faltar una oposición fuerte actuarán cuando las instituciones corran riesgo”; era el comentario de un importante matutino porteño.

Los obispos -según estas fuentes- no querrían repetir situaciones del pasado. Campea el fantasma del silencio frente a la dictadura militar, y la aquiescencia ante las políticas de los noventa.

La decisión del Obispo Piña de Puerto Iguazú de encabezar la lista opositora en las elecciones para la Constituyente de Misiones, confirmaría esta línea de acción. Lo mismo se diga la experiencia reciente en varias provincias en las que la Iglesia ha cumplido un rol de mediación más o menos explícito en importantes conflictos sociales.

Sin pretender rubricar o rechazar estas afirmaciones -de por sí bastante imprecisas- ofrezco a continuación algunas reflexiones en voz alta.

A muchos nos interesa comprender mejor cómo la Iglesia católica ha de cumplir su misión en el contexto de una sociedad cada vez más plural.

El punto inmediato de referencia es la doctrina ofrecida por el Papa en la segunda parte de su encíclica Dios es amor, especialmente en los números 26 al 31.

Al respecto, tres reflexiones convergentes, aunque no exhaustivas.

1. Escribe Benedicto XVI: “La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de realizar la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia...

El deber inmediato de actuar en favor de un orden justo en la sociedad es más bien propio de los fieles laicos. Como ciudadanos del Estado, están llamados a participar en primera persona en la vida pública.” (Dios es amor 28 y 29).

2. El principio de la laicidad del estado forma parte de la enseñanza social católica (Cf. Compendio de la doctrinal social de la Iglesia nn 571-572).

¿Qué postula este principio? Tres cosas: 1) En negativo: el estado no impone ninguna creencia religiosa. 2) En positivo: los valores religiosos y espirituales ofrecen su contribución específica en la edificación de la sociedad. 3) Una sociedad necesita sólidos valores morales, reconocidos como tales por el conjunto de los ciudadanos. Laicidad no es neutralidad frente a los valores morales.

Su fundamento son los principios de la libertad de conciencia y la libertad religiosa, pilares fundamentales de las democracias modernas. Es además un logro importante de la civilización, al que ha contribuido también la fe cristiana.

3. La Iglesia no sustituye al estado, sentencia el Papa. Podemos añadir: ni a los partidos políticos; ni a las organizaciones de la sociedad civil. Tampoco puede quedar al margen de la lucha por la justicia.
En este contexto: ¿cuál es su campo de acción?

El Papa señala dos amplios senderos: Debe insertarse en la lucha por la justicia “a través de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige también renuncias, no puede afirmarse ni prosperar. La sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la política. No obstante, le interesa sobremanera trabajar por la justicia esforzándose por abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias del bien.” (ídem)

Los dos caminos indicados -la argumentación racional y la potenciación de las fuerzas espirituales- pueden parecer poco efectivos.

Sin embargo, deberíamos meditar más serenamente un hecho llamativo de la reciente vida católica: la por momentos alta politización del clero y la vida religiosa ha corrido pareja con la consolidación de un preocupante “déficit de laicidad” dentro de la Iglesia. Y esto, en un doble sentido: escasa conciencia, interés y preparación de los laicos activos en su aporte específico a la vida social, y una enorme dificultad para encontrar nuestro lugar en una sociedad plural y secularizada (el saeculum).

Los dos senderos indicados arriba por el Papa Ratzinger expresan con elocuencia la perspectiva religiosa desde la cual la Iglesia se inserta en la lucha por la justicia.

Apuntan en una misma dirección: “abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias del bien”; en otras palabras: crear ciudadanía.

Sobre estos dos caminos abiertos quisiera seguir reflexionando próximamente.