DOS NUEVOS DIÁCONOS EN LA ARQUIDIÓCESIS DE MENDOZA

 

Desde ayer por la tarde, lunes 18 de agosto, la Iglesia de Mendoza tiene entre los miembros de su clero a dos nuevos diáconos. Ante una Iglesia colmada de presbíteros, algunos diáconos, consagrados y laicos, Mons. Franzini ordenó a dos nuevos diáconos en camino al presbiterado: Gerardo Peñaloza y Andrés Canciani. La celebración tuvo inicio apenas pasada las 16hs. en la Parroquia Santiago Apóstol y San Nicolás de Ciudad, la cual se desarrolló sin inconvenientes.

La celebración litúrgica tuvo un fuerte acento en la música, ya que ofrecieron su canto tres coros que ayudaron a elevar el alma: el Coro Diocesano, el Coro Taizé y otro preparado especialmente para la ocasión. El motivo de esta fuerte presencia coral fue debido a que uno de los ordenados, Gerardo, participa desde su niñez en el ambiente coral, actualmente asesorando y participando del Coro Diocesano, y del Coro Taizé, del cual es además su fundador y director. El tercer coro estuvo conformado por sus amigos del ambiente coral, desde la época de su formación en la Escuela de Niños Cantores de Mendoza, quienes ofrecieron sus voces para los cantos del Ave Verum Corpus de Mozart, el Panis Agelicus de César Franck y el “Bogoroditse Devo” de Rachmaninov.

Al final de la celebración, Mons. Franzini agradeció a todos los que intervinieron en la formación de los nuevos diáconos y los que hicieron posible esta celebración.

Homilía pronunciada por Mons. Carlos María Franzini, Arzobispo de Mendoza, en la ordenación diaconal de Andrés Canciani y Gerado Peñaloza
(Parroquia Santiago Apóstol y San Nicolás, 18 de agosto de 2014)

Textos proclamados: Jer 1,4-10; Hech 8, 26-40; Lc 5,1-11

Queridos hermanos:

Los textos de la Palabra elegidos por Andrés y Gerardo para esta celebración hablan de la iniciativa de Dios, que
“nos amó primero” y sale a nuestro encuentro a lo largo de toda la vida con su constante y amorosa llamada.

La vocación del profeta Jeremías muestra el protagonismo central de Dios que lo llama, lo consagra, lo constituye profeta, lo envía, pone la palabra oportuna en su boca, y –sobre todo- está con él siempre, dándole ánimo, seguridad y confianza. El diácono Felipe es un simple instrumento del Espíritu para llevar adelante la conversión del etíope. Pedro responde a la propuesta de Jesús y, según su Palabra, echa las redes para que se produzca la pesca milagrosa; es Jesús el que le dará una nueva identidad, haciéndolo “pescador de hombres”.

Pero la iniciativa amorosa de Dios no elimina la indignidad de los llamados. Es más, ante la absoluta gratuidad de la llamada queda más en evidencia la pobreza de quienes son llamados:
“!Ah, Señor¡ Mira que no sé hablar, porque soy demasiado joven…”, dice el realista Jeremías. “…Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador…”, exclama humildemente Pedro.

La evidente desproporción entre la iniciativa divina y la indignidad del llamado tiene, sin embargo, su punto de encuentro en la disponibilidad con la que responde quien se sabe desbordado por el amor del que les llama y envía. Por eso Felipe podrá ser tan decidido y eficaz en su encuentro con el etíope. No es él el que actúa o, más bien, es consciente que Dios le ha tomado como instrumento y dócilmente se deja poseer al servicio de la misión.

Esta tarde estamos siendo todos protagonistas de una nueva intervención de Dios en la historia de su pueblo, como las que nos relata la Palabra de Dios. El vuelve a tomar la iniciativa para llevar adelante la obra de la salvación y elige a estos dos hermanos nuestros, jóvenes, pobres, pecadores, a los que necesita como instrumentos, como
“simples servidores”.

La ordenación diaconal de Gerardo y Andrés es la mediación de la que el Señor se sirve para superar la desproporción siempre existente entre llamada y respuesta. Por ella estos hermanos nuestros estarán capacitados para responder con fidelidad a cuanto el Señor les pida, para bien de su pueblo. Nada le falta a un ministro ordenado para cumplir su misión si sabe responder con creciente fidelidad a los dones de Dios.

Sin embargo esta mediación no es algo que se percibe mecánicamente. Estamos en el mundo de la fe, en la dimensión teologal de nuestra existencia, y por ello es indispensable sumergirse en esta dimensión creyente para poder captar algo de este gran Misterio que es un ministro de la Iglesia. Y quien, antes que nadie, debe sumergirse en este Misterio es el mismo sujeto llamado.

Mis queridos Andrés y Gerardo: nunca llegarán a comprenderse de manera cabal con una mirada puramente humana, sociológica, psicológica, meramente racional. Necesitarán una y otra vez de la fe, en la que se resuelve nuestra existencia humana y cristiana. Un diácono –como también un presbítero o un obispo- sin fe es una contradicción en los términos. Dentro de unos instantes ustedes se comprometerán a ser hombres de oración no sólo para rezar en nombre de la Iglesia y de quienes no rezan. Este compromiso se orienta también a que desde la oración cotidiana, prolongada y saboreada puedan penetrar cada día más en el Misterio Dios, en la amistad con Jesús, en el mundo de las realidades definitivas, sin las cuales nada de lo que serán y harán alcanza su sentido más verdadero. Sólo la oración les permitirá percibir serenamente la desproporción entre la llamada y la pobre respuesta que puedan dar; sólo desde ella podrán vivir serenamente esta infinita distancia. Por eso un ministro de la Iglesia que no reza es también una contradicción en los términos. Pidan en este día la gracia de ser hombres de oración humilde, perseverante, prolongada…

También hay que decir que para superar la desproporción entre llamada y respuesta no alcanza con la oración. La mediación eclesial “sacramentaliza” esta distancia y hace posible que seamos capaces de llevar en esta “vasija de barro” que somos los ministros el
“tesoro” que Dios ofrece a los hombres a través de nuestro ministerio. Es en la Iglesia y con la Iglesia que somos ministros. Y es en la Iglesia particular concreta en la que estamos insertos –en nuestro caso la Iglesia de Mendoza- donde estamos llamados a servir. La incardinación que produce la ordenación no es por tanto un mero hecho jurídico; es mucho más: la incardinación los liga sacramentalmente a esta Iglesia de Mendoza y los hace solidarios con ella, con sus luces y sus sombras; con sus proyectos y realizaciones; con sus miserias y debilidades. Como también la promesa de obediencia al obispo que harán en breves instantes no es una mera norma disciplinar u organizacional. Es la expresión espiritual y manifiesta de la disposición a una colaboración eficaz, leal y decidida con el Obispo para bien de todo el pueblo al que estamos destinados. Pidan, por tanto, queridos Gerardo y Andrés, la gracia de ser cada día más hombres de Iglesia, hombres de esta Iglesia mendocina, disponibles y obedientes a su Pastor para bien de todos los fieles…

Sin embargo tanto Jeremías, como Felipe y Pedro, han podido ir más allá de su pobreza para responder a la llamada del Señor porque han tenido una honda experiencia de encuentro con él. Fascinados por su Presencia y admirados de su grandeza han sido capaces de ir más allá de sí mismos. Es esta experiencia fundante que, como el
“tesoro escondido” o la “perla de gran valor”, los ha movido a dejar todo por él. Han experimentado que hay un Amor más grande por el que vale la pena vivir y morir. Porque de esto se trata: ellos se han sabido amados y llamados al amor. También Andrés y Gerardo han hecho esta experiencia: la vocación al amor, una llamada amante que llama para amar. De esta experiencia profunda y totalizadora es expresión la promesa de celibato que harán enseguida, conscientes de haber recibido esta singular llamada, tan poco comprendida y apreciada en nuestro tiempo y, sin embargo, tan fecunda y plenificadora para quienes nos reconocemos llamados por el Señor a esta singular forma de amar que es el celibato sacerdotal.

Queridos Andrés y Gerardo: en este día pidan al Señor la gracia de una amistad cada día más honda y comprometida con él. El es “Amigo que no falla”, que nos ha amado hasta el extremo y que espera de nosotros una respuesta equivalente.


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Algunas fotos de la celebración:
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