PAPA FRANCISCO: DEL ENTUSIASMO AL COMPROMISO - Mons. Carlos María Franzini

 

Se ha cumplido el primer aniversario de la elección del Papa Francisco como Obispo de Roma y Pastor Supremo de la Iglesia Católica. Esta fecha ha sido la oportunidad para que se ponga de manifiesto cuanto desde hace un año viene siendo motivo de constante y creciente admiración de muchos, no sólo dentro de los límites de la Iglesia. El carisma singular de este hombre llegado “del fin del mundo” ha provocado un inesperado y sorprendente liderazgo moral, en un tiempo marcado precisamente por la falta de líderes que conciten entusiasmo y adhesión por parte de las personas y los pueblos. Su figura, al mismo tiempo, pareciera favorecer un clima de renovada esperanza. A los argentinos, golpeados por tantos desencuentros, nos ha estimulado a valorarnos y a reconocer en la figura de Francisco a un compatriota que puede aportar mucho al tiempo presente, no sólo en la Patria sino también en el mundo. A los creyentes nos ha ayudado a afianzar la certeza de la centralidad de la dimensión religiosa en la vida personal y social y su innegable incidencia en el auténtico progreso de la condición humana. A los católicos, por fin, nos ha permitido recuperar la legítima alegría de ser hijos de la Iglesia que, a pesar de nuestros límites y miserias, sigue ofreciendo al mundo la belleza de su Evangelio y un camino cierto de felicidad y vida plena, encarnados en la persona y el ministerio de este Pastor bueno y cercano.

Tanto entusiasmo en torno a lo que se ha dado en llamar el “efecto Francisco”, nos invita, sin embargo, a una serena reflexión para evitar hacer una lectura superficial o frívola de este don que Dios ha hecho a nuestro tiempo con la llegada de Francisco. Siempre corremos el riesgo de banalizar aún las cosas más sublimes y, en el caso que nos ocupa, también podemos hacerlo. La importancia de Francisco no pasa por ser declarado “el hombre del año” por publicaciones como Time o Rolling Stones (y tantas otras en distintas partes del mundo); tampoco porque prestigiosas encuestas de opinión den cuenta de niveles de reconocimiento altísimos y poco frecuentes entre los actuales dirigentes; mucho menos porque sea asimilado a los “superhéroes” de las historietas o se compongan temas musicales en su honor… Ni siquiera su eventual candidatura al Premio Nobel de la Paz amerita esta consideración. En todo caso, todas éstas son manifestaciones de un fenómeno social nuevo e inesperado y de su repercusión en el mundo globalizado. ¡Bendito sea Dios si estas manifestaciones nos llevan a poner la mirada en lo esencial de este fenómeno, en lo que le da consistencia y sustancia!

Hablamos de un don de Dios, porque efectivamente de esto se trata. Francisco -como enseña el Evangelio- es un “simple servidor”. Quien importa es el Señor a quien sirve y por quien vive, cuyo Mensaje encarna y propone con sencillez y convicción testimonial. El mismo Papa nos ha advertido sobre el peligro de lo que en alguna época se llamó la “papolatría” y ha rechazado una desmedida atención a su persona. Sería entender muy mal la propuesta de Francisco si nos quedáramos en él; se trata de ir más allá y descubrir a Quien él nos está anunciando. Para quienes somos creyentes esto debiera ser evidente pero, reconozcámoslo con humildad, podemos quedarnos a mitad de camino. Tan cautivados con su figura que no nos abrimos a su propuesta. Para quienes no son creyentes o no comparten nuestra fe, en todo caso la figura de Francisco es una invitación a cuestionarse y dejarse interpelar: ¿quién es el que lo motiva y da sentido a su vida y a su ministerio?

Pero, más aún, estaríamos frustrando este tiempo tan cargado de esperanza si el entusiasmo que provoca la figura de Francisco no se transformara en compromiso concreto y eficaz por traducir en opciones y estilos de vida su mensaje claro y directo. Y en esto nos encontramos todos, grandes y poderosos, pequeños y simples ciudadanos. En primer lugar quienes formamos la Iglesia, asumiendo su invitación a “salir”, a descentrarnos y a ponernos en una auténtica actitud de discípulos misioneros de Jesús y su Evangelio. En la vida personal y familiar, en la actividad laboral y profesional, en la escuela y el taller, en el barrio y en la sociedad, en el compromiso social y político; en fin, en toda realidad en la que desarrollamos nuestra vida es necesario acoger la constante invitación del Papa a la “conversión pastoral”; esto es, una vuelta al Evangelio para vivirlo de manera más convencida y contagiosa. A los líderes sociales, políticos, culturales la figura del Francisco les estimula a revisar dónde está la fuente del propio liderazgo y el sustento de su fuerza. No alcanza con “peregrinar” al Vaticano y sacarse la foto con el Papa para asimilar su mensaje o imitar su liderazgo. Hay que mirar su manera de ejercerlo e intentar, cada uno a su modo y según su propio estilo, llevarlo a la práctica. Cuando el Papa enseña que el “verdadero poder es el servicio” está proponiendo todo un programa de vida y de gestión. Tampoco es suficiente tener su foto en casa o en el llavero si no intentamos acoger en el corazón su mensaje y su testimonio, que nos habla de Jesucristo, de su humildad y su misericordia, de su cercanía a los pobres, de diálogo, de respeto por quien piensa distinto, de perdón, de paz. A todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a quienes cautiva con su sencillez y cercanía, les está proponiendo un modo simple y concreto de vivir la vida con dignidad y alegría, al servicio de los demás, como camino a la auténtica felicidad.

De manera particular a los mendocinos nos ha alegrado que el Papa Francisco haya querido hacerse presente en la Fiesta de la Vendimia por medio de un mensaje y una bendición. ¿Sabremos asimilar su invitación a trabajar juntos por una Mendoza, más equitativa y solidaria, más pacífica y dialogante, más segura y respetuosa de sus genuinas tradiciones?

Finalmente, no está de más recordar en este contexto de entusiasmo y reconocimiento que Francisco es servidor de un Señor que, tras ser aplaudido y buscado por multitudes, fue rechazado y condenado por esas mismas multitudes, olvidado y traicionado por quienes eran sus amigos, sólo acompañado por unos pocos fieles hasta el fin… Y como el mismo Jesús advirtió, “…el servidor no es más grande que su señor. Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes, si fueron fieles a mi palabra, también serán fieles a la de ustedes. Pero los tratarán así a causa de mi Nombre, porque no conocen al que me envió…” (Jn 15, 20-21)

Que Dios nos regale a todos, creyentes y no creyentes, la sabiduría necesaria para apreciar y disfrutar el “regalo” del ministerio del Papa Francisco. Pero también que no nos falte la madura responsabilidad que nos mueva a transformar tanto entusiasmo en un renovado compromiso por vivir los valores que él constantemente nos propone con sus gestos y su palabra.

+ Carlos María Franzini
Arzobispo de Mendoza