Esperando Frutos de la Vª Conferencia

 

Por José María Arancibia. Arzobispo de Mendoza

Con unas líneas comparto desde Aparecida (Brasil), la experiencia de estos últimos días, participando de la 5ª Conferencia del Episcopado de América Latina y el Caribe.

Los trabajos han seguido adelante, cada jornada, con intensidad y constancia. La realidad de nuestros pueblos, mirada a la luz del Evangelio, nos ha golpeado y desafiado. Como solemos decir: procuramos tener un oído puesto en el pueblo y otro en la Palabra de Dios.

Esto provoca sin duda un doble sentimiento en el corazón del pastor. De una parte el dolor y la preocupación por tantos graves y serios problemas de su gente. De otra, el gozo de acercarnos a ellos, y de reavivar la alegría de ofrecerles el Evangelio de la salvación, que es siempre una buena noticia.

La tarea de estos días, ha sido pensar las respuestas pastorales que esas urgencias requieren. En cierto modo, ya nos sentimos intentando esas respuestas, a la luz de la Palabra siempre más escuchada, e impulsado por la Iglesia que nos invita a una evangelización nueva, en ardor, métodos y expresión.

Sin embargo, la mirada sobre la realidad, incluso eclesial, suscita una saludable autocrítica. Tenemos el gozo de ser discípulos misioneros de Jesucristo, por la fe y el bautismo. No obstante, reconocemos motivos para ser cuestionados en convicciones cristianas, actitudes evangélicas, y osadía misionera.

Alguien ha entendido esta inquietud, como un afán de reconquista, por los católicos que han dejado la Iglesia. Yo la percibo más bien, como un deseo de ser más fieles al llamado y envío del Evangelio: “Vayan y hagan discípulos a todos”. Mandato que intentamos cumplir con todo respeto por las decisiones de conciencia de todos.

Por tanto, sin perturbar, juzgar ni molestar a nadie. Sólo que, quienes tenemos el corazón adherido a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, no podemos dejar de experimentar y atestiguar, que en Él la vida entera se transforma y enriquece.

Del camino hecho en esta semana, destaco el diálogo y confrontación desde realidades culturales y eclesiales bastante distintas.

Muchas cosas unen a los pastores y laicos en esta asamblea. Pero las vivencias e intentos de cada persona y grupo, tiene también muchas diferencias.

Por ello, valoro el trabajo realizado, como un auténtico ejercicio de encuentro fraterno, hecho con respeto y afecto, y al mismo tiempo desde concepciones y criterios en parte divergentes.

Esas diferencias compartidas, bien llevadas, resultan un valioso aporte de unos para con otros, así como un progreso en la búsqueda del servicio que la gente necesita. Contando con que así se aprende y se crece compartiendo, y hasta se practica la corrección fraterna.

Quisiera que al final pudiéramos ofrecer a las comunidades católicas, orientaciones pastorales actualizadas y prácticas. Dios nos ayude, y para ello rezo intensamente en este Pentecostés.

El primer borrador preparado, tiene que madurar en los próximas jornadas. Aunque estoy seguro, que antes debemos agradecerles su esforzada vida cristiana, y su participación en tantas acciones pastorales.

Así como alentar y apoyar la presencia de muchos laicos en el mundo, que ya dan testimonio del Reino, y se esfuerzan por hacerlo crecer entre duras realidades temporales.

Ojalá que la oración, diálogo y búsqueda compartida de estos días, sean un estímulo para todos, y que luego las conclusiones provoquen un decidido y nuevo impulso misionero.

No puedo dejar de mencionar de nuevo, lo hermoso que ha sido compartir la oración de estos días, entre los participantes de la Conferencia, y con los peregrinos en Aparecida.

Aquí se percibe toda la fuerza de las religiosidad popular católica del pueblo brasileño, que con sencillez encuentra en María un signo de esperanza y del amor misericordioso de Dios.

Cada fin de semana, pasan más de cien mil personas, y con ellas hemos tenido el gozo de compartir la liturgia, e intercambiar saludos afectuosos y bendiciones.

Hemos unido plegarias y cantos en portugués y español, con algunas oraciones en inglés y francés, en atención a los países que hablan esas lenguas.

Estoy admirado por la atención ejemplar que ofrecen los padres redentoristas en este santuario, con medios tradicionales y modernos. Con esa ayuda, las expresiones de piedad podrán sostener y madurar la fe religiosa, así como dar frutos para una vida comprometida en obras de amor, servicio y solidaridad.

En estos encuentros de oración, he tenido en cuenta todas las necesidades sociales, económicas y religiosas de Mendoza, y las he confiado a Dios y a su bendita Madre.

Mientras imploro la bendición para todos, les pido una súplica para que con la ayuda del Señor podamos alcanzar los fines de este encuentro pastoral.

Aparecida, 27 de mayo del 2007