BENDICION DE LOS FRUTOS 2014 - HOMILÍA DE MONS. FRANZINI

 

“La celebración de todas las cosechas”, es el nombre de esta festividad que marca el inicio de la fiesta máxima de los mendocinos, organizado por el Ministerio de Cultura. Con el libreto de Gloria Bratschi y la Dirección General de Alejandro Scarpetta, se rindió homenaje a todos los hombres y mujeres que son protagonistas sustanciales del trabajo vitivinícola. La cita fue el domingo 2 de marzo, en el Prado Gaucho, a las 21.30hs.

El eje central de la Bendición, como cada año, es la presencia de nuestra Virgen de la Carrodilla, coronada en 1938 como la “Patrona Celestial” de los viñedos. Desde entonces, protege siempre el laborioso espíritu de esta provincia, sus siembras, sus frutos. Se destacó en este comienzo de los actos vendimiales, el esfuerzo de cada habitante de nuestra provincia, que es fruto de la continua perseverancia de una Mendoza productiva, basada en la cultura del trabajo.

Este acto consta de tres momentos importantes: el primero netamente protocolar, donde se da la bienvenida a autoridades, candidatas al cetro nacional, y al público en general.
El segundo momento, el litúrgico, donde nuestro Arzobispo bendice los frutos nuevos e implora la protección maternal de María, bajo la advocación de Virgen de la Carrodilla.
Luego tiene lugar la parte artística, durante la cual se rinde homenaje al cosechador y al inicio de todas las cosechas.

Este año hasta el Papa Francisco se hizo presente a través de una carta enviada y leída en la que transmitió su afectuoso saludo “a quienes dirigen a Dios las gracias por tantos bienes concedidos, por su divina bondad”. Además pidió acoger a los hermanos más necesitados y por la construcción de un mundo más solidario y fraterno.


Dejamos a continuación la homilía pronunciada por nuestro Arzobispo:

“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos”
(Homilía de Mons. Carlos María Franzini, Arzobispo de Mendoza,
en la bendición de los frutos, Vendimia 2014)


Texto proclamado: Jn 15, 1-14

Queridos hermanos:

Pocos textos del evangelio resuenan de manera tan concreta en el alma creyente de los mendocinos como la página que se ha proclamado, en la que Jesús se presenta a sí mismo como la vid verdadera.

Nosotros no necesitamos que se nos explique demasiado el vínculo profundo y vital que existe entre la vid y los sarmientos, la necesidad esencial del agua para la vida de los viñedos, el cuidado exquisito que necesita la planta para crecer y dar fruto, la conveniencia de podas oportunas que le dan vigor y le aseguran frutos sabrosos y abundantes.

Iluminados por esta página evangélica los mendocinos podemos comprender perfectamente lo que Jesús quiere proponernos con esta alegoría: si no permanecemos con Jesús y en Jesús no podemos dar fruto; más aún, no podemos subsistir porque somos como el sarmiento que se tira y se seca.

Mis queridos hermanos: al renovar una vez más esta significativa expresión de fe que es la bendición de los frutos, al iniciar la Vendimia 2014, la Palabra de Dios nos regala esta invitación de Jesús: permanecer en Él, ya que sin Él no podemos nada.

Esta convicción de fe, que recibimos de nuestros mayores, se ha plasmado en el alma mendocina –entre otras formas- en el rito de la bendición de los frutos. Se trata de una expresión más de las muchas que marcan la cultura mendocina, innegablemente religiosa. Por ello si no queremos traicionar nuestra historia y los valores culturales que ha ido gestando, hemos de rescatar, valorar y promover toda genuina expresión de la fe que acompaña a los mendocinos desde los inicios de su historia. La fe, cuando es bien vivida, plenifica a la persona y ennoblece la convivencia ciudadana, da fundamento auténtico a los vínculos sociales y estimula el compromiso de todos por el bien común.

Por ello no hemos de temer a la fe del pueblo, a sus expresiones auténticas y a sus signos públicos. Es responsabilidad de los creyentes honrar la propia fe con una vida coherente, en el respeto a la diversidad y en la defensa humilde pero firme de las propias convicciones. Y es deber de todos, en primer lugar de las autoridades públicas, velar porque la dimensión religiosa de los ciudadanos sea respetada en su esfera íntima y en su necesaria expresión social, sea promovida y apreciada, aún por quienes no la comparten.

Por su parte, los creyentes honrarán su fe trabajando con honestidad, empeño y espíritu emprendedor; generando condiciones de trabajo dignas para todos y procurando que a nadie falte la posibilidad de un trabajo estable y creativo. Para quienes nos inspiramos en la Biblia el trabajo no es sólo un medio de subsistencia o de generación de riquezas. Es mucho más que eso. Es un camino determinante de la realización personal y de la construcción de una vida social intensa y fecunda. Este el sentido de las palabras con las que el Papa Francisco ha querido acompañarnos en su bendición.

Y por ello bendecimos los frutos: queremos poner a Jesús de manera explícita en medio de esta actividad básica y determinante de la vida mendocina que es la vendimia. Pero queremos que esta presencia religiosa acompañe toda nuestra vida personal y social. Lo hacemos, como siempre lo hace la fe católica, de la mano de María que hoy y siempre nos dice, como en Caná: hagan todo lo que él les diga. A la Virgen de la Carrodilla, Patrona de los viñedos, le pedimos que nos ampare, nos renueve en la esperanza y nos ayude a construir vínculos profundos y estables con su Hijo Jesús y entre nosotros para avanzar en una auténtica fraternidad. Esto es todo lo que pedimos.

Junto a los hermanos creyentes de distintas denominaciones queremos ofrecer a la vida mendocina el aporte humilde pero convencido de que la dimensión religiosa nos ayuda a todos a ser mejores y así -juntos- podremos edificar una sociedad más fraterna y equitativa, más segura e incluyente, en la que nadie queda excluido de la fiesta de la vida, de la alegría y de la esperanza.

Fotos de la celebración:

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