Desde Aparecida Compartiendo Trabajos y Oración

 

Por José María Arancibia, Arzobispo de Mendoza

Muchas son las noticias que parten desde Aparecida, informando sobre esta 5ª Conferencia del Episcopado.

Cada día veo a numerosos periodistas haciendo notas, y a la misma oficina de prensa ofreciendo datos y opiniones.

Pienso que quienes se interesan, tendrán suficiente información a través de los diversos medios. Quiero, sin embargo, ofrecer un testimonio personal sobre nuestras tareas y ocupaciones, sobre todo para compartir con la comunidad católica de Mendoza esta importante experiencia de Iglesia.

Pienso que las tareas de esta semana, han completado una primera etapa del encuentro programado. Además de los aspectos organizativos, el trabajo estuvo centrado en la realidad del mundo y de la Iglesia.

Se puede llamar: una mirada de discípulos y de pastores sobre las principales cuestiones actuales, reconocidas como un desafío para este tiempo y para nuestra misión.

No ha pretendido ser un análisis exhaustivo, ni profesional, pero considero que ha sido muy útil e interesante.

¿Cuáles han sido las fuentes? En primer lugar el mismo documento de síntesis, ya conocido desde hace meses, y que reúne los aportes recogidos durante la preparación. Luego, una presentación breve de los presidentes de las Conferencias de cada país, hecha aquí, personalmente por ellos mismos.

Finalmente el diálogo sereno en grupos de trabajo, formados por todos los participantes, e integrando personas de los distintos países.

En esta mirada se han tenido en cuenta los diversos aspectos de la situación: culturales, sociales, políticos, económicos y eclesiales.

En un “cambio de época”, como muchos llaman con razón, me ha impresionado la preocupación persistente por la dignidad y la vida humana, lesionada y amenazada de tantas formas; por la desintegración de la familia, y aún de la convivencia social; la crisis de valores humanos y morales; la globalización que favorece un crecimiento muy desparejo, en perjuicio de los pobres que no logran superar su condición.

La inequidad social, por tanto, ha sido resaltada y lamentada de manera reiterada, a pesar del progreso notable de algunos países.

Percibo en el diálogo una grave inquietud por la crisis de las instituciones, el descrédito de la acción política, y el avance de una cultura individualista y consumista.

Varios países destacan su preocupación por el medio ambiente, el fenómeno masivo de las migraciones, y la mayor atención debida a los pueblos indígenas.

Al compartir con los obispos estas preocupaciones, me siento entre hermanos que conocen y quieren a su gente; que se duelen con sus sufrimientos, y que buscan compartir su camino en busca de una vida mejor.

La realidad mirada de esta forma, se convierte pues en un reto para nuestra vocación y misión de pastores. Por eso mismo, la actual vida de la Iglesia, también ha sido analizada con ansias de verdad.

Como sabemos hacer en nuestras comunidades, aquí nos hemos entrenado en un discernimiento acerca de las fortalezas y debilidades de la Iglesia, desde el tema de esta Conferencia. Por tanto, nos preguntamos: ¿de qué manera hemos de ser discípulos y misioneros de Cristo, para que nuestros pueblos tenga vida plena?

Compruebo que las Iglesias de América valoran y agradecen a Dios el proceso de renovación iniciado ya muchos años atrás, a partir del Concilio Vaticano.

Pastores, consagrados y fieles laicos, coincidimos en reconocer un mayor aprecio por la Palabra de Dios, un estilo nuevo de actividad pastoral, la mayor presencia de los laicos, y una liturgia más participativa.

No obstante, me ha conmovido la reconocida necesidad de vivir una fe más profunda, formada y comprometida con los desafíos actuales. Así como el deseo franco de una mayor fidelidad a las condiciones que el Evangelio propone para los verdaderos discípulos, amigos y seguidores de Jesús, a quienes Él quiere enviar al mundo.

Voy constatando así, la preocupación general por despertar y avivar un auténtico sentido misionero, que impregne la educación y la acción de todas las vocaciones en la Iglesia Católica.

El recuerdo de muchos que se fueron de nuestro seno, como de tantos que no viven con alegría y frutos la fe cristiana, me cuestiona más aún en este contexto de diálogo fraternal.

Para terminar, quiero mencionar la dimensión orante y celebrativa de esta Conferencia. He confesado que vine a Aparecida como peregrino, y estos días me han confirmado en tal condición.

Obispos, sacerdotes y laicos, estamos aquí como instrumentos del Reino de Dios, elegidos gratuitamente por Él.

Ha querido valerse de instrumentos humanos, pero en la medida que éstos sepan ser amigos confiados de Jesús y servidores fieles, contentos de vivir y cumplir su Palabra. Por eso pedimos oraciones. Por eso dedicamos cada día largos y serenos momentos a la oración.

Me ha impresionado cada mañana la Eucaristía celebrada en la moderna y grandiosa basílica, dedicada a María Inmaculada Aparecida.

Grupos de peregrinos nos acompañan diariamente, y en mayor número durante el fin de semana. La liturgia ha sido preparada con mucho cuidado por equipos del Brasil, que nos hacen gustar de sus bellos cantos, melodiosos y rítmicos.

Gran parte de los textos son recitados o cantados en portugués, en atención a los fieles, de modo que nos obligamos así a intercambiar idiomas y formas culturales.

No falta en cada misa la homilía, con la exhortación fraterna que brota de la Palabra, como así también en las vísperas, celebradas cada tarde en la sala de trabajo, situada en el subsuelo de la Basílica.

El tiempo litúrgico nos ofrece textos bíblicos muy apropiados, para vivir entre nosotros la experiencia del Señor resucitado, que en su despedida ofrece el don del Espíritu, para renovar la fuerza y la alegría de sus discípulos y enviados.

Espero de corazón que muchos católicos de Mendoza, y de otras tierras, nos acompañen, no sólo deseando unas buenas orientaciones de esta Conferencia, sino unidos desde ya en la súplica humilde y confiada, para llegar a ser mejores creyentes y servidores, con la gracia de Dios.

19 de mayo del 2007