SERGIO BUENANUEVA Y UNA MIRADA MÁS AMPLIA SOBRE LOS SAQUEOS

 

El ex obispo auxiliar de Mendoza y ahora obispo en Córdoba habló sobre los motivos de los disturbios. Falta de proyectos de vida, exclusión y narcotráfico.

por MDZ Sociedad
10 de Diciembre de 2013 | 06:00


La situación se tensa cada vez más en el país, debido especialmente a los acuartelamientos y reclamos salariales de los policías, que han derivado en saqueos en varias provincias e incluso muertos.

Si bien cada año, especialmente luego del 2001, la llegada de diciembre hace reflotar reclamos salariales y se generan algunos disturbios que no terminan siendo saqueos, la virulencia con la que ha comenzado el último mes del 2013 no puede explicarse con sencillez.

Son varios los factores que han intervenido para que la situación llegue a lo que es hoy, pero hasta el momento son pocos los que pueden elaborar una análisis aproximado que pueda explicar lo que sucede.

Sergio Buenanueva, obispo de la localidad cordobesa de San Francisco y ex obispo auxiliar de Mendoza, dialogó con MDZ Online sobre los saqueos que se han producido en los últimos días, y los atribuye a varios factores, pero hace hincapié en la carencia de reglas, la falta de proyectos de vida, la exclusión y el narcotráfico.

¿Cuál es su visión sobre lo que está sucediendo en el país?

Me parece que es una conjunción de causas. Yo no termino de ver claro, y no sé quién puede, quién tiene más dato de las distintas realidades, pero creo que, junto con el reclamo legítimo de incremento salarial de la policía, hay elementos políticos y socioeconómicos que revelan un deterioro de la sociedad muy profunda, que no es solamente la pobreza, es ya la exclusión y una carencia absoluta de reglas. Los hechos en Córdoba han producido una tristeza muy grande, lo que hemos visto todos, personas que perdían en un instante el trabajo de años y esa especie de descontrol, de pérdida de reglas de convivencia, eso es lo que llama la atención, y creo que tiene elementos sociales, económicos, políticos, que no sabría a decir hasta qué punto, y un componente espiritual, humano, que al menos desde la Iglesia nos preocupa.

Hay quienes pretenden comparar este fin de año de 2013 con el del 2001 y hay quienes lo analizan de otra manera, ¿cómo lo ve usted?

No, yo no creo que sea comparable, aquello era distinto, pero revela a la Argentina diez años después, con un deterioro humano moral y de reglas de convivencia que es un problema que se refleja en muchos aspectos. Nosotros este fin de semana promovimos una jornada de oración y ayuno por el drama de la droga y el narcotráfico, como un indicador, sobre todo el mundo de las adicciones y el delito del narcotráfico, que suponen un deterioro muy grande del alma de la gente, del pueblo, de la convivencia. Estos otros hechos también revelan una convivencia donde el individualismo es muy fuerte. No creo que haya puntos de comparación con aquellos hechos de violencia, aquello era otra cosa.

Está oponiendo dos causas, por un lado, la carencia de recursos para cubrir las necesidades básicas y por otro la carencia de reglas de convivencia. Respecto de este último caso, ¿es peor la situación que si los disturbios se produjeran por falta de recursos?

Se potencian, las dos cosas son muy graves, lo que yo he escuchado, incluso hablando con los obispos de la ciudades donde se han dado los saqueos, es que la gente no ha ido por hambre, no ha ido por satisfacer una necesidad, como en los saqueos del 89 o del 2001, acá ya es un vandalismo y un pillaje del vale todo. La ciudad está sin seguridad, entonces carguemos con lo que podamos. Creo que refleja la exclusión, como recién decía, no sólo la pobreza. En las grandes ciudades del interior, como córdoba, también Mendoza y no hablemos de Buenos Aires y el conurbano, no es solamente el fenómeno de la pobreza, hay sectores cada vez más vastos de personas excluidas, de jóvenes que no entran en el sistema. En nuestras grandes ciudades conviven sectores que parecen del primer mundo, con desarrollo tecnológico y con medios superabundantes, y barrios donde la gente sobrevive, donde la migración del campo hacia las ciudades sigue siendo muy fuerte, y a ese mundo de exclusión se le une también este deterioro de las reglas de convivencia, de valores humanos que nos está costando transmitir y en los cuales educar a las nuevas generaciones. La Iglesia es sensible a los dos aspectos, pero en esto es particularmente sensible por nuestra misión religiosa.

Hasta ahora habló de la reacción de la gente que salió a robar, pero también está la otra reacción notoria, que es la de quienes no salieron a robar pero que fueron capaces de golpear en la calle a quienes estaban robando.

Bueno, creo que eso muestra que así como hay sectores excluidos, hay personas dispuestas a defender lo que tienen. No voy a usar aquella expresión que usó Lanata de la Argentina fragmentada, pero hay sectores entre los cuales hay un foso que no puede colmar la distancia. La cosa es muy preocupante, pero también quisiera añadir que hay signos, porque aquellas noches de furia, al menos aquí en Córdoba, así como había gente que robaba y gente que salía con palos y dispuesta de cualquier manera a defender sus cosas, también había gente que salió a ayudar. Eso a mí me conmovió profundamente. Escuchaba por la radio a algunos chicos que eran de una iglesia, no sé si católicos o evangélicos, para el caso no importa, que al ver esta situación salieron a limpiar, a ayudar a quien había sido damnificado. Me parece que, sin minimizar la gravedad de la situación, la exclusión y los sectores que apelan a una defensa a ultranza y que se dejan tomar por este clima de enfrentamiento, y que para unos son el “robo porque me falta” y para otros los “negros de ‘eme’ a los que hay que reprimir”, hay sectores que tienen otra respuesta, y me parece que también hay que rescatarlos.

Hizo una relación entre la situación social y el narcotráfico. Daniel Arroyo, que fue funcionario de Kirchner, hace unos días también ligó ambos temas en una entrevista por televisión.

Yo no quiero decir que quienes salieron lo hicieron movidos por la droga, pero creo que el fenómeno de las adicciones, del que la droga es tal vez el más fuerte pero no es el único, se hace fuerte en una sociedad en la que está instalada la desilusión frente a la vida, la carencia de valores que le den sentido a la vida y el gusto por la vida, y me parece que este el fenómeno de deterioro de fondo que está detrás de esta falta de reglas de convivencia o vale todo, esta incapacidad que tenemos de convivir en un poco más de paz. Esto lo decíamos en el documento sobre la droga, en el segundo o tercer párrafo, que la droga se hace fuerte donde las personas no logran madurar un proyecto de vida, un proyecto que les dé gusto por la vida, no ese vacío existencial.

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