RESTAURARON UN ÓRGANO DE MÁS DE CIEN AÑOS EN LA MERCED

 

Martes 22 Oct 2013

Mendoza (AICA):
Hace tres años, dos reconocidos organeros aceptaron el desafío de restaurar un órgano que tiene más de cien años. Durante muchos años el noble instrumento llenó de música el sagrado recinto de la bella iglesia mercedaria. Sin embargo, el paso del tiempo lo fue deteriorando y un buen día se llamó a silencio y así permaneció durante poco más de 50 años, hasta que el pasado 24 de septiembre recuperó su musical voz y sus notas volvieron a acompañar la oración de los fieles. El prof. Enrique Rimoldi y el Ing. Jorge Franco, de Buenos Aires, fueron los responsables de que la centenaria pieza volviera a sonar.


Hace tres años, dos reconocidos organeros aceptaron el desafío de restaurar un órgano que tiene más de cien años. El instrumento fue enviado desde una basílica de Córdoba en concepto de regalo de esa provincia, con el propósito de contribuir a dar solemnidad al culto en la iglesia de Nuestra Señora de la Merced de Mendoza, que se había reconstruido e inaugurado en 1909 tras su destrucción por el terremoto de 1861.

Durante muchos años el noble instrumento llenó de música el sagrado recinto de la bella iglesia mercedaria. Sin embargo, el paso del tiempo lo fue deteriorando y un buen día se llamó a silencio y así permaneció durante poco más de 50 años, hasta que el pasado 24 de septiembre recuperó su musical voz y sus notas volvieron a acompañar la oración de los fieles.

El profesor Enrique Gabriel Rimoldi y el ingeniero Jorge Luis Franco, de Buenos Aires, fueron los responsables de que la centenaria pieza volviera a sonar. Los trabajos de restauración, que se iniciaron hace tres años, fueron encargados por el padre Carlos María Diez, de la Orden de la Merced.

La recomposición de la pieza guarda una particularidad. Se le efectuó una ampliación y una mejora con mayores recursos musicales para que esté en condiciones de ejercer su función en la liturgia, y para que pueda utilizarse en conciertos y en clases con alumnos y también quedó preparado para una posible proyección cultural internacional.

Este es un órgano con tubos de origen alemán, fabricado a finales del siglo XIX y principios del XX en Rosario. “Es un instrumento que tenía cinco registros, ahora tiene 16 filas de tubos. Además, se lo dotó de un teclado más y de una pedalera con treinta notas, mientras que la original tenía 15”, explicó Rimoldi.

El lutier, que trabaja en esta profesión desde hace 50 años, explicó que el trabajo de restauración se inició hace tres años pero fue discontinuo. Además, el proceso de recuperación se demoró porque hubo que diseñar y construir prácticamente el 90 por ciento del órgano para poder ampliarlo y mejorarlo.

El 24 de septiembre, a las 21, y como celebración de la fiesta de Nuestra Señora de la Merced, el órgano revivió al contacto de los dedos del maestro Mario Masera, profesor titular de la cátedra de órgano de la Facultad de Artes y Diseño de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo). “Este órgano es muy importante para la Iglesia y como concertista de órgano, me parece muy significativo para la cultura de Mendoza. Vamos a poder hacer conciertos con esta pieza y hacer combinaciones con coros y canto. Si no se toca, la música queda muerta”, manifestó Masera.

Pero esta no es la primera vez que el profesor Masera ejecuta en un órgano legendario, ya que demostró su maestría en San Juan, Córdoba, Buenos Aires. En mayo de este año tocó en un festival internacional en Roma y, luego, ofreció un concierto en un órgano histórico del siglo XVIII en Venecia.

Ahora este órgano, que cuenta con más de cien años de historia, llena de música nuevamente el templo ubicado en la calle Montecaseros 1647 de la capital mendocina.

Durante la inauguración del 24 de septiembre, se celebró un concierto en homenaje al 50º aniversario del fallecimiento de Julio Perceval, fundador de la Escuela de Música de Mendoza.

Participaron en el concierto el Coro de Cámara de la Universidad Nacional de Cuyo, fundado por el mismo Perceval, la Coral Víctor Volpe, Fernando Ballesteros a cargo de la dirección y los directores y músicos Mario Masera, Jorge Federico López y Víctor Armendáriz.

El viernes 27 se pudo escuchar la misa de Haydn para Coro y Órgano a cargo del coro de la UNCuyo, dirigido por Silvana Vallesi, acompañados por el organista Enrique Rimoldi, quien interpretó una primera parte como solista.

Numerosos medios gráficos y televisivos mendocinos dieron amplia difusión a este logro.

El éxito alcanzado con la reconstrucción del órgano de La Merced animó a esta conocida casa de instrumentos litúrgicos a iniciar la construcción de distintos modelos de órganos de tubos, sabiendo ahora que esto es posible en la Argentina.

Los responsables de que la centenaria pieza volviera a funcionar fueron el profesor Enrique Rimoldi y el ingeniero Jorge Franco (franjojorgeluis@speedy.com.ar), sitio web: www.casafranco.com.ar; tel. cel. (011) 15.6813-9034.


La Virgen de la Merced de Mendoza

La llegada de los mercedarios a estas tierras data de la fundación, en 1594, del convento Santa Catalina virgen y mártir, sobre la calle Montecaseros de la ciudad de Mendoza, por el mercedario chileno fray Rodrigo Gonzalo de Carvajal.

El espantoso terremoto que redujo a ruinas la ciudad de Mendoza el 20 de marzo de 1861, causó dos víctimas en la comunidad mercedaria. Una fue el padre fray Miguel Guiraldez y la otra el hermano fray Victoriano Salinas.

En este suceso lamentable, ya por las víctimas humanas como por las pérdidas materiales, ocurrió un caso que se puede calificar de prodigioso.

En medio del desplome y ruina general en que el sismo convirtió a la antigua iglesia de la Merced, las crónicas relatan que la imagen de Nuestra Madre, como la llaman los mercedarios, una imagen de vestir, blanca como la nieve, permaneció en pie y fija en el mismo lugar en el que era venerada por los fieles desde hacía tres siglos.

No sin graves dificultades y sí con inminente peligro, trepando por entre escombros y saltando sobre enormes trozos de murallas, consiguió el chileno José Dolores Fermondi llegar hasta donde estaba la sagrada imagen. Con gran emoción y con profunda veneración la tomó por la cintura y la bajó entre nuevos sacudimientos y desplomes.

La multitud que se había agolpado al anoticiarse del suceso, presenció la maniobra y en medio de suspiros y lágrimas adoptó a la Virgen de la Merced como madre y protectora.

La imagen es la misma que hoy preside, desde su primitivo sitial, la comunidad de devotos que ruegan su maternal intercesión ante su divino Hijo por la paz y la unidad del pueblo mendocino.