El Año de la Fe. La fe de la Iglesia. Catequesis del Papa Francisco, 18 de septiembre de 2013

 

La Iglesia como ‘madre’

Hace ya varios años, el Papa Juan XXIII nos brindó una bella Encíclica sobre la Iglesia como “Madre y Maestra” (‘Mater et Magistra’). Esta último miércoles el Papa actual nos ofrece el tema de la ‘Iglesia como madre’ y da las siguientes respuestas a la pregunta:

¿Qué hace una madre con sus hijos?
- los cuida con ternura, afecto y amor
- les enseña a caminar rectamente por la vida
- los acompaña y orienta, aun siendo adultos
- los ayuda y protege
- derrama sobre ellos compasiva misericordia
- los perdona
- ora por ellos los confía a Dios
- sufre con ellos
- es providente ante sus necesidades

¿Y por qué todo esto?
Porque sus hijos son ‘carne de carne’.

En una ocasión, ante la muerte de su hijo una madre me manifestó: ‘Mi pena es tremenda. Es como si te arrancaran un pedazo de tu carne…’

Esta breve catequesis del Papa Francisco, nos brinda amplia gama de colores para definir a la Iglesia como ‘madre’…

Fray Héctor Muñoz op.


Texto completo de las palabras del Papa en español:

Queridos hermanos y hermanas:

Retomo de nuevo hoy la imagen de la Iglesia como madre a partir de lo que hace una mamá por sus hijos. En primer lugar, ella con ternura, afecto y amor les enseña a caminar por el sendero de la vida y sabe orientarlos cuando se desvían del camino. De igual forma, la Iglesia enseña la senda de la vida a través de los mandamientos, que son una invitación a no hacer ídolos materiales, a recordar a Dios, a tener respeto por los padres, a ser honestos, a estar cerca del prójimo… En segundo lugar, una mamá, a pesar de que sus hijos se hacen adultos, los acompaña en el camino, y aunque éstos se equivoquen, los comprende, protege y ayuda. Así es la Iglesia, una madre misericordiosa, que busca ayudar y nunca cierra las puertas de su casa, sino que ofrece siempre su amor e invita a retomar el camino a quien lo ha perdido. Por último, una mamá reza y confía sus hijos a Dios, en particular a los más débiles o necesitados. Lo mismo hace la Iglesia poniendo en las manos del Señor todas las situaciones de sus hijos; los confía a la fuerza de la oración, en la que Dios no permanece indiferente. Él sabe siempre sorprendernos. La Madre Iglesia es consciente de ello.

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Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Colombia, Venezuela, Argentina, México y los demás países latinoamericanos. Invito a todos a ver la Iglesia como la mamá que indica el camino, que es paciente, misericordiosa, comprensiva y sabe poner a todos en las manos de Dios. Muchas gracias.


Catequesis en italiano del Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy vuelvo a la imagen de la Iglesia como madre. Me gusta mucho esta imagen de la Iglesia como madre. Es por eso que he querido volver a ella, porque me parece que esta imagen nos dice no sólo cómo es la Iglesia, sino también cuál es el rostro que debería tener cada vez más la Iglesia, nuestra Madre Iglesia.

Permítanme destacar tres cosas, siempre viendo a nuestras madres, a todo lo que hacen, cómo viven, lo que sufren por sus hijos, continuando con lo que dije el miércoles pasado. Me pregunto: ¿qué hace una madre?

1. En primer lugar, nos enseña a caminar por la vida, nos enseña a ir bien por la vida, sabe cómo orientar a los niños, busca siempre de mostrar el camino correcto en la vida para crecer y convertirse en adultos. Y lo hace con cariño, siempre con amor, incluso cuando trata de enderezar nuestro camino porque nos desviamos un poco en la vida o tomamos rumbos que conducen hacia un acantilado. Una madre sabe lo que es importante para que un niño camine bien en la vida, y no lo ha aprendido de los libros, sino que lo aprendió del propio corazón. ¡La Universidad de las madres es su propio corazón! Allí aprenden cómo sacar adelante a sus propios hijos.

La Iglesia hace lo mismo: orienta nuestra vida, nos da lecciones para caminar bien. Pensemos en los Diez Mandamientos: nos indican un camino que es necesario recorrer, para madurar, tener algunos puntos fijos en la forma en que nos comportamos. Y son el resultado de la ternura, del amor mismo de Dios, que nos lo ha donado. Ustedes me pueden decir: ¡pero son mandatos! Son un conjunto de ¡"no"!

Me gustaría invitarlos a leerlos --tal vez los han olvidado un poco--, y luego pensarlos en positivo. Verán que se relacionan con la forma en que nos comportamos en relación a Dios, con nosotros mismos y con los demás, justamente lo que nos enseña una madre para vivir bien. Nos invitan a no hacernos ídolos materiales que luego nos esclavizan, a recordarnos de Dios, a respetar a los padres, a ser honestos, a respetarnos unos a otros... Traten de verlos así, y considerarlos como si fueran las palabras, las enseñanzas que da la madre para ir bien en la vida. Una madre nunca enseña lo que es malo, lo único que quiere es el bien de los hijos, y así también lo hace la Iglesia.

2. Me gustaría decirles una segunda cosa: cuando un niño crece, se convierte en un adulto, toma su camino, se asume sus responsabilidades, camina con sus piernas, hace lo que quiere y, a veces, también sucede que se sale del camino, ocurre algún accidente. La mamá siempre, en todas las situaciones, tiene la paciencia para seguir acompañando a sus hijos. Lo que la impulsa es el poder del amor; una madre sabe cómo seguir con discreción, con ternura el camino de los hijos, e incluso cuando se equivocan siempre encuentra la manera de entender, para estar cerca, para ayudar. Nosotros, en mi tierra, se dice que una madre sabe "dar la cara". ¿Qué quiere decir esto? Esto significa que una madre sabe "poner la cara" por los propios hijos, por lo que está lista a defenderlos siempre.

Pienso en las madres que sufren por sus hijos en la cárcel o en situaciones difíciles: no preguntan si son culpables o no, siguen amándolos aunque a menudo sufran la humillación, pero no tienen miedo, no dejan de entregarse.

La Iglesia es así, es una madre misericordiosa, que entiende, que siempre trata de ayudar, de alentar incluso a sus hijos que estaban equivocados; no cierra jamás las puertas de la casa; no juzga, sino que ofrece el perdón de Dios, ofrece su amor que invita a retomar el camino, incluso a aquellos hijos que han caído en un profundo abismo, la Iglesia no tiene miedo de entrar en su noche para darles esperanza; ¡la Iglesia no tiene miedo de entrar en nuestra noche, en la oscuridad del alma y de la conciencia, para darnos esperanza! ¡Porque la Iglesia es madre!

3. Una última reflexión. Una madre sabe también pedir, tocar todas las puertas para sus hijos, sin calcular, y lo hace con amor. Y pienso en cómo las madres saben también, y por encima de todo ¡tocar a la puerta del corazón de Dios! Las madres rezan mucho por sus hijos, especialmente por los más débiles, por los que más lo necesitan, por los que en la vida han seguido caminos peligrosos o equivocados. Hace unas semanas, he celebrado en la iglesia de San Agustín, aquí en Roma, donde se conservan las reliquias de su madre, santa Mónica. ¡Cuántas oraciones ha elevado a Dios esa santa madre por su hijo, y cuántas lágrimas ha derramado! Pienso en ustedes, queridas madres: ¡cuánto rezan por sus hijos, sin cansarse! Continúen orando, ¡a confiar a sus hijos a Dios: Él tiene un gran corazón! Llamen a la puerta del corazón de Dios con la oración por los niños.

Y lo mismo ocurre con la Iglesia: pone en las manos del Señor, con la oración, todas las situaciones de sus hijos. Confiamos en el poder de la oración de la Madre Iglesia: el Señor no permanece insensible. Siempre sabe cómo sorprendernos cuando menos lo esperamos. ¡La Madre Iglesia lo sabe!

Estos eran los pensamientos que quería decirles hoy: veamos en la Iglesia a una buena madre que nos muestra el camino a seguir en la vida, que sabe ser siempre paciente, compasiva, misericordiosa, y que sabe cómo ponernos en las manos de Dios.