Ciclo de testimonios: MENDOCINOS EN LA BEATIFICACIÓN DE CURA BROCHERO

 

El pasado sábado 14 de septiembre, la Iglesia Argentina y en especial la de Córdoba, estalló de alegría, ya que se concretó la tan esperada Beatificación del Padre José Gabriel del Rosario Brochero, más conocido como el Cura Brochero, en una Misa multitudinaria que presidió el Cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y enviado del Papa Francisco.

La beatificación que congregó a alrededor de 200.000 personas, fue un momento de especial gracia para todos los fieles de esta bendita tierra Argentina, pero muy especialmente para los presbíteros, ya que tienen en el Cura Brochero, un ejemplo de verdadero “pastor con olor a oveja”, siempre humilde y cercano con el más necesitado. Es por esto que numerosos fieles laicos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosos y religiosas, misioneros, vírgenes consagradas e incluso el mismo Arzobispo Carlos María Franzini, se acercaron a Villa Cura Brochero desde Mendoza, para estar presentes en este momento histórico y de gran bendición, que se desarrolló en un clima de total tranquilidad y alegría.

Agradecidos por este suceso gracia, compartimos el testimonio de algunos de nuestros hermanos mendocinos que participaron de la beatificación en Córdoba.


Testimonio del Pbro. José Gerardo Virga - Pquia. Inmaculada Concepción - La Consulta
Párroco

La experiencia de la beatificación fue única, nunca había participado directamente de un evento de este tipo, a nivel personal fue llenar nuevamente el corazón y dejar que Dios siga obrando profundamente renovando la obra que una vez comenzó en mí.

Fue un momento de profunda oración de intercesión, pidiendo al cura Brochero por nuestra Diócesis, para que nos mande más pastores según su corazón, por lo sacerdotes especialmente los enfermos, por la comunidad a la que el Señor me envío en La Consulta, por sus niños, jóvenes, adultos, ancianos y sus enfermos, paran que el Señor nos dé luz como Iglesia para poder dar respuestas a sus problemas así como el Cura Brochero, lo hacía con sus serranos.

Rescato tres momentos que tocaron profundamente mi corazón:

1º El momento en el cual el Cardenal Amato, nombra a Brochero como Beato, fue sentir profundamente la respuesta de Dios al pedido de todo su pueblo, saber que tenemos un cura diocesano argentino, que no sirve de modelo para nuestro ministerio.

2º El momento de la Comunión, cuando nos iban llevando al lugar donde repartíamos la comunión, ver como la gente pedía que les diéramos el Pan de Vida, allí se renovó en mí el sentido por el cual soy sacerdote, ministro de Cristo para calmar el hambre de su pueblo con la presencia de Cristo.

3º El encuentro con Nicolás, el niño del milagro, fue palpar el amor de Dios manifestado en un persona concreta, tener la certeza de que para Dios nada es imposible, que su amor es más grande que cualquier pronóstico humano. Que si hay fe nada es imposible, que Él sigue manifestándonos su amor en personas concretas como Nicolás.

El haber compartido esta experiencia como presbiterio mendocino, también fue una gracia muy grande, ojala sigamos aprovechando este momento de gracia que vivimos como Iglesia, para que el Señor siga obrando en nuestro corazones y podamos ser sin lugar a dudas “pastores con olor a oveja”.