Testimonio póstumo del Ciclo: “MENDOZA PRESENTE EN LA JMJ RIO 2013”

 

La iniciativa del Ciclo de Testimonios: “Mendoza presente en la JMJ RIO 2013” tuvo la finalidad de recoger y compartir testimonios de católicos mendocinos sobre las vivencias de la reciente Jornada Mundial de la Juventud en la ciudad de Río de Janeiro, junto a nuestro Papa Francisco, en su primer viaje apostólico a América Latina, que coincide con su primera gran cita con los jóvenes del mundo entero.

En el Ciclo pudimos recoger y compartir el testimonio de 15 personas que participaron de esta experiencia, provenientes de los diversos ámbitos de la vida eclesial mendocina, tanto laicos como sacerdotes y seminaristas. Hoy recibimos un testimonio póstumo al cierre del ciclo, que no quisimos dejar compartir con ustedes.

Que la experiencia vivida y compartida por estos testigos del amor de Cristo infunda en nuestros corazones el fiel deseo de seguir a Cristo, de ser coherentes en nuestra vida, de ”no licuar la fe” y despierte en nosotros lo que el lema de la Jornada proponía: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos”. Mt 28, 19


Testimonio de Romina Aveiro
Parroquia Nuestra Señora del Carmen - Tunuyán

JORNDA MUNDIAL DE LA JUVENTUD- RIO 2013

He vivido tantas cosas, que en mi corazón, de a poquito, todavía se están acomodando.

Gracias a Dios iba a encontrarme con Cristo y solo quería escuchar lo que Él tenía para decirme, creí que podía encontrarlo en el silencio, pero fue imposible por la cantidad de personas, cantos, bailes Dormía muy poco, rezaba por inercia pero este Cristo tan amado que me sigue sorprendiendo una y mil veces por su gran sabiduría, tenía preparado Su encuentro de otra manera.

Considero que Cristo esta mucho más loco de lo que uno se puede imaginar, me llevó a más 1000 km para que yo pueda reafirmar eso que creía tener claro.

Me mostró una iglesia sumamente universal, siempre tuve la certeza de eso, pero Cristo me la dio a conocer como lo que Él mas ama, como lo que Él quiere que hoy defendamos y amemos. Pude descubrir que no importaba cultura, idioma, color, solo importaba Cristo. El saludo de la paz y la comunión en cada misa creo que resumen un poco lo que quiero expresar. El abrazo fraterno de mis hermanos hicieron que me sienta una más de ellos, me sentía amada y cuidada por el mismo Jesús. Esta es la iglesia que quiso mostrarme, con su pobreza y sus riquezas, la iglesia que Él ama tanto. Las palabras del Papa Francisco terminaron de armar lo que Cristo quería transmitirme “la Iglesia los necesita”. Sentí en lo más profundo de mi corazón que mas allá de las dificultades, enojos, errores, no tenia que caer, me demostró que está siempre, que como yo lo necesito a Él diariamente, ahora Él me necesita a mí y no le puedo fallar.

Me mostró también que Él está presente en lo simple. En la pequeñez de la cosas diría mi amada Santa Teresita. Y esto lo pude descubrir una y otra vez. Lo descubrí en el amor que recibí de los hermanos brasileros, tuve muchas madres, padres, abuelas, hermanos. Lo descubrí en cada joven, sacerdotes, religiosas y religiosos que encontré. También pude descubrirlo en los 22 amigos mendocinos con quienes viajé y en el sacerdote que cumplió su rol de pastor que cuida a sus ovejas al pie de la letra.
Lo descubrí en lo simple de una noche de vigilia afuera de la catedral. Esa vigilia ayudó a sentirme entre la tierra y el cielo. Me sentía como cuando Jesús les dijo a sus discípulos que oraran y no se durmieran. Si bien estaba haciendo vigilia para encontrarme con el mismo Cristo, me di cuenta que el Cristo que yo amo tanto estuvo todo el tiempo al lado mío, rezando, ofreciendo junto a nosotros tiempo, frío y hambre por los más pobres. No podría describir verdaderamente lo que sentí, pero me sentí la hija más pequeña, la más débil, con todos sus defectos y sus virtudes, pero la más amada.

Vuelvo a repetir, Cristo esta tan loco que me llevo a tantos kilómetros para volver a redescubrir esto que diariamente vivo en mi parroquia, con mi familia y mis amigos. Considero que tuve la gracia de poder viajar tantos kilómetros para vivir la jornada, pero que la jornada se vive diariamente amando al prójimo y mirándolo como el mismo Jesús lo hace. Cristo me ha dado una misión después de esta gran experiencia, que haga que sus hijos vuelvan a Él, que deje de buscar o de pensar en lo grandioso, porque Él es tan sabio que se da a nosotros en lo simple y se nos da por completo.