A 50 años del Concilio Vaticano II

 

El Concilio Vaticano II ha sido "la gran gracia de la que la Iglesia se ha
beneficiado en el siglo XX"
(Testamento del Beato Juan Pablo II).

En adhesión a los cincuenta años de la apertura del Concilio, la Arquidiócesis de Mendoza ha solicitado la inestimable ayuda de Fray Héctor Muñoz OP, para dar a conocer algunos de los grandes temas del Concilio.

En el marco del Año de la Fe, estos artículos de Fray Héctor seguramente nos
ayudarán a apreciar mejor la preciosa herencia del Concilio Vaticano II,
cuyo magisterio está en la raíz del camino de renovación que nuestra Iglesia
diocesana está recorriendo.


Nº12: LA IGLESIA EN ORACIÓN: LA LITURGIA EN EL “SACROSANCTUM CONCILIUM”

Además de los que nos hacen ver a la Liturgia desde la óptica profunda del ejercicio del sacerdocio de Cristo; de las “presencias reales” del Señor en la celebración y de la participación activa, consciente y plena en los misterios celebrados, la SC abre otros horizontes que miran no sólo al presente, con la renovación incoada y los frutos que ya percibimos, sino al futuro, cuando la Liturgia manifiesta de modo más acabado a la Iglesia “militante” como profecía de la Iglesia “triunfante”, en que la Pascua de Cristo que hoy celebramos, se hace plena y manifiesta en sus llamados y elegidos.

De aquí la necesidad de que los pastores, religiosos y laicos, ahondemos el lugar de la liturgia en el misterio de la Iglesia (SC 2); en la obra de la salvación realizada de una vez y para siempre por Cristo (Id, 5) y que la Iglesia continúa y expresa en la liturgia (ibid, 6). Son temas con una honda raigambre bíblica y patrística; en la liturgia terrena y celestial (ibid 8), para descubrir a Dios como quien toma la iniciativa en las celebraciones, y a Cristo como presidente de las mismas; a la relación entre liturgia y devociones (ibid 12) que, sin lugar a dudas, hay que distinguir, pero no separar, especialmente en las culturas de nuestra América Latina; en la necesidad de promover la formación litúrgica en todos los niveles (ibid 14-19). A lo que todavía no hemos llegado en Argentina (por lo menos, en el nivel deseado y necesitado…) es a una tarea reflexiva, que no se podrá llevar a cabo sin una adecuada formación bíblica, litúrgica, teológica y pastoral, además del mutuo reconocimiento entre los profesores de Dogma y de Liturgia, en los Seminarios y Casas de estudio, sabiendo que no sólo no hay competencia entre ellos, sino complementariedad y mutua necesidad.

Uno de los medios para hacer eficaz el trabajo en este sentido, es la constitución de Comisiones de liturgia a nivel diocesano, y de equipos de liturgia, en cada ámbito en que se celebre la misma: parroquias, iglesias no-parroquiales, comunidades religiosas…

La SC trató con hondura a la Eucaristía y demás sacramentos. Vemos que aquí el campo de acción no tiene límites: el estudio de la Palabra en la Liturgia (Un ejemplo de esto es el Ordo Lectionum Missae = OLM = sobre la Palabra de Dios proclamada en la Misa), es un bellísimo documento que mucho nos ayudaría a descubrir la relación entre “Palabra” y “Sacramento” que se hacen una sola realidad en la Misa, donde se parte el pan de la Palabra en la mesa de la Palabra, y el Pan de la Eucaristía, en el altar del banquete. Dos mesas… Dos panes… Una única realidad celebrativa.

Ante el hecho celebración festiva, la música y el canto tendrán un lugar de relieve (Cf SC 112-121). Pero será necesario estudiar qué música y qué cantos son aptos para servir a la Liturgia y a los misterios que ella conmemora.

Así como hay lugares buenos o malos para vivir y desarrollar las actividades humanas, hay espacios celebrativos que nos permitirán desplegar la fiesta, porque de eso se trata: de festejar al Señor y de compartir con él esa fiesta. “El arte y los objetos sagrados” son tratados en la SC VII, como una invitación -que, en otro contexto, Pablo VI hizo a los artistas- a saberse valorados y necesitados por la Iglesia. Esta es una interpelación que todavía no tiene de nuestra parte, las respuestas más adecuadas.

Las celebraciones se despliegan en el curso de un tiempo cronológico que quiere ser también tiempo sagrado y, por lo tanto, salvífico: el año litúrgico (Cf SC, cap. V); los tiempos fuertes, el domingo como “Día del Señor y señor de los días”, las fiestas de los santos como expresión de la Pascua de Cristo en la vida de la Iglesia, son temas teológicos y pastorales a profundizar.

*** Es importante saber que no estamos en “punto cero”. Argentina ha recorrido una rica historia, desde antes del Concilio.

Recordar los cincuenta años de la SC debe ser para todos nosotros, una “ayuda-memoria” que nos haga volver a entusiasmarnos con un servicio que manifiesta a la Iglesia como “Iglesia en oración” que celebra con gozo la Pascua de Cristo, en el culto del Pueblo de Dios, pueblo que quiere ser peregrino y pascual, abriéndose, día a día, a la redención plena y definitiva, cuando Cristo-victorioso cierre nuestra Historia y celebremos en el cielo la Liturgia que no tendrá fin.

Fray Héctor Muñoz op.