Ciclo de Testimonios: “MENDOZA PRESENTE EN LA JMJ RIO 2013”

 

La iniciativa del Ciclo de Testimonios: “Mendoza presente en la JMJ RIO 2013” tiene la finalidad de recoger y compartir testimonios de católicos mendocinos sobre las vivencias de la reciente Jornada Mundial de la Juventud en la ciudad de Río de Janeiro, junto a nuestro Papa Francisco, en su primer viaje apostólico a América Latina, que coincide con su primera gran cita con los jóvenes del mundo entero.

Que la experiencia vivida y compartida por estos testigos del amor de Cristo infunda en nuestros corazones el fiel deseo de seguir a Cristo, de ser coherentes en nuestra vida, de ”no licuar la fe” y despierte en nosotros lo que el lema de la Jornada proponía: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos”. Mt 28, 19


Testimonio de Ignacio López
Seminarista del 2º Año de Teología

La experiencia de Río de Janeiro

Sinceramente es para mí una gran alegría poder compartir brevemente mi testimonio de lo que significó para mí la Jornada mundial de la juventud en Río.

Simplemente me gustaría contarles tres aspectos de la JMJ que para mí fueron muy significativos:

1. La experiencia eclesial
2. La cercanía a Pedro
3. Las diferentes formas de vivir y expresar la fe

1. La experiencia eclesial fue para mí uno de los grandes tesoros que me dejó la jornada, porque me ayudó a tomar un poco más de conciencia de lo basta y multifacética, que es nuestra Iglesia. Era realmente increíble y hermoso poder compartir con gente de distintas partes del mundo la experiencia de seguir a Jesús, la experiencia de hablar una misma “lengua de la fe” a pesar de las diferencias de raza, nación, lenguaje, costumbres, etc. era como un nuevo Pentecostés en el que se notaba esa unidad que sólo puede dar Cristo como cabeza a su cuerpo vivo. Resultaba impactante poder contemplar como todos en la celebración eucarística, como dicen los Hechos de los apóstoles, teníamos un solo corazón y alma que se elevaba para dar gracias al Padre por el Hijo hecho cuerpo y sangre en el Espíritu Santo.

Sin duda en cada uno se reflejaba ese entusiasmo (buen espíritu) que nos hacía vivir con alegría los distintos acontecimientos en medio muchas veces del cansancio y el sueño propios de días sumamente intensos y lluviosos. Realmente creo que fue un nuevo Pentecostés.

2. La cercanía a Pedro fue sin duda conmovedora, no sólo por el hecho de que en este caso el Papa fuera argentino, sino además porque se veía reflejado en los rostros de jóvenes y adultos de todas partes del mundo el amor al sucesor de los apóstoles que los hacía sonreír de alegría al verle y correr tras él o esperar varias horas para poder tenerlo cerca. Escuchar su mensaje y dejarnos interpelar por su palabra era una experiencia que hacía arder nuestros corazones. Verlo cercano, humilde, con esa sonrisa en el rostro era verdaderamente conmovedor, realmente era estar frente a un hombre de Dios que vive con alegría el Evangelio de Jesús.
El cariño que la gente le expresaba me dejó impactado, sinceramente creo que esto sigue reflejando el amor y respeto que el pueblo de Dios extendido por todo el mundo tiene por el sucesor de Pedro.

3. Finalmente no quería dejar de lado que el hecho de estar con gente de distintas culturas y países se vivía con intensidad, pero además se reflejaba en como cada pueblo expresaba su fe, más allá de lo anecdótico que puede parecer esto, creo que para mí fue importante porque me ayudó a caer en la cuenta de como el Evangelio está profundamente encarnado en los distintos países con sus costumbres y tradiciones, y como dicha encarnación se manifiesta en maneras concretas de expresar el culto a Dios. Fue hermoso ver como por ejemplo la gente del lugar le imprimía (con mucho respeto y devoción) a todo ese toque de alegría y canto que se transmitía a los que estábamos allí presentes.

Para terminar, me gustaría compartirles que para mí como seminarista fue muy alentador el hecho de encontrarme con tantos religiosos y religiosas deseosos de entregar su corazón a Dios, pues me recuerda una vez más que Él sigue llamando en todas partes del mundo a jóvenes a la vida consagrada, de diversas maneras y por diversos caminos que confluyen siempre en una misma meta que es Jesús.
Finalmente quiero darle gracias a Dios por darme la posibilidad de haber tenido una experiencia de Él y de su Iglesia tan intensa, experiencia de una Iglesia viva y misionera, con muchos deseos de ser fiel al Evangelio de Jesús.