Benedicto XVI en Ratisbona. Más allá de la polémica

 

Nota: Pbro. Sergio O. Buenanueva.

No ha sido el Islam, sino el pensamiento crítico de Occidente el que Benedicto XVI ha provocado con su lección magistral en el Aula magna de la Universidad de Ratisbona.

No ha sido el Islam, sino la cultura moderna la que Benedicto XVI ha provocado, invitándola a un diálogo sereno, pero crítico, con las religiones. En el horizonte: la convivencia pacífica de los pueblos.

Lo ha hecho en nombre de la fe cristiana. Porque es el obispo de Roma, y esa es uno de sus oficios fundamentales. Pero lo ha hecho también como pensador cristiano. Porque lo es, y en grado sumo.

Uso a propósito el verbo “provocar”. El cristianismo, desde su origen está irrevocablemente unido a la razón, al pensamiento crítico, al diálogo y a la pregunta inquietante. La palabra griega “logos” forma parte del dogma central de la fe cristiana: “Y el Verbo (Logos) se hizo carne”.

La fe provoca a la razón y se deja provocar por ella. Desde la traducción al griego de la Biblia hebrea, el pensamiento judeocristiano ha conocido esta correspondencia y reciprocidad entre razón y fe. Una suerte de ilustración de cuño bíblico.

Esta inquietud que de la fe pasa a la razón, y de esta a aquélla palpita en los Padres de la Iglesia y en los medievales; en los místicos y grandes reformadores; en los teólogos modernos y en los pastores de almas. La figura señera de John Henry Newman es un claro testimonio de ello.

La racionalidad de la fe ha sido el núcleo de la disertación académica. Y lo ha hecho con maestría. “Fe, razón y universidad. Recuerdos y reflexiones”, ha sido el título de la ponencia. Como ha contado el cardenal de Madrid, testigo del evento y antiguo estudiante de derecho en Munich, los 1.500 oyentes (profesores y alumnos) rubricaron la intervención del Profesor Ratzinger con un prolongado aplauso.

Ha dirigido una “invitación al diálogo” al mundo de la ciencia. Y lo ha hecho con ese estilo típico de pensador fino, incisivo, a la vez que claro y directo. Sus lectores lo saben de sobra. Los reportes (¿recortes?) de prensa no deberían privarnos del contacto directo con el texto, al alcance de todos en las ediciones on line de los principales periódicos del mundo.

La provocación no tiene nada de nostalgia. Ningún reclamo de tiempos pasados. Ha hablado de una ilustración que abreva también en la tradición espiritual e intelectual judeocristiana. No hay nostalgia, aunque sí discernimiento crítico del pensamiento
“Este intento -decía- de crítica de la razón moderna a partir de su interior, no significa que hay que regresar a antes de la Ilustración, rechazando las convicciones de la era moderna … Mi intención no es el reduccionismo o la crítica negativa, sino ampliar nuestro concepto de razón y su aplicación.”

El Papa sabe -no es la primera vez que lo enuncia- que un cierto sector del pensamiento crítico moderno tiende a reducir el fenómeno religioso a un hecho pre-científico, desprovisto de racionalidad y, en el mejor de los casos, reducido al ámbito de la conciencia individual.

La tradición cristiana tiene otra perspectiva, porque tiene otra experiencia. La fe no pretende decirlo todo. Pone al hombre de cara a Dios y a si mismo. Pero la fe es luz, que iluminando abre, y con esta apertura dona al hombre una certeza de futuro, más allá de lo que nos es dado ver y tocar.

En su serena reflexión, el Papa ha sido crítico y provocador. No solo ha provocado al pensamiento positivista, al ateo o al agnóstico. Ha provocado sobre todo la hombre de fe; al católico.
Al concluir su larga ponencia, dijo: “Coraje para abrirse a la amplitud de la razón, no rechazo de su grandeza: este es el programa con el que la teología anclada en la fe bíblica ingresa en el debate de nuestro tiempo. «No actuar razonablemente (con «logos») es contrario a la naturaleza de Dios» dijo Manuel II, de acuerdo al entendimiento cristiano de Dios, en respuesta a su interlocutor persa.

En el diálogo de las culturas invitamos a nuestros interlocutores a encontrar este gran «logos», esta amplitud de la razón. Es la gran tarea de la universidad redescubrirlo constantemente.”

Esta tarea nos tiene a los hombres y mujeres de fe y de pensamiento como protagonistas.