Ciclo de Testimonios: “MENDOZA PRESENTE EN LA JMJ RIO 2013”

 

La iniciativa del Ciclo de Testimonios: “Mendoza presente en la JMJ RIO 2013” tiene la finalidad de recoger y compartir testimonios de católicos mendocinos sobre las vivencias de la reciente Jornada Mundial de la Juventud en la ciudad de Río de Janeiro, junto a nuestro Papa Francisco, en su primer viaje apostólico a América Latina, que coincide con su primera gran cita con los jóvenes del mundo entero.

Que la experiencia vivida y compartida por estos testigos del amor de Cristo infunda en nuestros corazones el fiel deseo de seguir a Cristo, de ser coherentes en nuestra vida, de ”no licuar la fe” y despierte en nosotros lo que el lema de la Jornada proponía: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos”. Mt 28, 19

Testimonio del Padre Michael Belmont
Vicario Parroquial de la Pquia. Nuestra Señora de Guadalupe y San Juan Diego (Godoy Cruz)


¡Ha llegado la hora de hacernos cargo de este acontecimiento de Gracia!

La JMJ Río 2013 ha sido una Epifanía, una manifestación del Señor para toda la Iglesia y para el mundo. Se inscribe en un camino de gracia comenzado por el beato Juan Pablo II y marcado sin duda por la presencia carismática de nuestro nuevo y querido Pastor, el Papa Francisco. A nosotros, a cada bautizado, nos toca hacernos cargo de esta hermosa manifestación del Señor y “cotidianizar” este Evento en la vida diaria de cada cristiano y de cada comunidad.

¡Hemos visto al Señor! (Jn 20, 25). El primer testimonio que queremos dar como cristianos es que nos hemos encontrado con Jesús, lo hemos visto y hemos escuchado su Palabra. Lo hemos visto en cada Celebración Eucarística, en cada Adoración, especialmente en la Adoración de la vigilia en Copacabana donde alrededor de tres millones de creyentes se postraron en silencio contemplativo ante el Señor, silencio acompañado por la música de fondo de las olas del cálido Atlántico brasilero. Lo hemos visto en el clima orante en general, donde cada joven y las pequeñas comunidades buscaban y encontraban sus espacios para orar a Dios. Guardo en el corazón imágenes de jóvenes orantes que, con el rosario en mano o en torno a la Palabra se encontraban con el Señor y con la Virgen. Se olía a cada instante el buen perfume de la Presencia Cercana de Cristo en medio de un pueblo joven de fe, orante y solidario con los más necesitados.

¡Donde dos o más estén reunidos en mi Nombre! (Mt 18,20). Sin duda éramos más que dos o tres reunidos en el nombre de Jesús. Pero más que impactarme el número, me impactó el estilo de una Iglesia joven, viva y pujante. Me encontré con el Pueblo de Dios lleno de esperanza y fortalecido para caminar y esperar. Caminábamos y peregrinábamos de una punta a la otra donde se realizaban los eventos previstos y hacíamos largas colas que nos hicieron crecer en la paciencia y la fortaleza. El ícono: 16 horas que esperamos en la lluviosa intemperie de la noche del miércoles 24 para encontrarnos 16 minutos con el Papa en la catedral “San Sebastián”. ¡Y nadie se ha quejado ni se ha arrepentido!. Porque ya no queremos ser una Iglesia que se queja y retrocede sino que se para en la brecha para encontrarse con el Señor y su “ungido”. Una hermosa y profunda mezcla eclesial de juventud, paciencia, oración, canto y esperanza. Un perfil de Iglesia que todos necesitamos seguir construyendo.

¡Tú eres Pedro! (Mt 16,18). Sin duda que la presencia del Papa Francisco marcó color y rumbo de la Jornada. Sus gestos y palabras, su alegría y sencillez. Aprovechamos preguntar a muchas delegaciones de distintos continentes cómo habían recibido al nuevo Pastor de la Iglesia, y todos nos compartieron que sus pueblos lo han recibido con fe y gozo, muy atentos a sus gestos y palabras concretas que tanto nos están animando y ayudando. Llevaba en el corazón un mensaje claro y directo para cada grupo de personas con las que quiso acercarse y compartir su evangélico mensaje: los jóvenes, los consagrados, los obispos, al pueblo brasilero, a los enfermos, a los pobres… Los argentinos también recibimos su mensaje, (con un secreto orgullo que nos invitara) mensaje que ustedes escucharon y sin dudas caló nuestros huesos: “Hagan lío, cuiden los extremos, no licúen la fe…”.

Pero, creo que más que orgullo por tener un Papa argentino y por haber tenido la providencial posibilidad de participar de la JMJ, nosotros y todos los argentinos creyentes tenemos una gran responsabilidad: Un renovado llamado a la santidad del cual hacernos cargo. El camino ya está trazado: Una Iglesia pobre para los pobres, peregrina y paciente, joven de corazón para rejuvenecer la fe de todos, una Iglesia que sale a las periferias existenciales, a las esquinas y a la intemperie donde hay un hermano solo y desamparado para generar encuentro, regalarle al prójimo un abrazo de contención y solidaridad y para atraerlo con la fuerza de Jesús a la Iglesia, hogar de puertas abiertas para todos los que acepten su cobijo. A los signos de los tiempos nos toca responder: decir Amén y ponernos en camino.