Vía Crucis del Centro

 

El Centro Mendocino se vistió de Canto y Oración.

El la noche del viernes 6 se realizó el tradicional Vía Crucis del Centro, presidido por Mons. Arancibia acompañado por autoridades de gobierno, sacerdotes y fieles laicos.

La peregrinación, que recuerda el camino de la pasión de Jesús y que se realiza por las calles del centro, partió a las 21:00 horas desde la parroquia Corazón de María llegando a la Catedral de Loreto.

Con respetuoso recogimiento se escuchó por las calles céntricas, los distintos pasajes del evangelio que recuerdan la vía dolorosa del calvario del Señor.

Miles de fieles caminaron orando y cantando al Señor de la Vida redescubriendo que la Cruz, no es un signo de muerte - muy por contrario - es la promesa de una vida eterna.

De este modo, después de recordar las palabras del Evangelio en cada estación, se reflexionó sobre el verdadero mensaje que baja de la cruz.

Un Vía Crucis con la propuesta de un camino, una historia de encuentro entre Dios y los hombres.

A participar de este momento se invitó reflexionando con estas palabras:

"Este paso de Dios hecho hombre hacia el calvario es el grito de la Misericordia.

Porque Dios se hizo hombre para mostrarnos el camino. Dios se anonadó pasando por uno de los nuestros, se hizo ver como exclavo, para hablarnos de amor y oportunidades.

Dios envió a su Hijo al mundo para sellar la historia con un abrazo, para hacer fiesta por los corazones nuevos, para volver a la casa del Padre y celebrar la Alianza de una amistad que perdura eternamente.

Jesucristo, el Señor de la Historia, se hace rostro humano, se hace llaga y sufrimiento en las manos del labriego, se hace injusticia para la justicia del huarpe, se hace grito para la paz de los más pobres, se hace nudo en la garganta para ahogar a los soberbios y aquellos que se instalaron en la corrupción.

Este es el vía crucis de Jesús de Nazareth, este es el dolor del Cristo crucificado que nos promete la vida en abundancia, tu dolor, mi dolor, la cruz del hombre de hoy, la herida de los varones y mujeres de este siglo.

Este es el vía crucis de nuestro Dios, el de el hombre mendocino que camina cada día con la esperanza de una resurrección que anima y que sostiene nuestra vida".

Antes de impartir la bendición final, el obispo, dirigió unas palabras a todos los asistentes llamando a volver los ojos a Jesús, para que la tristeza o el abatimiento, se conviertan en confianza y ganas de ser más fieles a la vocación cristiana, trabajando por un mundo más justo, fraterno y solidario.

"La proclamación de la Pasión, según el Evangelio de Juan - dijo - es conmovedora. El mismo evangelista se hace testigo e invita a creer.

Esa “verdad”, en sentido bíblico, tiene dos aspectos.

La Palabra que anuncia la pasión de Jesús es un drama, que muestra la cruda VERDAD del hombre, la tragedia del mundo. Cristo, inocente por completo, es juzgado y condenado a muerte.

Pero esa VERDAD, en parte tan cruda y negativa, tiene otra dimensión; más importante aún que el drama del mundo.

Las “desgracias” dan lugar a una “gracia”: Dios muestra todo su amor y su poder, para ofrecer infinita misericordia sobre la humanidad.

La CRUZ, instrumento de suplicio, es señal del drama humano, porque concentra tantas desgracias: violencia, injusticia, traición ... Pero al mismo tiempo se convierte en TRONO de gracia, para quienes creen en el Hijo de Dios crucificado, que ofrece desde allí su perdón y la paz".