A 50 años del Concilio Vaticano II

 

El Concilio Vaticano II ha sido "la gran gracia de la que la Iglesia se ha
beneficiado en el siglo XX"
(Testamento del Beato Juan Pablo II).

En adhesión a los cincuenta años de la apertura del Concilio, la Arquidiócesis de Mendoza ha solicitado la inestimable ayuda de Fray Héctor Muñoz OP, para dar a conocer algunos de los grandes temas del Concilio.

En el marco del Año de la Fe, estos artículos de Fray Héctor seguramente nos
ayudarán a apreciar mejor la preciosa herencia del Concilio Vaticano II,
cuyo magisterio está en la raíz del camino de renovación que nuestra Iglesia
diocesana está recorriendo.


Nº 10: LA IGLESIA Y EL MUNDO (Cf . Gaudium et Spes)


La Constitución dogmática Lumen Gentium fue la respuesta a las preguntas: -¿Qué es la Iglesia? ¿Quiénes la integran, desde sus vocaciones y misiones singulares?
Consideró a la Iglesia desde su estructura más íntima, a la Iglesia “en sí misma”.

La Constitución pastoral Gaudium et Spes quiere manifestar al Pueblo de Dios en el mundo actual y a sus relaciones con el mismo; a los creyentes y a las instituciones que los agrupan y definen como tales, en relación con los hombres de otros pueblos, razas, culturas y credos. Sintetizando: ¿Qué tiene la Iglesia para ofrecer al mundo? y ¿Cuál debe ser la apertura del Pueblo de Dios, a los valores que el mundo le ofrece?, en un sano discernimiento -el de toda ‘digestión’- que le indica qué puede y, por lo tanto, debe aceptar para enriquecerse y así crecer, y qué debe rechazar y evacuar, dado que no responde ni a su vocación ni a su misión, sin olvidar en momento alguno lo que el Señor le ha encomendado: anunciar la Buena Nueva de Jesucristo y de su mensaje en el interior de las estructuras humanas, para hacerlas ‘cristianas’, es el largo y lento proceso de ‘evangelizar las culturas’, descubrir en ellas su ‘capacidad de Evangelio’.

Quiere mostrar no al hombre ‘en abstracto’. Sino inmerso en el mundo de hoy y empapado en las más diversas culturas, que deben enriquecerse y complementarse unas a otras. Ante tantos modelos contrarios, resalta la dignidad incomparable de la persona humana, única creatura hecha ‘a imagen y semejanza de Dios’ (n. 12) aunque el pecado posterior, que desdibujó tal imagen, haya necesitado la cruz redentora de Jesús (n. 13-15). Se ponen de relieve tanto la libertad con que fuimos creados, libertad que dignifica e ilumina la conciencia moral que nos mueve -a pesar de todas las dificultades-, a hacer una buena elección de lo que propone a nuestra inteligencia, para que ese proceso pueda concluir en el mayor y más perfecto acto de nuestra libertad: elegir el bien humano y al Bueno, que es Dios o, con mayor propiedad aún, dejarse elegir por Él.

En tres números (19-21) brinda un sintético pantallazo al tema urticante de nuestros días: el ateísmo, esboza la única solución a tal planteo que golpea con dureza al hombre actual: “El remedio del ateísmo hay que buscarlo en <la exposición adecuada de la doctrina> y en <la integridad de vida de la Iglesia y de sus miembros>” (n. 21)

Fe y obras. Una fe que siempre se traduzca en obras y coherentes con la fe que las promueve. En el texto antes citado, “integridad” es sinónimo de “coherencia”. Si hay algo que destruye es la incoherencia, realidad resaltada por Jesús a sus discípulos cuando refiriéndose a los fariseos les dice: “Hagan lo que ellos digan, pero no lo que ellos hagan”, esto es que a las buenas palabras no les seguían las buenas obras: no había correspondencia entre unas y otras.

Lleno de riqueza está el Capítulo II sobre La Comunidad humana, es una advertencia contra un individualismo que nos separa del otro y nos impide ser “prójimos”. Es valioso el n. 31 sobre Responsabilidad y Participación, ante la frecuente tentación de eludir las respuestas que debemos dar, así como nuestra participación en la ‘res-pública’ (la ‘cosa pública’), como si debiera ser la preocupación de otros, y no también la nuestra. Tarde o temprano (casi siempre ‘temprano’) experimentamos las tristes consecuencias de tal actitud, que muestra una carencia absoluta de interés en lo que debe importarnos a todos. Cuando he tenido que tratar el tema ‘Matrimonio y familia’, siempre he considerado como referentes privilegiados a los nn. 47-52 de la GS, síntesis perfecta de tal estado de vida y vocación.

Fray Héctor Muñoz op.