Mensaje de Pascua de nuestros obispos

 

Mensaje de Pascua 2013

La celebración de la noche de Pascua se abre con un gesto ritual rico de significado: la bendición del fuego nuevo.

Jesús había dicho de sí mismo y de su pasión: “Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!” (Lc 12,49).

La figura de Jesús que nos ofrecen los evangelios es precisamente la de un hombre habitado por un intenso fuego interior. Un hombre apasionado en sus palabras y en sus gestos.

Todo en él tiene esa intensidad del fuego: así ora a su Padre en la montaña, durante la noche o en el huerto de Getsemaní; con la misma fuerza se acerca a los pecadores, a los enfermos y a los débiles. Para todos tiene una palabra de vida. Con esa pasión predica la cercanía de Dios, su misericordia y ternura. Ese fuego se vuelve cólera cuando choca con la hipocresía o la dureza de corazón de los hombres religiosos de su tiempo.

Es el fuego que quiere compartir y contagiar a los que ha llamado a su seguimiento, para que ese fuego encienda otros fuegos.

Traicionado por uno de los suyos y entregado en manos de sus enemigos, el fuego de su pasión alcanzará su punto culminante en su muerte y resurrección. Los ojos de la fe reconocen allí la más alta manifestación del amor de Dios que, en la humildad y fragilidad del Crucificado, se ofrece como salvación a todos los hombres.

La fe nos ofrece así la clave para conocer la verdadera naturaleza de ese fuego: Jesús es el Hijo de Dios que ha venido a nosotros. Es Dios con nosotros. El fuego del que es portador no es otro que el Espíritu Santo que une en el amor y desde toda la eternidad al Padre y al Hijo.

Los cristianos acabamos de celebrar la Pascua de Jesucristo. La solemnidad y noble sencillez de los ritos litúrgicos apenas alcanzan a expresar la fuerza interior de ese fuego que es el corazón de la Iglesia y que sigue comunicándose al mundo.

Desde esta vivencia evangélica quisiéramos acercar nuestro saludo pascual.

Somos discípulos de Jesús. A Él nos dirigimos suplicando el don de su Espíritu para que el fuego de su amor siga animando la vida y misión de cada una de nuestras comunidades cristianas.

La pasión por Jesús y su Evangelio es mostrar a cada persona que Dios es Padre, que el destino del hombre es la eternidad, que todos estamos llamados a vivir como hermanos y que tenemos que cuidarnos unos a otros, y cuidar también la casa común que habitamos.
Destinatarios privilegiados de este mensaje son los pobres, los enfermos, los que sufren.

Al desear felices Pascuas a todos los mendocinos renovamos nuestro deseo de acercar a todos el fuego del Evangelio del amor de Dios que salva y dignifica.


+ Carlos María Franzini
+ Sergio O. Buenanueva