Bendición de los Frutos - Vendimia 2013.

 

El domingo 24 de febrero se llevó a cabo el acto de Bendición de los Frutos, que dio comienzo a la agenda vendimial 2013. La cita fue en el Prado Gaucho del parque General San Martín.

A continuación la Homilía de Monseñor Carlos María Franzini.



“Hagan todo lo que Él les diga”


Queridos hermanos:

Tengo la alegría de compartir con ustedes por primera vez este expresivo gesto religioso: la bendición de los frutos, al comenzar la Fiesta de la Vendimia. Se trata de una hermosa tradición que manifiesta la arraigada fe católica del pueblo mendocino. Este pueblo alegre y laborioso que desde sus orígenes ha sabido reconocer la presencia de Dios en su vida cotidiana, en sus luchas y esfuerzos, en sus dificultades y adversidades, en sus alegrías y en sus esperanzas. Y porque es creyente, el pueblo mendocino celebra y hace fiesta. Por eso una vez más los mendocinos volvemos nuestra mirada a Dios, de la mano de la Madre, para agradecerle, alabarle y ofrecerle nuestros trabajos y proyectos; nuestros logros y nuestros sueños. Y lo hacemos celebrando y haciendo fiesta.

En las bodas de Caná de Galilea, según nos narra el pasaje evangélico que escuchamos, están presentes Jesús y María. Como lo han estado siempre en la vida del pueblo cristiano. En efecto, creemos en un Dios que se ha hecho “carne”, “historia”, compañero de camino de los hombres y de los pueblos, para ayudarlos a recorrerlo hasta su meta definitiva: la gran fiesta del cielo, el banquete fraterno al que estamos todos invitados. Más aún, Jesús se hace él mismo nuestro Camino, para que junto con él y por él podamos nosotros ser hijos y hermanos, anticipando ya en nuestra fraternidad algo de la fiesta que todos anhelamos. Y en nuestro camino, como en Caná, también está María.

No es raro, entonces, que los primeros trabajadores de las viñas en tierras mendocinas se acogieran a ella. La advocación de la Carrodilla se les hacía particularmente cercana. Y así desde el principio la Madre ha sido refugio, consuelo y estímulo para avanzar en el camino de la vida, para afrontar las dificultades y contratiempos, para estimularlos en el trabajo creativo y solidario; en definitiva, para ayudarlos a ser más hijos y hermanos. Y para ello, como en Caná, sólo tuvo este mismo mensaje: “hagan todo lo que Él les diga”.

También hoy, mis queridos hermanos, Jesús y María quieren seguir acompañando el caminar del pueblo mendocino: de los viñadores y de todos los que de un modo u otro se vinculan a los viñedos; de los que trabajan y de los que buscan trabajo digno; de las autoridades públicas y de todos los ciudadanos; de los que hace años que habitan esta bendita tierra y de quienes han llegado en tiempos recientes en búsqueda de nuevos horizontes. Esta presencia cercana de Jesús y de María explican el sentido de esta bendición. Por ella queremos reconocer y honrar su compañía; queremos acogernos –una vez más- a su cuidado y protección y les ofrecemos el propósito sincero de ser coherentes con la fe que profesamos.

Por ello también hoy –como en Caná- resuena en nuestros corazones la invitación de la Madre: “hagan todo lo que Él les diga”. También hoy somos invitados a seguir las huellas de Jesús, para vivir con mayor convicción y compromiso nuestra condición de hijos de Dios y hermanos de todos los hombres. Somos invitados a reconocer el lugar de Dios en nuestra vida, o a recuperarlo si lo hemos perdido o lo hemos cambiado por otros “dioses” que pretenden ocupar su espacio. Somos invitados a reconocernos como hermanos, llamados a construir una auténtica fraternidad, a recomponer los vínculos familiares y sociales que puedan estar resquebrajados, a ir al encuentro de quienes estamos distanciados o de quienes han quedado excluidos del banquete de la vida, al que estamos todos invitados.

Los viñedos son el signo de la vida, del ingenio y del empeño de los mendocinos. Ellos expresan mucho de lo que somos y de lo que estamos llamados a ser. Por eso con esta bendición le pedimos al Señor que bendiga el trabajo y el esfuerzo de los viñadores, porque en ellos se expresa cabalmente la vida y la esperanza de todos nosotros. La Madre nos cuida y nos acompaña.


+ Mons. Carlos María Franzini,
Arzobispo de Mendoza