PRESENCIAS REALES DE CRISTO EN LA EUCARISTÍA

 

Cuando nos preguntan cuándo y dónde está Jesús presente en la Eucaristía, rápidamente contestamos que esa presencia se da una vez pronunciadas las palabras de la consagración en el contexto de su epíclesis y que se da en las especies del pan y del vino, una vez consagradas. ¡Y esto es verdad! Pero… hay otras ‘presencias reales’ que se nos escapan. Por eso ayudará a nuestra amnesia ir a la SC 7: “Cristo está presente a su Iglesia, sobre todo, en la acción litúrgica. Está presente (…) sea en la persona del ministro, sea sobre todo bajo las especies eucarística (…) Está presente en su Palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Él quien habla. Está presente (…) cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometió: -<Donde están dos o tres congregados en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos>”.

Esto lo confirma la Instrucción ‘Eucharistiicum Mysterium,9) diciéndonos algo original y de interés: “Esa presencia de Cristo bajo las especies ‘se dice real, no por exclusión, como si las otras no fueran reales, sino por excelencia”. O sea que la mayor de las varias presencias reales en la celebración de la Eucaristía, se da en las especies consagradas.

Esto tiene que hacernos pensar, a quienes estamos en la pastoral litúrgica. ¿Qué sucede con ‘la presencia’ d JC cuando quien preside lo hace mal? ¿Y la presencia del Señor en la Palabra cuando un mal lector o micrófonos acoplados obstaculizan una buena audición? ¿Y en la asamblea congregada (a veces disgregada…) cuando muchos fieles van ingresando al templo -como en cuenta gotas- desde el comienzo hasta el Evangelio? Sin duda, algunas están muy desdibujadas y, más de una vez son lo más parecido a ‘ausencias’

Evidentemente, éstos no son problemas que no tengan solución, pero exigirá tiempo, esfuerzos, paciencia e inteligencia, proponiendo a los fieles, sin cansancio, asumir su rol de ser ‘sujetos de la Liturgia’ y verdaderos concelebrantes, junto a los varios ministerios ordenados, instituidos o designados.

Este tema de las 'presencias' de Cristo, es de suma importancia, porque la Liturgia no celebra "ideas" sino "acontecimientos" de los que Jesús es Cabeza y protagonista principal, pero no cabeza que pronuncia monólogos, sino que entabla una trama dialogal que reclama interlocutores. La Liturgia es una realidad viva y dinámica, que tiene sus 'reglas de juego', reglas que se irán traduciendo 'en ritos', esa conjunción de Palabra de Dios y palabra de la Iglesia, música y canto, ornamentos y colores, un espacio que pueda llamarse 'sagrado' por las acciones santas en él celebradas. Un Ritual es como una partitura musical. En ella está todo lo que su autor quiso plasmar, pero 'las representaciones' serán diversas, según tiempo y lugar donde se celebren, así como por las diversas asambleas celebrantes, porciones de una Iglesia que es, en sí misma y en cada uno de sus miembros, "sujeto de la Liturgia".

Ante todo esto, surge la imperiosa necesidad de potenciar las diversas presencias del Señor, para que la Liturgia se muestre como signo claro de 'quién es quién' en la misma, y de los roles que cada uno desempeña, sin opacar a los que otros desarrollan.

Creo que una saludable renovación de la Liturgia, hecho que está lejos de haber finalizado, exigirá de todos nosotros un empeño que, de ser serio y constante, será sin lugar a dudas, eficaz, con la fuerza que las cosas de Dios tienen para cambiar nuestras vidas de modo que sea Cristo quien vive en nosotros



(II)

En el trabajo anterior mostraba lo que la SC nos dice sobre este tema, refrendado más tarde por la Instrucción “Eucharisticum Mysterium” de 1967.

De ahora en adelante iremos viendo cada una de esas ‘presencias’.

1. Cristo está realmente presente en su Palabra:

“Está presente en su Palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Él quien habla” (SC 7).

Esto lo significamos con algunos signos. Cuando finaliza la proclamación del Evangelio, quien la ha realizado besa el Evangeliario, pero no lo hace como un gesto a 200 páginas de papel, sino a Jesús, presente en ese libro. Jesús es el verdadero ‘Evangelio’, la buena Nueva que viene del Padre. Algo semejante sucede cuando se besa el altar. El celebrante no besa un bloque de piedra, sino a Cristo-Roca, piedra fundamental de la edificación de esa realidad salvífica que constituyen la Cabeza y los miembros de la Iglesia, Cuerpo místico de Jesucristo.
También constatamos otros signos: cuando son incensados el altar o el Evangeliario, en realidad estamos honrando al Señor significado en esas realidades.

De modo muy feliz, el Concilio Vaticano II y el post-Concilio han devuelto a la Palabra de Dios, el valor, lugar y relieve que ella merece y que, de hecho, quedaba oculto. Hasta el último de los Leccionarios de los ritos para celebrar cada sacramento, así como las liturgias contenidas en el “Bendicional” tienen una extensa variedad de textos bíblicos, todos ellos destinados a iluminar el gesto sacramenta. La Eucaristía manifiesta de modo excelente este hecho, al disponer ahora de tres ciclos de lecturas (A, B y C) para los Domingos, y dos series para los días feriales cuya Eucaristía no tenga ‘lecturas propias’

Y esta valoración me ha recordar algo sucedido a san Agustín. En una de sus catequesis, se pregunta: -¿Qué es más grave: dejar caer al piso una hostia consagrada o dejar caer a la Palabra, no reteniéndola? Él mismo da la respuesta: -Las dos tienen la misma gravedad.

Palabra y gesto sacramental, integran una realidad inseparable. No hay sacramento sin ‘Palabra’ y tampoco lo hay sin la realidad sensible de la ‘materia’.

Esta ‘celebración de la Palabra, no debe quedar disminuida, por la supresión no razonable ni seriamente justificada de tal o cual lectura.



(III)


Otra de las ‘presencias reales’ que nos habla la SC 7 es la que se manifiesta

* En la persona del ministro.

En un lenguaje propio de la Teología, se nos dice que en algunos momentos de la celebración de la Misa, quien preside lo hace ‘in persona Christi’, o sea, haciendo presente con sus palabras y gestos, al mismo Jesús que presidió su última Cena.
Cuando yo presido una Eucaristía, al consagrar el pan y el vino, no digo: -Esto es el Cuerpo de Jesús, ni –Éste es el cáliz de su nueva y eterna Alianza…, sino Esto es mi cuerpo y ésta es mi sangre y, evidentemente son el Cuerpo y la Sangre de Jesús. Esto es algo así como si yo le ‘prestara’ a Jesús mis labios y mi habla, mi intención y voluntad para hacer de esta celebración u n memorial, en el que el pasado de la última Cena y el futuro del banquete escatológico, se hacen ‘hoy-y-aquí’ en el presente de una celebración que Jesucristo preside nuevamente.

La Instrucción ‘Eucaristicum Mysterium’ (n. 9) recalcará esta ‘presencia diciéndonos que (Cristo) <está presente en la persona del ministro ‘ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz’>. Es el mismo Señor el que ahora, de modo incruento, se ofrece en sacrificio sobre el ara del altar, para manifestarse como el Señor, que decidió en un gesto de amor, convertirse en Víctima redentora.



(IV)


Además de lo afirmado en las reflexiones previas a ésta, <el mismo que se ofrece en la cruz (está presente” sobre todo, en las especies eucarísticas> (SC 7), enseñanza(refrendada por la Instrucción ‘EuxharistIcum Mysterium? : <… el mismo que entonces se ofreció en la cruz, está sobre todo bajo las especies eucarísticas (…) Esta presencia (…) ‘se dice real, no por exclusión como si las otras no fueran reales, sino por excelencia’>(n. 9).
Ante esto, las presencias de JC en la asamblea congregada para la celebración, en el sacerdote que la preside, en la Palabra proclamada son reales, todas ellas. Pero por excelencia -la mayor de esas ‘presencias’ se da en el Pan y el Vino consagrados, por la fuerza del Espíritu que actualiza, en la Plegaria eucarística, la acción desarrollada por Jesús en su última Cena con sus apóstoles y discípulos.



(V)

Ésta será la última breve reflexión que haré sobre lo considerado en la SC 7. Hoy, la Constitución conciliar afirmará que Cristo está presente:

*en la asamblea reunida para celebrar

“Cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometió: -Donde están dos o tres congregados en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18,20)”. O sea: está realmente congregada en ‘la Iglesia en oración’ en la asamblea reunida para celebrar las maravillas del Señor, alabando, dando gracias y celebrando, como comunidad en comunión con Jesús y con los hermanos.

La Instrucción “Eucharisticum Mysterium”, n.9, ratificará lo antedicho: ‘Siempre está presente en la asamblea congregada en su nombre’.

De aquí nace la exigencia de que los fieles tomen serio la vocación recibida de ser uno de los ámbitos en que Jesús se hace realmente presente en medio de sus fieles: hay que tener ‘ojos para verlo presente’, y esos ‘ojos’ nos los proporciona la fe y el conocimiento de que Cristo es nuestra Pascua, significada plenamente en la Eucaristía celebrada por una asamblea que Él preside.


por Fray Héctor Muñoz