1 de enero: 46º Jornada mundial de la paz

 

La pedagogía de la paz

La palabra “paz” es como una armonía en la que resuenan, a la vez, otras palabras esenciales: justicia, amistad, desarrollo, inclusión, Dios, hermano, etc. Expresa uno de los deseos esenciales del corazón humano.

La paz es un don de Dios y una responsabilidad cotidiana de cada ser humano.

Por eso, hay que educarse para la paz. “Es necesario -anota Benedicto XVI- enseñar a los hombres a amarse y educarse a la paz, y a vivir con benevolencia, más que con simple tolerancia”.

Esta última frase (benevolencia más que tolerancia) me ha llamado la atención.
La palabra “benevolencia” significa literalmente: querer el bien. El amor de benevolencia, por ejemplo, es lo que distingue a la amistad de las otras formas de amar, especialmente del amor que se busca a sí mismo. En la benevolencia se busca el bien real y concreto de la otra persona. De ahí la nobleza de la amistad.

Para construir la paz tenemos que educarnos en la capacidad de mirar la vida desde la óptica del prójimo. Desde el otro. Poner al otro en el centro de mis preocupaciones.

Esto no es ingenua utopía. Aquí en Mendoza, hubo un tiempo en que el cuidado del ambiente (la acequia, el árbol y el agua) se hacía pensando en el bien de todos.

La tolerancia, aunque buena, es poca cosa. Es demasiado poco para la vida ciudadana, porque de lo que se trata es de la convivencia entre seres humanos. Es poco “tolerar” al otro. Estoy llamado a amarlo y a promoverlo en su dignidad de persona.

La pedagogía de la paz -continúa Benedicto- “supone la difusión de una pedagogía del perdón. El mal, en efecto, se vence con el bien, y la justicia se busca imitando a Dios Padre que ama a todos sus hijos (cf. Mt 5,21-48). Es un trabajo lento, porque supone una evolución espiritual, una educación a los más altos valores, una visión nueva de la historia humana”.

No hay vida común sin arrepentimiento y perdón. O, mejor, sin el amor que se hace perdón y que despierta el arrepentimiento.

La condición para todo esto es, según la enseñanza del Papa, “una rica vida interior, claros y válidos referentes morales, actitudes y estilos de vida apropiados”.

La construcción de la paz es obra de hombres y mujeres nuevos. Y Jesucristo es el que hace nuevas todas las cosas. La fe nos pone en comunión con Él.
Dios es el garante de la paz. Solo en Dios el hombre encuentra la paz que anhela.

Estas sencillas reflexiones están tomadas del n° 7 del Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Jornada mundial de oración por la paz 2013.


+ Sergio O. Buenanueva
Obispo auxiliar y
Administrador diocesano