A 50 años del Concilio Vaticano II

 

El Concilio Vaticano II ha sido "la gran gracia de la que la Iglesia se ha
beneficiado en el siglo XX" (Testamento del Beato Juan Pablo II).



En adhesión a los cincuenta años de la apertura del Concilio, la Arquidiócesis de Mendoza ha solicitado la inestimable ayuda de Fray Héctor Muñoz OP, para dar a conocer algunos de los grandes temas del Concilio.

En el marco del Año de la Fe, estos artículos de Fray Héctor seguramente nos
ayudarán a apreciar mejor la preciosa herencia del Concilio Vaticano II,
cuyo magisterio está en la raíz del camino de renovación que nuestra Iglesia
diocesana está recorriendo.


Nº 2: EL SUEÑO DEL PAPA BUENO, JUAN XXIII


El 25 de Enero de 1959, el Papa Juan XXIII tuvo una feliz idea y “un sueño”: proclamar a un Concilio ecuménico. En diciembre de 1961, por la Constitución apostólica Humanae salutis convocó al mismo y dio los siguientes lineamientos:

- La Iglesia siempre se ha mostrado como “maestra de verdad y administradora de salvación”.
- Ahora asiste a una grave crisis de la humanidad, con hondos cambios. Por ello se le exige “infundir en las venas de la humanidad actual, la virtud perenne, vital y divina del Evangelio”, dado que el progreso espiritual del hombre no ha seguido los pasos de su progreso material.
- Todo lo antedicho tiende a “probar cuán necesaria es la vigilancia y enseñar el sentido de la responsabilidad personal”; “a poner nuestra firme confianza en el divino Salvador”; “a ver indicios que hacen concebir esperanzas de tiempos mejores para la Iglesia y para los hombres”.


La Iglesia no ha permanecido ni puede permanecer como mera espectadora de lo que sucede en el mundo, por lo tanto, hay que ver la convocatoria al Concilio “como un don de Dios al mundo”.

Era necesario llamar la atención a todos los bautizados para que con su colaboración la Iglesia se capacitara para solucionar los problemas del hombre actual.

Por ello, se consideró que los tiempos estaban maduros para ofrecer a la Iglesia y al mundo el don de un Concilio ecuménico, para continuar con la trayectoria de los veinte Concilios que lo precedieron.
Por lo tanto, el Concilio se reunió en un momento en que la Iglesia quería fortalecer la fe, se miraba en el espectáculo de su unidad; se sintió con ferviente urgencia la necesidad de dar eficacia a una sana vitalidad y promover la santificación de sus miembros como así también aumentar la difusión de la Verdad revelada y la consolidación de sus instituciones.

Juan XXIII encabezó con profunda inteligencia y gran entusiasmo este verdadero “movimiento de renovación espiritual” en las estructuras y personas de la Iglesia. Así en 1963, dio su primer fruto sabroso en la Constitución Sacrosanctum Conciliumacerca de la Sagrada Liturgia.
Este cometido tan importante para la Iglesia nos permite llegar a las siguientes conclusiones:

- Un exceso en el “dormir” aletarga nuestras fuerzas y capacidades; pero quienes no tienen “sueños” jamás los verán plasmados en la realidad concreta de sus vidas.
- Juan XXIII fue llamado “Papa Bueno”, esto no excluye a otros que también lo fueron, sino que tuvo ese inmenso don de hacerse querer y a su vez querer a todo el que se cruzara en su camino.
- Siempre estuvo abierto a los hombres de buena voluntad, corriendo todos los riesgos que esta actitud conlleva. No sólo no eludió esa posibilidad, sino que salió a su encuentro, derribó barreras de odio e incomprensión. Aún no hemos tomado plena conciencia de su “sueño”, por lo que todavía estamos en deuda con él.


Fr. Héctor Muñoz op.