Sínodo para la Nueva Evangelización

 

[">Intervenciones de los Obispos Argentinos.
Roma, octubre 2012


Ponencia de Mons. Franzini - 9 de octubre

El Instrumentum laboris pide una más lograda comprensión de la identidad presbiteral, considerando los nuevos escenarios para la nueva evangelización y las situaciones de crisis y escándalo, que la afectan directamente. En relación a este tema, los obispos latinoamericanos señalaron en la Conferencia de Aparecida varios desafíos para la nueva evangelización y sus respuestas, que pueden ser tenidos en cuenta por el Sínodo. Reconocemos que la inmensa mayoría de los pastores vive fielmente su ministerio en medio de los desafíos del presente. Esto ha de ser motivo de gratitud y esperanza para toda la Iglesia. Las situaciones de escándalo por parte de algunos obispos y presbíteros, y las necesarias medidas que se han de tomar para evitar que dichas situaciones se repitan, no deberían hacer perder de vista que también es necesario favorecer el desarrollo de un ministerio pleno y fecundo de los pastores. Un ministerio presbiteral vigoroso reclama el compromiso personal de cada presbítero en su formación permanente, pero también necesita la propuesta institucional de las Iglesias particulares, por sí mismas o junto a otras Iglesias de la misma región o país. Los Obispos tenemos la responsabilidad primaria en esta tarea. Además, hay que tener presente que sin el testimonio entusiasta y contagioso de los sacerdotes es inútil cualquier intento de pastoral vocacional que interpele y motive a los jóvenes para una respuesta generosa al llamado a la vida sacerdotal. Se pide que el Sínodo agradezca y aliente el servicio fiel de los presbíteros y que oriente a las Iglesias locales sobre una pastoral presbiteral sistemática, que favorezca la genuina renovación de la vida y el ministerio de los pastores, para que sean los “primeros nuevos evangelizadores”.


Ponencia de Mons. Aguer - 10 de Octubre

Entre las causas de la situación actual de la fe hay que considerar los errores teológicos y filosóficos que circulan en los centros académicos, seminarios y noviciados y que se divulgan mediante la predicación y la catequesis para confusión del pueblo de Dios. La nueva evangelización requiere superar esos defectos que debilitan la certeza de la fe; para ello, cuidar que la formación de los agentes pastorales se ajuste al magisterio de la Iglesia.

Ante la emergencia de la cuestión antropológica, importa destacar la mediación de la filosofía, de una consideración metafísica de la persona que recoja y trascienda los válidos aportes científicos. Desde allí, por vía de participación, se abre el acceso al fundamento absoluto, a Dios. En el pensamiento cristiano se armonizan teocentrismo y centralidad del hombre, como alternativa al antropocentrismo radical que proponen algunas corrientes contemporáneas.

Se hace necesario desarrollar una nueva apologética, un discurso en favor de la fe cristiana, tanto de nivel académico cuanto catequístico-popular, que sea un itinerario propuesto a la inteligencia y al corazón de los hombres y las mujeres de hoy.


Ponencia de Mons. Lozano - 12 de octubre

La Iglesia de América Latina vive y evangeliza en la región más desigual del planeta. El Papa Benedicto XVI nos alentó a confirmar con nueva fuerza la opción por los pobres. La brecha entre los más ricos y los más desfavorecidos es enorme e infranqueable, evocando la parábola del pobre Lázaro que se alimentaba de las migajas del suelo. Hay países en los cuales la mitad de los pobres son niños. En nuestro continente y en el mundo la pobreza no es un problema meramente económico o sociológico sino evangélico, religioso y moral.

Una mínima parte de la población mundial acapara para sí los bienes de la creación. El consumismo derrochador y depredador está agotando los bienes de la creación. Los rostros de los pobres y excluidos son rostros sufrientes de Cristo. En una cultura que pretende esconderlos, transformarlos en invisibles o naturalizar la pobreza, la fe nos alienta a ponerlos en el centro de nuestra atención pastoral. No es posible pensar una nueva evangelización sin un anuncio de la liberación integral de todo lo que oprime al hombre, el pecado y sus consecuencias. No puede haber una auténtica opción por los pobres sin un compromiso firme por la justicia y el cambio de las estructuras de pecado. Nuestra cercanía con los pobres no sólo es necesaria para que nuestra predicación sea creíble sino también para que ella sea cristiana y no “una campana que resuena o un platillo que retiñe” (1 Cor 13,1). Cualquier olvido o postergación de los pequeños y humildes hace que el mensaje deje de ser Buena Noticia para devenir en palabras vacías y melancólicas, carentes de vitalidad y esperanza. Hace falta mirar a los pobres, convertimos a ellos para servir al Señor, a quien amamos.


Ponencia de Mons. Bressanelli - 18 de octubre

La conversión pastoral debe entenderse como un proceso y un itinerario de la comunidad cristiana en su totalidad y pluralidad que, abierta a los signos de nuestro tiempo, está llamada a testimoniar en el mundo el amor de Dios y la caridad fraterna, a hacer el anuncio de Jesucristo y a ofrecer la vida plena en Él.

Dicho en otras palabras, es una actitud de cada Iglesia Particular (cf. CD 11) que, en forma sinodal, en la unidad de todos sus miembros, y en las diversidad de carismas, vocaciones y ministerios, se compromete comunitariamente en una acción pastoral misionera, sintiéndose y actuando como cuerpo eclesial de Cristo que, en comunión con la Iglesia universal, se hace cargo de la misión que el Señor le confió. Se enraíza en dos pilares: la vocación universal a la santidad y la misión (cf. RM 90).

Convoca a la Iglesia a ubicarse pastoralmente en el espíritu y en los horizontes del Concilio Vaticano II. A saber: Mirar al mundo con fe, amor y compasión.

- Optar cristológicamente por los pobres. La Iglesia es de todos, pero especialmente de los pobres

- Apostar siempre al camino del diálogo, activo y propositivo

- Impulsar la inserción plena de los laicos y laicas en todas las esferas del mundo y reconocerles una verdadera participación y corresponsabilidad eclesial, valorando profundamente el rol de la mujer en la transmisión de la fe.

- Ejercer en su interior la autoridad como un servicio, a modo de Cristo servidor.
Esta conversión debe afectar a todos: Obispos, Presbíteros, Diáconos, Consagrados/as, Laicos/as. No puede haber conversión pastoral sin la conversión de los mismos pastores.

- Pide a la Iglesia revisar la validez y la actualidad de sus estructuras pastorales, para verificar su inspiración evangélica y su eficacia evangelizadora (cf. NMI 44). Aparecida llama "estructura caduca" a toda aquella realidad pastoral que no facilita la evangelización sino que se vuelve un obstáculo para comunicar el don del encuentro con Cristo. La renovación misionera de la Iglesia compromete a todos y pide "abandonar las estructuras caducas que ya no favorecen la transmisión de la fe" (DA 365).

La conversión pastoral le pide a la Iglesia la capacidad y humildad de purificar constantemente su memoria; exige creatividad y parresía para descubrir los nuevos paradigmas de la evangelización en una sociedad que cambia sus puntos referenciales. Es una gracia que debemos pedir en la oración al Espíritu Santo, que es el protagonista principal de la Evangelización.


Fuente: Equipo de Prensa y Comunicación de la Conferencia Episcopal Argentina

Publicado el 26/10/2012