Creación Banco Estatal Provincial

 

Declaración Equipo Diocesano de Pastoral Social

Sobre la Creación de un Banco Estatal Provincial


Visto que la ley respectiva ha sido sancionada y promulgada y mientras se están dando algunos pasos para su concreción antes de las elecciones, el Equipo Diocesano de Pastoral Social cree que debe expresarse, en cuanto esta iniciativa puede llegar a afectar, a breve, mediano y largo plazo, la convivencia de la sociedad mendocina, y por lo tanto sus relaciones éticas y los valores morales que nuestra sociedad quiere promover.

Debemos reconocer que la creación del banco es un anhelo de muchos mendocinos que vivieron la desaparición del Banco de Mendoza como una pérdida importante del patrimonio cultural, laboral, financiero y económico de la provincia.

Sin embargo, sigue siendo un tema para pensar...

Dejando de lado consideraciones técnicas y justificaciones que se esgrimen en uno u otro sentido, queremos llamar la atención de los ciudadanos, desde el primero de ellos, el Sr. Gobernador, Ing. Julio C. Cobos, hasta el más simple y humilde de los habitantes de esta provincia, pasando por los legisladores de ambas cámaras.

Hecha clara exclusión de toda ideología o pensamiento sectorial, de cualquier tipo que fuere, queda ante todo frente a nosotros la realidad y la experiencia decepcionante que expresa la historia del Banco de Mendoza según sus varias denominaciones y períodos.

Y esto ya es decir mucho; esto ya nos debe poner sobre aviso frente a otro intento más...

Apoyados en los conceptos de la enseñanza social de la Iglesia, que aquilatan décadas y centurias de experiencias en lo social, cabe que nos preguntemos si la refundación del banco estatal provincial figura hoy entre “las condiciones sociales que deben permitir a cada grupo y a cada persona alcanzar más fácil y más plenamente su propia perfección”; es a esto a lo que se aspira, al bien común, ése que es el bien de todos y el mal de ninguno, ése que es más que la suma de todos los bienes individuales, ése que la sociedad toda debe perseguir.

¿Corresponde que el Estado otra vez se encargue de gerenciar un banco estatal, sin que esto sea hoy, en las actuales circunstancias, necesario para lograr mayor equidad en el camino hacia el bien común?

Porque de esto se trata cuando hablamos de subsidiaridad: salir al paso de diversas falencias del sistema, cuando no se halla solución entre los diversos componentes sociales, pero también, no intervenir cuando la solución puede ser hallada – y de hecho lo es – a través de organizaciones privadas (bancos como sociedades anónimas o como cooperativas).

Vale también que todos los ciudadanos nos preguntemos: ¿No estaremos buscando la solución fácil, en vez de afianzar la participación a todo nivel, por ejemplo, a través de todo el sistema mutual, las ya mencionadas cooperativas de crédito, las sociedades de garantía recíproca, las sociedades de microcréditos, etc.?

Claro que parece más simple cargar con estas tareas a una sola entidad, el banco estatal, que acaba siendo un ente impersonal.

Pero también se corren más riesgos. Si las organizaciones intermedias se multiplican – bien reglamentadas y controladas – los riesgos acaban siendo menores en su entidad, y se logra un objetivo de máximo interés para la comunidad: la participación efectiva de sus miembros.

El nuestro quiere ser, por fin, un fuerte llamado a la solidaridad.

Escuchamos muchas veces que quien recibe no quiere que se le regale, quiere poder retribuir de alguna manera ese bien que la sociedad le está brindando.

Esto es la solidaridad, esa actitud racional y ética que nos hace responsables recíprocamente unos de otros.

“La solidaridad debe captarse, ante todo, en su valor de principio social ordenador de las instituciones”.

¡No nos vaya a pasar que, como el banco estatal supuestamente es de todos, no es de nadie! Así nos fue...