Homilía de Mons. José María Arancibia en la celebración a Santiago Apóstol, Patrono de Mendoza.

 

El camino de Santiago: ser testigos del Evangelio en la propia vida


1. El popular camino de Santiago, simboliza nuestra vida cristiana

Muchos conocen el "camino de Santiago", situado en España. Otros habrán sentido hablar de él. Su historia se remonta más allá de mil años. El sepulcro del apóstol Santiago, descubierto en Galicia, atrajo desde siglos a peregrinos de España y de Europa. Abriendo camino hacia la tumba del santo, se fue formando una enorme red de calzadas y senderos, hecha de miles de kilómetros; todos llevaban a la ciudad que hoy se llama: Santiago de Compostela. Las peregrinaciones fueron famosas y muy concurridas durante toda la Edad Media. Luego decayeron. Pero en tiempos modernos, han despertado el interés de mucha gente.

¿Qué buscaban aquellos caminantes, en días y meses de camino? Expresaban -ante todo- su fe en Jesús, anunciado por los apóstoles hasta los confines del mundo. Buscaban la conversión predicada por el Señor y sus discípulos. Marchaban por aquellos caminos, como simples peregrinos; en actitud humilde y penitente; ayudándose mutuamente en el camino; dependiendo también de la caridad de otros, a través de un largo itinerario. Por encima de todo, buscaban una renovación de su vida cristiana, tomando como ejemplo e intercesor al apóstol Santiago.

Compostela fue uno de los centros más apreciados por los peregrinos cristianos, junto con Roma y Jerusalén. Una cantidad de obras de arte, piedad y caridad muestra todavía su hondo significado: ermitas, iglesias, hospicios, monasterios, hospitales, albergues, etc. En 1993, la UNESCO lo declaró patrimonio de la Humanidad.

En la Biblia, el camino es signo de la búsqueda espiritual de cada persona. Supone el deseo de una meta; una elección conciente hacia ella, y el esfuerzo duradero para alcanzarla. Las encrucijadas del camino recuerdan las decisiones más costosas. El hombre peregrino encuentra en esta vida, por delante suyo, diversos senderos a elegir: unos llevan a la felicidad y a la concordia; otros terminan en la tristeza y en la discordia. Es preciso escoger y asumir las consecuencias. El camino, por tanto, es experiencia de un ideal no alcanzado, pero buscado con interés. Es un ejercicio de indigencia y de ayuda necesitada; de luz suplicada al cielo, para no equivocar el sendero. A su vez, todo camino presenta momentos de oscuridad y de cansancio; como de entusiasmo, y de esperanza.

El Evangelio de Cristo comienza anunciando: preparen el camino (Mc 1,3). Símbolo de la actitud vital para encontrar la salvación deseada. Luego, en el sermón del monte, Jesús invita a seguir la senda estrecha, y a dejar la más cómoda, que lleva a la perdición (Mt 7,13); algunos habrán pensado que era muy difícil. Pero cuando le preguntaron cómo acceder al Padre Dios, que Jesús les mostraba, Él les dijo: "Yo soy el Camino" (Jn 14,6). Más tarde, las primeras comunidades de creyentes usaron la palabra "Camino", para designar su misma vida cristiana. Es decir: el nuevo estilo de existencia, que a partir de la fe habían emprendido. Ellos habían descubierto la belleza de creer en Jesucristo, y querían seguirlo, a pesar de ser incomprendidos o rechazados. El mismo Pablo, confiesa haber acosado a los “seguidores del Camino” (cf Hech 22,4). Mientras que después, una vez convertido, precisamente de camino a Damasco, se manifiesta contento de haber sido encontrado por Cristo. Seguro de haber hecho de su vida una carrera para alcanzar la meta feliz que -como apóstol de Jesús- él proponía a los demás (Flp 3,12).


2. La Iglesia peregrina en Mendoza, revisa su propio caminar, desde la fe.

El pueblo de Dios en Mendoza, se reconoce peregrino. Ha recorrido un camino largo y no quiere abandonarlo. La fiesta de Santiago es una referencia a la historia de esta tierra, fecunda de esfuerzos y de luchas. Hoy se siente llamada a valorar de nuevo su fe y esperanza; a revisar con sinceridad la marcha de su vida cristiana. Con este fin, el obispo ha invitado a todas las familias y comunidades, a reflexionar sobre el camino de su existencia. No sólo para descubrir sus falencias y corregir errores; sino más bien para recuperar o afianzar el dinamismo entusiasta de su vida, a la luz de la Palabra de Dios. Situaciones de duda y desaliento no faltan. Los cambios de una sociedad pluralista exigen mayor convicción en las metas, que cada uno se propone, y que persigue como suyas. Todo caminante reconoce la necesidad de orientación segura y confiable; de otro modo peligra su marcha, y al final su llegada a buen puerto.

Me atrevo a preguntar: ¿qué ha aprendido Mendoza en tantos años? No hay duda que ha mejorado sus viñedos, y elabora vinos más sabrosos. Está ampliamente relacionada con el mundo, a través del comercio, el intercambio cultural y los medios modernos. Es una ciudad moderna y crece rápidamente; una provincia en constante desarrollo. La Biblia valora el progreso de los hombres, que se hacen cada vez más expertos en: preparar el surco, plantar la semilla, regar y cosechar. A partir de ese aprendizaje, los invita a reconocer a través de esa misma experiencia, que todo "procede de Dios Todopoderoso, que es grande en sabiduría y admirable en su consejo" (Is 28,29). Mucha gente creyente, así lo ha vivido, y así lo vive también hoy.

La Palabra de Dios, venerada por el antiguo pueblo, y ahora por todos los cristianos, es una luz incomparable para repasar el camino de la vida. Las comunidades están buscando en Ella el tesoro capaz de concentrar todo esfuerzo e interés; la perla preciosa que merece cualquier renuncia. Como pastor, he propuesto a las familias y comunidades afianzar su confianza en el Sembrador, que ofrece su Palabra poderosa, en todo tiempo y lugar; aun sabiendo que muchos la desoyen o descuidan. Al bendecir en febrero los nuevos frutos, alenté a todos a permanecer unidos a Jesús, porque como viña verdadera permite producir hermosos frutos de vida, con la savia de su gracia. Esta tarde, la fiesta del apóstol Santiago se convierte en otra ocasión especial, porque su figura recuerda grandes valores evangélicos, que vale la pena revisar.

Santiago es ante todo testigo de un encuentro feliz con Jesús, que le cambió la vida para siempre. Al celebrar su fiesta y patronazgo, renovamos la fe en Jesús, y abrimos el corazón a su Evangelio. Siguiendo el ejemplo del apóstol, repasamos la fe como una adhesión convencida a la persona de Jesús, más que verla como aceptación de una doctrina o de una moral. Si los avances de la ciencia o el comportamiento de los hombres cuestionan la fe, reconocemos -precisamente- la urgencia de ahondar la convicción creyente, y descubrir el fundamento de la confianza puesta en Jesucristo.
Mendoza ha tenido gente creyente y apostólica por siglos, que conviene recordar y agradecer. Ejemplos que iluminan la marcha actual de este pueblo; y que hoy siguen invitando a todos: porque es una verdadera dicha encontrar a Jesús, con un corazón abierto a su presencia y a su Palabra.

En el Evangelio de hoy (Mt 20,20-28), Santiago y su hermano Juan, se presentan a Jesús pidiendo un lugar importante en su Reino; pero reciben la lección de ponerse a servir, si quieren ocupar el mejor puesto. ¿Quién discute que la actitud servicial engrandece cualquier profesión, oficio o dedicación? Mendoza ha tenido y tiene gente laboriosa y entregada, de espíritu generoso y servicial. Sin embargo, al repasar nuestra marcha actual, encontramos necesidades que duelen y cuestionan, con mucha razón. ¡Que bueno será dejarnos interpelar por el patrón Santiago y por la Palabra de Dios! Para ello, es preciso tener espíritu atento y sencillo, como aquellos varones que aceptaron la lección dura de Jesús, que seguramente no esperaban.

Concluyamos expresando algunos deseos, en forma de súplica confiada:

- Nos ayude Dios para que, mientras Mendoza marcha y progresa, no descuide a sus pobres, indigentes, enfermos, jóvenes y niños, ancianos, prisioneros, desocupados..., sino que renueve su empeño en servirlos, con aquella preferencia que es distintiva de cristianos, creyentes y comprometidos.

- Que imitando a las comunidades primeras que descubrieron la belleza del camino cristiano, respetemos siempre más la dignidad humana en sentido amplio; hasta atrevernos a compartir entre todos, cuanto somos y tenemos, a fin de lograr el bienestar integral de la comunidad entera, en justicia, equidad y amor sincero.

+ Mons. José María Arancibia
Arzobispo de Mendoza