Misión en Cristo Obrero de Colonia Segovia

 

Misión de Verano del Seminario Nuestra Señora del Rosario

La misión se realizó en la comunidad Cristo Obrero de Colonia Segovia, desde 2 al 11 de enero, y participaron 21 seminaristas y dos formadores: P. Adrián Hernández y P. Diego Resentera. Es el tercer año de misión en el lugar, los seminaristas fueron apoyados por la gente de la comunidad y el párroco.

Testimonio de un seminarista

Por Cristian Pablo Figueroa


La misión forma parte de una de las actividades pastorales más significativas dentro de la formación de los seminaristas en esta dimensión. Es por eso que siempre ha sido valorada, pensada y preparada con mucho esfuerzo por los formadores y los seminaristas.

Todos los años, generalmente los primeros días de Enero, se lleva a cabo la actividad en cuestión en algún lugar de la Diócesis que responda a las expectativas formuladas por el Obispo en orden a la formación de los futuros presbíteros. A lo largo del trienio 2010-2012, la misión del Seminario se ha llevado a cabo en la comunidad Cristo Obrero, ubicada en la localidad de Colonia Segovia, del departamento de Guaymallén, comunidad perteneciente a la Parroquia “Nuestra Señora de las Mercedes”.

Cabe destacar que no se podría poner en marcha la misión sin la colaboración de algunas personas de la zona, que organizan eventos para juntar fondos para afrontar los gastos y que manifiestan permanentemente su cercanía y atención hacia los misioneros. Además, el Seminario realiza en Diciembre, y hace exactamente diez años, la Peña Folclórica dedicada al querido Cura Brochero, cuyos réditos económicos son en parte destinados a proporcionar todos los recursos requeridos para la misión.

En consonancia con el mandato evangélico, los seminaristas visitan a las familias de dos en dos, en torno a tres centros donde se desarrollan las actividades, las cuales han ido variando a lo largo de los tres años, pero han consistido fundamentalmente en proporcionar instancias para la formación, el acompañamiento, el encuentro espontáneo, el fortalecimiento en la fe y en la vida de oración de los miembros de esa comunidad cristiana.

Con este fin se organizaron en un primer momento encuentros para niños, jóvenes, adultos, y este año se ha apuntado a ofrecer instancias de profundización para aquellos que quieren comprometerse de una manera activa, por medio de encuentros para catequistas, encuentros bíblicos, litúrgicos, para manzaneras, etc. Por supuesto que un momento de encuentro especial lo constituye la celebración cotidiana de la eucaristía y la tradicional procesión con la imagen de la Santísima Virgen María.

La misión del seminario tiene la particularidad de que se lleva a cabo en su totalidad por parte de los seminaristas y los sacerdotes formadores que los acompañan (este año P. Adrián Hernández y P. Diego Resentera), y esto constituye un gran valor en orden a afianzar los vínculos de fraternidad y el entrenamiento en realidades pastorales concretas. No pocas veces los seminaristas han compartido la desazón de las puertas que se cierran y la poca participación, malos tragos en los cuales se ha propiciado el acompañamiento mutuo y el animarse en el camino. Pero también es hermoso compartir el consuelo de las casas visitadas, de contemplar en el rostro de las personas el deseo de Dios, de escuchar hablar de Él, de confiarle la vida, las necesidades, las dificultades y la acción de gracias. Es por eso que un momento fundamental lo constituye la oración y espiritualidad cotidiana compartida en comunidad durante esos días de misión, además del intercambio espontáneo de las vivencias que se van teniendo a lo largo de los días.

“Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente” (Mt 10, 8). Sin duda, si tuviésemos que sintetizar en pocas palabras las resonancias espirituales de la misión y el significado que tiene para nosotros, que estamos formándonos para el ministerio sacerdotal, estas palabras sencillas y claras del evangelio serían más que elocuentes. La predicación del Evangelio, el poder entrar a las casas y a los corazones de las familias, acompañando auténticos momentos de encuentro con el Señor, al cual se anuncia y se reconoce vivo y siempre presente en la Historia de Salvación de cada ser humano, tiene toda esta efusión de gracia y gratuidad expresada en forma sublime por estas palabras de Jesús que el evangelista Mateo ha querido dejar por escrito.

Por último, es en la misión donde descubrimos de forma nítida al Maestro que va acompañándonos de camino como a los discípulos de Emaús, haciéndonos arder el corazón por medio de sus palabras, abriéndonos los ojos en la Eucaristía y enviándonos a anunciar a nuestros hermanos que Él ha resucitado.