"La escuela católica vive con gozo y esperanza su servicio educativo"

 

Homilía de Mons. José María Arancibia en el 50 aniversario del Colegio Nuestra Señora de Lavalle. 21 de noviembre de 2011

"El mundo necesita gente de paz y de justicia; de solidaridad efectiva hacia los pobres y necesitados de ayuda; de reconciliación y de perdón. De personas deseosas de construir una cultura de la vida y del amor. Renovemos los ideales que dieron origen a este Colegio, y mantengamos vivo el propósito de trabajar por una educación integral y comprometida, a la luz del Evangelio”.

Texto del Mensaje

1.
Hace 50 años se fundaba en esta Villa el Colegio Ntra. Sra. del Rosario (1961). Los clases del primer secundario (ciclo básico y comercial), comenzaron al año siguiente. Los comienzos fueron de mucho esfuerzo y dedicación, en respuesta a una necesidad del pueblo. Aquel inicio estuvo marcado por la confianza en el trabajo compartido, y en el espíritu de servicio a la comunidad. Con el empeño de muchos, fue creciendo a través de los años, y logró incorporar el nivel primario (1985) y el terciario (1970: nivel elemental; 1985: enseñanza básica).

Hoy debemos un reconocido agradecimiento a Dios, y a tantas personas que en esta Villa y Departamento, o viniendo desde otros lugares, han colaborado, y siguen colaborando, con esta importante obra educativa y pastoral. Así como al comienzo tuvieron el apoyo de Mons. Alfonso María Buteler, y luego el de sus sucesores, como obispo de Mendoza me complace ofrecer mi reconocimiento y gratitud, a todos los sacerdotes, religiosas, directivos, docentes, padres de familia, alumnos, y empleados, que han levantado y sostenido este Colegio.

Confío que esta celebración preparada desde hace tiempo, les permite recoger y valorar los esfuerzos y los frutos de estos años fecundos. Como también, que les ayude a renovar el ideal institucional, para seguir brindando una educación integral a las nuevas generaciones.

2. En esta Eucaristía, que nos permite dar Gracias unidos a Jesús y a la Iglesia, hacemos memoria litúrgica de la Presentación de la Virgen María en el templo. Un hecho que no encontramos en los evangelios reconocidos, pero que fue narrado en escritos antiguos. Los cristianos lo celebran desde hace siglos. Al recordar el sentido del culto a María, el Papa escribió de esta celebración: "propone contenidos de alto valor ejemplar, continuando venerables tradiciones enraizadas sobre todo en Oriente" (Pablo VI en 1974: MC 8).

3. El tema central de la celebración es María como templo de Dios y santuario del Espíritu Santo, en razón de su fe y de su entrega. Así lo comenta S. Agustín:

"Santa María cumplió con toda perfección la voluntad del Padre, y por esto es más importante su condición de discípula de Cristo, que la de madre de Cristo; es más dichosa por ser discípula que por ser madre. María fue bienaventurada porque antes de dar a luz a su maestro, lo llevó en su seno.
...María es dichosa también porque escuchó la Palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo. Cristo es la verdad y Cristo tuvo un cuerpo: en la mente de María estuvo Cristo, como verdad, y en su seno estuvo Cristo hecho carne, con el cuerpo que había tomado. Y es más importante lo que está en la mente, que lo que se lleva en el seno.” (sermón 25)

María, es la llena de gracia, la pura y limpia concepción; templo de Dios y del Espíritu; servidora fiel del misterio de la salvación. Como Madre y Señora nos introduce en el misterio de Cristo, de la Iglesia, y de la vida cristiana.

María presentó al pequeño Jesús en el templo (Lc 2,22-24), y al cumplir doce años lo acompañó en peregrinación a Jerusalén (Lc 2,41-50). De sus labios escucho y creyó que Jesucristo se presentó como el verdadero templo de Dios (Jn 2,19-21), que había puesto su morada entre los hombres (Jn 1,14). Su cuerpo, imagen del viejo templo, fue destruido y vuelto a edificar con su muerte y resurrección (Jn 2,19-21). En él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad (Col 2,9). Desde que el Señor ha sido glorificado y ha subido al cielo, se hace presente en todos los lugares y tiempos. Sobre todo allí donde se celebra la santa Misa.

A su vez, cada fiel cristiano es templo de Dios, donde habita el Espíritu Santo (1 Cor 6,19); es miembro del Cuerpo de Cristo (1 Cor 6,15). El mismo Jesús prometió a quien le ama y cumple su Palabra, que vendría con el Padre para hacer morada en él (Jn 14,23).

4. La escuela católica vive con gozo y esperanza su servicio educativo, fundado sobre la persona humana creada a imagen y semejanza del Dios; llamada por vocación a un destino eterno; abierta a la Palabra que salva, para ser templo del mismo Espíritu Santo, que habita en el corazón del creyente. En estos tiempos, de tantos atropellos contra la vida y de violencia inhumana, se siente comprometida con la delicada misión de cuidar y defender la vida regalada por Dios, y enriquecida con tantos dones.

Por lo demás, la Iglesia, comunidad de creyentes y bautizados, es el templo de Dios, edificado sobre Cristo, fundamento y piedra angular. Sus miembros son piedras vivas; conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Por él, todos tienen acceso a Dios Padre, sin distinción alguna, en un mismo Espíritu (Ef 2,18-22). Poseen un sacerdocio santo, para ofrecer sus propias vidas.

La convivencia fraterna para la cual educamos, apunta a una verdadera amistad social, y a superar divisiones injustas; por eso se anima y se hace fuerte por el ideal cristiano de comunidad. Porque aun no siendo compartido por todos, ilumina y sostiene a los creyentes, que han de ser ciudadanos responsables en su Patria.

5. Cuando María presenta al Señor en el templo, la admiramos como “Virgen oferente” (fiesta de la Candelaria). Ahora la imaginamos ofreciendo su vida desde el comienzo, con la fe y el amor que la llevaron a aceptar el llamado de Dios, y a decir “yo soy la servidora del Señor” (Lc 1,38). Ella nos dejó el canto de las maravillas que Dios realizó, cumpliendo la antigua promesa. Supo reconocer así, desde su pequeñez, los dones admirables de gracia y salvación.

Con María sepamos hoy reconocer los dones recibidos en estos cincuenta años. Su actitud humilde y sencilla nos ayude a ser agradecidos y confiados. Incluso a pedir perdón por las ocasiones de infidelidad a la gracia.

Imitando el gesto de nuestra Señora, nos atrevemos a realizar nuestra propia ofrenda de vida, con alegría y generosidad. Las palabras de san Pablo nos animan: “..., hermanos, yo los exhorto por la misericordia de Dios a ofrecerse ustedes mismos como una víctima viva, santa y agradable a Dios: este es el culto espiritual que deben ofrecer. No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Romanos 12,1-2).


La Virgen del Rosario, ligada a la vida entera de Cristo, y a los misterios de la salvación, marque nuestra camino de educadores, catequistas y auténticos discípulos misioneros de Jesucristo. Que podamos caminar en la vida, avanzando y cantando siempre, porque nos alegra la Palabra hecha vida, que nos hace parientes de Jesús, como María y con ella.

“El mundo necesita gente de paz y de justicia; de solidaridad efectiva hacia los pobres y necesitados de ayuda; de reconciliación y de perdón. De personas deseosas de construir una cultura de la vida y del amor. Renovemos los ideales que dieron origen a este Colegio, y mantengamos vivo el propósito de trabajar por una educación integral y comprometida, a la luz del Evangelio”.