Comunicado del Consejo Especial para América

 

XVIª Reunión del Consejo Especial para América de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos
(27-28 de octubre 2011)


En la Exhortación Apostólica Postsinodal Ecclesia in America son diversas las llamadas al diálogo interreligioso y la nueva evangelización. Tales temas revisten una gran actualidad, sea por motivo de la reciente Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo, convocada en Asís por el Santo Padre Benedicto XVI, sea en vistas a la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe cristiana. Sobre estos temas se han concentrado los trabajos de la decimosexta reunión del Consejo Especial para América de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, realizada en los días 27-28 de octubre 2011 en la sede de la Secretaría General. Aparte de los asuntos arriba mencionados, el orden del día preveía, teniendo en cuenta Ecclesia in America, la consideración de la situación social y eclesial en
los diversos países del Continente.

Para introducir a la discusión el Secretario del Sínodo de los Obispos, el Excmo. Mons. Nikola Eterović, se ha referido al tema del diálogo interreligioso, al cual la Exhortación Apostólica Postsinodal Ecclesia in America dedica una notable atención. A este propósito, inspirándose en el encuentro de Asís, el Secretario General ha señalado la necesidad y la importancia del diálogo de la Iglesia Católica con otras Iglesias y Comunidades eclesiales, así como con los hebreos, los musulmanes y con representantes de otras religiones no cristianas. En este sentido, se hizo notar que Ecclesia in America presenta para la situación del Continente americano los criterios de la valoración de las religiones no cristianas ya expresados en la Declaración Nostra aetate, del Concilio Vaticano II, según los cuales la Iglesia católica no rechaza nada de aquello que de verdadero y santo existe en las religiones no cristianas, sino que afirma la especificidad original del cristianismo.

En la discusión sucesiva han aparecido muchos signos positivos pero también otros que suscitan preocupación, ya sea desde punto de vista de la vida de la Iglesia, ya desde punto de vista social. Propiamente en el ámbito del diálogo ecuménico e interreligioso se ha notado en ciertos casos una interferencia del Estado, que por una parte se autoproclama laico, pero por otra mantiene en la práctica una línea de conducta orientada a considerar la Iglesia católica como una entre tantas denominaciones religiosas, ignorando de este modo su verdadera naturaleza y el indiscutible rol histórico que ella ha tenido en la primera evangelización del Continente, como también en la formación de la identidad de las distintas Naciones. Al igual que esta estrategia seguida por las autoridades civiles el diálogo ecuménico e interreligioso es sustituido con el concepto genérico de “relaciones interreligiosas”. De este modo, no solo todas las religiones son consideradas como fenómenos de naturaleza espiritual en igualdad de condiciones, sino que se intenta ver la religión como un instrumento al servicio de la vida política. Por el contrario, la Iglesia en América está decidida a continuar con actividades ecuménicas e interreligiosas en la línea pastoral trazada por el Concilio Vaticano II y el Magisterio sucesivo. En este sentido se obtiene buenos frutos a través del diálogo con otras confesiones cristianas, con hebreos, así como con religiones no cristianas, especialmente los musulmanes, incluso si estos no representan un grupo numéricamente importante en la mayoría de los países. Muy significativa es en varios países la presencia de religiones indígenas, preexistentes a la primera evangelización. En ellas, la Iglesia católica busca descubrir elementos compatibles con el Evangelio, purificarlos e integrarlos convenientemente en la vida de las comunidades eclesiales locales. Más compleja se torna la relación con las sectas, verdadero desafío para la Iglesia en el proceso de la nueva evangelización. En efecto, a través de un fuerte proselitismo, las sectas se extienden velozmente en las grandes ciudades y donde la Iglesia tenga una presencia débil.

En el ámbito social, diversos signos de preocupación, como el crecimiento de la pobreza, la violencia, los valores contrarios al respeto de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, han sido considerados como resultados de la influencia negativa del proceso de secularización que se está extendiendo de Norte a Sur. También ha sido señalada la difícil situación social de Haití, consecuencia del terremoto, que se prolonga en el tiempo, agravada por las enfermedades y una situación social de fuerte malestar a la población local. Se espera que la solidaridad manifestada concretamente por los gobiernos e instituciones internacionales y por organismos eclesiales produzca mejores frutos en colaboración con las autoridades locales.

A esta realidad específica y geográficamente delimitada, se suma también en el contexto social, otro fenómeno de grandes proporciones que involucra todo el Continente: el movimiento migratorio, que representa hoy uno de los desafíos más apremiantes para la nueva evangelización. En este campo la Iglesia está comprometida con la promoción de programas sociales y de asistencia religiosa a los inmigrantes, con el fin de ayudar a la integración cultural y a la paz social. Si por una parte es necesario notar las graves dificultades que encuentran los inmigrantes en situación irregular, por otra es necesario manifestar los aspectos positivos del fenómeno migratorio, que llevan ya sea a una mejor integración de los diversos pueblos en la unidad del mismo Continente, ya sea a la conciencia de la necesidad de recorrer el camino de la solidaridad para resolver los problemas de modo global y eficiente.

En el campo eclesial, es motivo de consuelo el aumento de las vocaciones al sacerdocio, aunque de modo muy diverso según los países y las diócesis. Se verifica un aumento de las vocaciones masculinas al sacerdocio y a la vida consagrada, mientras la vida religiosa femenina crece más moderadamente y, en algunos ambientes, disminuye. En general se constata una buena disposición a la acogida de la fe por parte de las nuevas generaciones, que necesitan una sólida formación humana y cristiana.

Además, la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (13-31 de mayo 2007, Aparecida), continúa trayendo notables frutos. En diversos lugares se han lanzado programas pastorales a nivel local para aplicar las líneas pastorales del Documento Conclusivo de Aparecida, en continuidad con las orientaciones de la Exhortación Apostólica Postsinodal Ecclesia in America. De particular importancia es la conciencia que toda la Iglesia en el Continente debe estar en estado de misión. Los resultados de tal obra de evangelización son muy positivos. Para acrecentar este nuevo impulso misionero ha contribuido la esperanza suscitada por la buena acogida de los Lineamenta de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos que tendrá lugar del 7 al 28 de octubre 2012. En efecto, el tema La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana, no sólo encuentra eco en la Exhortación Apostólica Postsinodal Ecclesia in America, sino que ya es una constante preocupación de los pastores en América y, por ello, es muy apropiado para favorecer la discusión en las Iglesias particulares. Por este motivo, las Conferencias Episcopales están preparando solícitamente las respuestas al Documento de preparación poniendo en evidencia las urgencias pastorales de las distintas realidades locales.

Desarrollos ulteriores de la vida de la Iglesia en el Continente serán objeto de la próxima reunión del Consejo Especial para América de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, que se tendrá del 20 al 21 de noviembre 2012. La presente reunión se concluyó con la oración, confiando a la intercesión de la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de Guadalupe, la tarea de la nueva evangelización en el Continente americano.

Traducción No oficial
Pbro. Lic. Marcelo Cinquemani Arquidiócesis de Mendoza