La Virgen del Rosario nos regaló una gran fiesta de fe por la Vida

 

Más de 20.000 fieles celebraron a la Patrona de Mendoza en el Teatro Griego

El domingo 2 de octubre la Iglesia de Mendoza celebró a su patrona: La Virgen del Rosario. Una multitud de fieles rezaron y cantaron a su Madre, junto a Mons. José María Arancibia y Mons. Sergio Buenanueva que presidieron los festejos acompañados por los sacerdotes de la arquidiócesis, diáconos y seminaristas.

El lema que acompañó este gran encuentro de fe y alegría fue: “Con María, la Iglesia de Mendoza al servicio de la Vida y la Educación”, de esta manera se rogó especialmente por la Vida, por la Vida desde su inicio hasta su muerte natural, y que es por otra parte, el desafío pastoral de este año, y pedido especial del Papa, al declarar 2011, el año de la Vida.

Mons. Arancibia inició su mensaje resaltando el significado del momento, miramos a nuestra Madre con cariño, la celebramos, es nuestra patrona, “es una ocasión compartida, mencionó, para descubrirla y quererla, siempre más. En sus manos hemos puesto: todo lo que somos y tenemos, los católicos mendocinos”. Como Ella, destacó el obispo, queremos ser discípulos y seguidores de Jesús.

El arzobispo se refirió más adelante al gran desafío de la Iglesia mendocina y mundial: en la defensa de la vida, “invocamos a María: Madre de la Vida, dijo, este año está dedicado a la vida y agradecemos este don maravilloso del Creador. Cada ser humano posee una dignidad especial, porque en él hay un soplo de Dios. Su tarea principal es edificar una sociedad en paz y justicia; donde la convivencia armónica y feliz, sea una realidad”. Aunque también se lamentó por las veces que sufrimos por la impotencia de enfrentarnos con la mentira y la corrupción; con la violencia inhumana o el abuso de poder.

María acogió la Vida, en nombre de todos, y para bien de todos, a Ella pidió: “María, te confiamos la causa de la vida; mira a los niños que no han podido nacer; a los pobres que apenas sobreviven; a los hombres y mujeres que sufren violencia; a los ancianos y enfermos sin cuidado ni cariño”.

Así también, expresó, que María es maestra de sus hijos y es fiel Servidora que inspira a muchos servidores. Enseña e inspira. “Hoy, al proclamar el valor de la vida humana, resaltó, se hace más patente la necesidad de la educación. Por eso este año, hemos pedido la ayuda del Señor para los padres, maestros, docentes, catequistas, y comunicadores sociales”.

Muchos están preocupados por la educación y la Iglesia se atreve a considerarla en situación de “emergencia”. Y dijo: “Porque la educación es un derecho de todos, y a nadie le puede faltar su oportunidad. Porque la educación no puede estar centrada, en la urgencia de preparar gente para producir y competir. Tiene que desplegar los mejores valores que enriquecen al ser humano, y ayudarlo a superar cuanto arruina o daña su existencia.

Agradeció también “la vocación de servicio que dieron y dan tantos padres de familia, educadores, y catequistas. Gente buena, generosa y abnegada, de antes y de ahora. Dios los bendiga y consuele en sus dificultades. Como obispo les agradezco y los bendigo”.

Finalmente a los jóvenes una frase:” Es hermoso ser enviado a sembrar la Palabra, y más aún a cosechar la que el Señor siembra en los corazones. No tengan miedo, tendrán que sufrir, pero tengan valor, porque Jesús venció al mundo”. (Ver en nota siguiente texto completo).

La fiesta de Nuestra Madre del Rosario

El programa de celebraciones se inició a las 10:00 horas con la concentración de jóvenes en el Prado frente Ex Eureka, Av. Libertadores y calle P. Jorge Contreras. Allí, junto al arzobispo, esperaron la llegada de la Virgen que a las 11:00 horas, salió en procesión por las calles de Mendoza, desde la Basílica Nuestra Señora del Rosario.

En el lugar se rezó el Ángelus con los jóvenes y posteriormente acompañaron en peregrinación a nuestra Madre hasta el anfiteatro Frank Romero Day. La juventud de la Iglesia mendocina, venida de todos los departamentos de la arquidiócesis, anima particularmente este momento a la espera de la celebración de la Santa Misa.

Poco antes de las 16:00 horas hizo su entrada la Virgen del Rosario al Anfiteatro, donde es saludada con los pañuelos en alto y constituye un momento de especial emoción, se recibe a la Madre, que es venerada por muchas advocaciones en esta tierra de María, que siempre ha demostrado una profunda vocación mariana.

Su bella imagen es colocada en lo alto del gran escenario, junto al altar, desde donde el arzobispo preside la celebración Eucarística. Junto al obispo auxiliar, en la oportunidad concelebraron también, dos sacerdotes del convento de los dominicos, que están a cargo de la basílica de Nuestra Señora del Rosario.

Al término de la santa Misa, Mons. Buenanueva hizo entrega de la Cruz, que peregrina con los jóvenes desde hace diez años, al decanato del Valle del Uco, quienes durante un año custodiarán la “Cruz peregrina de los jóvenes”.

Luego, la imagen de la Virgen fue llevada al centro del espejo de agua, allí los obispos, como todos los años, realizan junto al pueblo “la entrega confiada a María”. Como se enfatizó en toda la celebración, Mons. Arancibia, rogó especialmente por la Vida, por la vida de los más débiles y desamparados. Entregó en sus manos, a su maternal cuidado, a las familias, madres, padres, jóvenes, ancianos y niños.

En el canto de la folklorista Juanita Vera se expresó el cariño emocionado a la Virgen, ella entonó la canción (una tonada) a la Virgen del Rosario, que tiene un significado muy especial para los católicos de Mendoza, pues su letra fue escrita por el querido Padre Jorge Contreras. “Virgencita del Rosario...del cielo caiga una luz...reza el estribillo, y seguramente es la luz con que nuestra Madre nos ilumina el camino. Nosotros celebramos una fiesta en su Honor, pero ella nos regaló el don de valorar desde la fe, la Vida que nos regaló el Señor.

En la bendición final Mons. Arancibia recalcó que “esa bendición” impartida por él a los fieles que estaban allí, fuera llevada a todos los lugares para aquellos que no pudieron estar presentes. Una bendición con una “misión”.

Se finalizó con un espectáculo artístico, canciones, bailes folklóricos, una gran danza de alegría y canto en honor a nuestra Patrona de la Iglesia de Mendoza.

Un agradecimiento sentido para todos los que trabajaron en preparar esta hermosa fiesta.