“Para que el mundo crea”

 

Misión Latinoamericana 2011 - Pastoral Universitaria de Mendoza

Del 10 al 17 de julio, los jóvenes de la Pastoral Universitaria de Mendoza se reunieron en Tupungato para la Misión Anual 2011. Divididos en 3 zonas (Guadalupe, San José y Villa Bastías) cada uno iba a entregar su corazón y toda su fe a aquellos que no conocían o ya sentían a Cristo en su interior.

La Misión Latinoamericana es un encuentro de misioneros universitarios con Cristo. Surge en el año 2004 como proyecto de la Pastoral Universitaria de la Pontificia Universidad Católica de Chile, a raíz de las miradas y esperanzas que el Papa ha puesto en los jóvenes de Latinoamérica.

Muchos de los misioneros volvieron con ganas de querer cambiar la dura realidad en un instante, otros con la alegría de haber recibido mucho más de lo entregado en cada hogar visitado y algunos con el fuego encendido en el corazón, fuego que lleva a querer encender otros y no abandonar el camino que nos indica el Señor.

Testimonios misioneros

Andrés Jordán. Estudiante de Diseño Industrial


“La Misión Latinoamericana llega en el cierre de un proceso de reconversión, que había comenzado en el año 2009, con otros de los grandes proyectos de la PUM, el Manos a la Obra. Allí comenzó a encenderse dentro de mí ese fuego que nos hace sentir Jesús y fue en la misión donde terminó de encenderse.
El estar en Villa Bastías y misionar en zonas de extrema pobreza me hizo ver las realidades que viven las personas que residen allí. En la mayoría de los casos es lo que les ha tocado vivir y lo único que conocen.

Mucha gente que no camina entre las casitas de adobe y nylon habla de las drogas, prostitución, pobreza y delincuencia que frecuenta la zona, pero algo totalmente distinto es entrar en esas casas, en los corazones de esas personas.

En cada uno de los hogares me abrieron las puertas y en cada uno de ellos entré sin ningún temor ni prejuicio. Encontré gente dispuesta a compartirnos sus problemas y lo más importante, a escuchar lo que tenía para decirles. En sus ojos y en sus actos se percibía la presencia del Señor y en cada bendición de su hogar sentía la tranquilidad que ese acto les transmitía.

Me di cuenta de la mucha falta que les hace algo en qué creer, qué confiar, algo que les de esperanza de salir adelante. Me emocioné al ver cómo un niño que no podía caminar se arrastraba hacia mí para recibir un simple gesto de cariño o para darme una sonrisa al encontrar nuestras miradas; o cuando otro niño no vidente buscaba con sus manos las manos de mi compañera misionera. Me llené de alegría al ver cómo 3 hermanitos se paraban delante de mí esperando que les hiciera la señal de la cruz en la frente con agua bendita o cuando me contaban que rezaban para apartar los miedos.

Sensaciones muy fuertes viví y compartí, no sólo con la gente del lugar, sino que también con mis compañeros de la zona que compartieron las experiencias conmigo, compañeros que el primer día fueron desconocidos pero que el último ya se habían convertido en hermanos. Ahora, de regreso en Mendoza, en la rutina de todos los días, recuerdo esos 7 días vividos en la misión y me reconforta el corazón saber que en Tupungato tengo gente que se alegrará cada vez que vaya a visitarlos, a charlar, a enseñarle a rezar, a mostrarles que hay un Dios que les puede dar todo lo que les falta en este mundo. Ahora se que tengo hermanos con los cuales recorrer este camino que tan difícil es de transitar, pero que al final nos espera la felicidad.

Todo esto fue lo que un misionero, desde su sencillo lugar, se atrevió a vivir en la Misión Latinoamericana, en la Pastoral Universitaria Mendoza, donde se viven grandes momentos, grandes emociones, grandes experiencias".

Emilce Vargas. Estudiante de Comunicación Social

“Antes de emprender el viaje hacia Tupungato me interioricé en la palabra misionar, quería saber realmente de que se trataba esta experiencia. Había participado ya en dos ocasiones en la Pum (manos a la obra) pero como misión era mi primera vez y tenía un cierto temor a lo desconocido, a quizás no poder hacerlo bien.

Hoy, estoy segura que esta frase lo resumiría todo: “misionar es abandonarse en Dios”, el misionero no es aquél que sabe todo y por eso sale a comunicarlo a los demás, es quien reconociendo sus límites sabe que Dios le dará las fuerzas necesarias y las palabras adecuadas para poder transmitir la buena noticia.

Me encontré con gente que en su libertad de fe y hasta por distintos caminos van dispuestos a entregarse por un IDEAL EN COMÚN, me encontré con personas que me demostraron que la espiritualidad del misionero es la del caminante. El caminante ama el camino por donde transita, inclusive con sus piedras. Y la humildad, porque sabe que lo que anuncia no lo inventó él, sino que el mensaje es de Dios, nosotros solo somos su instrumento.

Fui a misionar y volví misionada, con muchas cosas por crecer, con muchas cosas por madurar pero sabiendo que Él me da la oportunidad de abandonarme en sus brazos. Y mientras más lo hago, más plenifica mi vida.

La misión para mi fue una experiencia hermosa, me llenó el alma. Fue la entrega absoluta de ser peregrina y de hacerme pequeña para poder renunciar a mi misma y seguirlo, dando a conocer aquello que nos hace felices a personas que no lo conocen. Vuelvo con el corazón estrujado de felicidad por todo lo compartido en comunidad tanto interna como externamente. GRACIAS LATINOS, GRACIAS SAN JOSÉ, los quiero.”