La Fiesta de Corpus: la Buena nueva de la Vida, promesa, comunión y compromiso.

 

Eucaristía: vida en abundancia

En la tarde del pasado sábado la Iglesia en Mendoza conmemoró la Solemnidad del Corpus, una verdadera fiesta con la Basílica San Francisco desbordada de fieles, que junto a sus pastores ratificaron su compromiso con la Vida en la celebración de la Eucaristía.

La Misa estuvo presidida por el arzobispo Mons. José María Arancibia, concelebrada con el obispo auxiliar, Mons. Sergio Buenanueva, junto a numerosos sacerdotes de la arquidiócesis.

Iluminados con el lema: “Eucaristía: vida en abundancia”, este año se tuvo especialmente en cuenta los temas de la “vida”, la “educación” y las “vocaciones”. Participaron los colegios católicos, representados por los abanderados, directivos, docentes y alumnos, como así también personas involucradas en las distintas pastorales que tienen que ver con el Evangelio de la Vida: mamás embarazadas, pastoral de la salud, ancianos, y fieles laicos en general, los cuales tomaron parte de la liturgia con solemne atención.

En su mensaje el arzobispo puso la atención en la Vida, tema excluyente en la celebración. Su homilía destacó diferentes aspectos relacionados con la Vida en abundancia que quiere y nos ofrece Jesús para todos, entre ellos, el obispo expuso sobre: el secreto que esconde la promesa de Jesús, la vida humana que es apreciada, y a la vez maltratada, la Buena nueva de la Vida, Jesús que ofrece la vida eterna, la Eucaristía que es comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo y la Comunión eucarística que promueve el compromiso.

Al finalizar su homilía, Mons. Arancibia exhortó al compromiso que surge de la comunión, de todos y cada uno, un desafío para seguir adelante, dijo el obispo:”De cada comunidad se esperan signos solidarios de compromiso social, en los ambientes donde se mueve. Con una nueva "imaginación de la caridad", como recomendó el querido Juan Pablo II (cf NMI 50). Nadie puede ser ajeno a los grandes sufrimientos que vive la mayoría de nuestra gente. La misión de los cristianos en el mundo, lleva unida la preocupación por la dimensión trascendente del ser humano y por todas sus necesidades concretas. Sólo así todos podrán alcanzar la plenitud que Jesucristo ofrece. Que hoy la celebración de la Eucaristía y la adoración compartida de su Cuerpo y Sangre, despierte en nosotros el deseo intenso de esta Vida plena y eterna”. (Ver en nota aparte texto completo de la homilía).

Posterior a la celebración se realizó la procesión con el Santísimo dentro del mismo templo, donde junto a las oraciones y cantos de adoración hubo testimonios de vida, tanto referidos a la salud, como a la educación, y súplicas, en la plegaria común como individual, de no alejarnos del evangelio de Jesús expresado en nuestras propias vidas.

Así también se oró especialmente con la Oración por la Vida, de Juan Pablo II, y en el canto de “Quédate con nosotros Señor”, se expresó el deseo del corazón que la comunidad quiso llevarse a sus propios lugares: “Quédate con nosotros, quédate Señor de la paz. No nos dejes tan solos, danos siempre tu amistad”.