"Eucaristía: vida en abundancia"

 

Homilía de Mons. José María Arancibia en la Celebración de Corpus Christi. Basílica San Francisco - 24 de junio de 2011.

1. ¿Qué secreto esconde la promesa de Jesús?


La fiesta de Corpus es siempre hermosa y motivo de esperanza. Con el lema de este año ponemos el acento en las palabras de Jesús: “... he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). Esa es la promesa del buen Pastor. Del Pastor único, perfecto, y bello, como le llama la Biblia. El que cuida bien a sus ovejas y las lleva a buenos pastos; a diferencia de todo ladrón, que viene a robar, matar y destruir.

¿Cuál es la vida en abundancia que él ofrece? Quizás pensamos enseguida en una vida de muchos años; con salud, buena educación, y algún bienestar; vida en familia, con amigos, junto a gente querida. Pero la promesa de Jesús parece esconder un secreto. ¿Por qué? Porque ofrece un don que se escapa a la simple mirada humana; un don que proviene del corazón de Dios, y se comprende únicamente desde la fe.

2. La vida humana es apreciada, y a la vez maltratada

Se afirma que el amor por la vida es un valor fundamental de nuestra cultura argentina. Al igual que la amistad, la libertad, la solidaridad, el aprecio por la familia, el amor a la tierra, etc (HBJS 10). De hecho, la cultura actual destaca la dignidad de la persona humana; la sabiduría ante la vida; la pasión por la justicia; la esperanza y la alegría de vivir, aún en condiciones muy difíciles (cf DA 7).

Aunque no podemos olvidar, que también hay personas que no encuentran sentido a su vida; que no pueden reconocer la belleza de la existencia (HBJS 25). Más aún, preocupan tantos atropellos que van contra la vida humana. Es cierto que la historia de la humanidad los denuncia desde el principio. Un antiguo sabio ya lo decía, un siglo antes de Cristo: “No hay cosa que los humanos traten de conservar tanto, ni que administren tan mal, como la vida” (Cicerón +43 a.C).

Los tiempos modernos han traído mayor conciencia sobre la dignidad de la vida, Y al mismo tiempo, aunque parezca mentira, nuevas y graves amenazas. El Vaticano II, hace más de cuarenta años, hizo una denuncia valiente de cuanto se opone a la vida; como los homicidios de cualquier género, los genocidios, el aborto, la eutanasia, y todo aquello que viola la integridad de la persona (cf GS 27). Un panorama alarmante, que se va agrandando con el progreso científico, dando lugar a nuevas formas de agresión contra la dignidad del ser humano; con un agravante: la opinión pública y las leyes justifican, en muchos casos, esos atentados (cf EV 4). Por eso la Iglesia sigue encomendando a padres, docentes y catequistas, educar en el respeto a la vida humana (cf EV 82. 92).

3. La Buena nueva de la Vida

La vida humana ocupa un lugar privilegiado en el Evangelio que creemos y anunciamos. Los creyentes “bendecimos a Dios por la dignidad de la persona humana, creada a su imagen y semejanza. Nos ha creado libres y nos ha hecho sujetos de derechos y deberes en medio de la creación” (DA 104).

“Alabamos a Dios por el don maravilloso de la vida y por quienes la honran y la dignifican al ponerla al servicio de los demás; por el espíritu alegre de nuestros pueblos que aman la música, la danza, la poesía, el arte, el deporte y cultivan una firme esperanza en medio de problemas y luchas. Alabamos a Dios porque, siendo nosotros pecadores, nos mostró su amor reconciliándonos consigo por la muerte de su Hijo en la cruz. Lo alabamos porque ahora continúa derramando su amor en nosotros por el Espíritu Santo y alimentándonos con la Eucaristía, pan de vida (cf. Jn 6, 35)” (DA 106).

5. Jesús ofrece la vida eterna

La vida que Jesús promete y regala, no es una prolongación sin fin de la vida terrena. Él ofrece vida nueva y eterna, que -ante todo- consiste en: creer en Él. La fe cristiana introduce en el misterio de Dios y permite participar de su misma vida. Secreto y misterio insondable, que nunca admiramos ni agradecemos bastante. Desde allí se da una oportunidad maravillosa:

“Ante una vida sin sentido, Jesús nos revela la vida íntima de Dios en su misterio más elevado, la comunión trinitaria. Es tal el amor de Dios, que hace del hombre, peregrino en este mundo, su morada: "Vendremos a él y viviremos en él" (Jn 14, 23). Ante la desesperanza de un mundo sin Dios, que sólo ve en la muerte el término definitivo de la existencia, Jesús nos ofrece la resurrección y la vida eterna en la que Dios será todo en todos (cf. 1Cor 15, 28). Ante la idolatría de los bienes terrenales, Jesús presenta la vida en Dios como valor supremo: "¿De qué le sirve a uno ganar el mundo, si pierde su vida?" (Mc 8, 36) (DA 109). Ante la ansiedad por gozar de todo, “Jesús propone entregar la vida para ganarla, porque "quien aprecie su vida terrena, la perderá" (Jn 12, 25). Es propio del discípulo de Cristo gastar su vida como sal de la tierra y luz del mundo. Ante el individualismo, Jesús convoca a vivir y caminar juntos. La vida cristiana sólo se profundiza y se desarrolla en la comunión fraterna.” (DA 110). ¡Que importante es que la familia, la escuela y la comunidad cristiana ayuden a descubrir este sentido de la vida!

6. La Eucaristía es comunión con el Cuerpo y la Sangre de Cristo

Este es el anuncio gozoso de hoy. Hecho realidad y comida en la Misa. Presencia real que adoramos, rezando como pueblo de Dios, por las calles de nuestra ciudad. Dice Jesús: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo” (Jn 6,51). La promesa de Jesús es firme y segura: Él resucitará a los que coman su Cuerpo. Más todavía: ya desde ahora permanece en el corazón del que come; y el que comulga permanece en Jesús (cf Jn 6,54.56).

El Cuerpo entregado de Cristo y la sangre derramada, revelan la grandeza del amor del Padre. Muestran qué precioso es el hombre a los ojos de Dios; qué inestimable es el valor de la vida (cf EV 25,3). Hemos sido rescatados, no con oro ni plata, sino con su sangre preciosa (cf 1 Pe 1,18-19). Al comer su cuerpo y beber su Sangre, los hombres encuentran la fuerza para darse a sí mismos en generosa entrega; aprenden a comprometerse en favor de la vida; encuentran el motivo más grande de esperanza; la certeza de que la vida vencerá sobre la muerte.(cf EV 25,4-5). Esta fuerte convicción de fe, que da lugar a una manera de vivir, necesita ser educada y acompañada.

7. La Comunión eucarística promueve el compromiso

El respeto por la vida y la familia es una de las metas trazadas para celebrar el Bicentenario de la Patria. Pero ese compromiso será muy frágil “sin una educación y una legislación que trasmitan una profunda convicción moral sobre el valor de cada vida humana” (HBJS 32). La familia, la escuela y los medios de comunicación tienen un rol intransferible. Como el de la Iglesia, que debe evangelizar con nuevo ardor, revisar su tarea catequística, y animar la celebración fructuosa de los sacramentos.

De aquí brota un desafío exigente, que a su vez está cargado de esperanza. p176 176. La Eucaristía, signo de la unidad con todos, nos plantea la exigencia de una evangelización nueva e integral (cf DA 176). En América, la mayoría de los católicos vive bajo el flagelo de la pobreza; ya sea económica, física, espiritual, o moral. Si Jesús vino para que todos tengamos vida en plenitud, tenemos la hermosa ocasión de responder a las grandes necesidades de nuestro pueblo. Para ello, debemos seguir el camino de Jesús, y como Él, llegar a ser buenos samaritanos. De cada comunidad se esperan signos solidarios de compromiso social, en los ambientes donde se mueve. Con una nueva "imaginación de la caridad", como recomendó el querido Juan Pablo II (cf NMI 50). Nadie puede ser ajeno a los grandes sufrimientos que vive la mayoría de nuestra gente. La misión de los cristianos en el mundo, lleva unida la preocupación por la dimensión trascendente del ser humano y por todas sus necesidades concretas. Sólo así todos podrán alcanzar la plenitud que Jesucristo ofrece. Que hoy la celebración de la Eucaristía y la adoración compartida de su Cuerpo y Sangre, despierte en nosotros el deseo intenso de esta Vida plena y eterna.