Algunas reflexiones en torno al Suicidio Asistido

 

Nota: Pbro. Lic. Ricardo Poblete. Master en Bioética

Hace pocos días atrás hemos podido ver la transmisión realizada por la BBC de Londres del suicidio asistido de una persona mayor, afectada por una enfermedad neuronal sin posibilidad de cura por el momento. La misma, decidió acudir a una clínica suiza donde la proveyeron una ingesta para dormirse y luego morir. Lo hizo con plena lucidez y con el aval de su esposa.

Sin entrar en una valoración moral subjetiva, sin juzgar, porque sólo a Dios corresponde, nos podemos y debemos plantear el hecho desde un punto de vista objetivo.

Ningún ser humano tiene como propiedad absoluta su propia vida, y por lo tanto no podemos disponer de ella.

Un hecho de semejante naturaleza implica contradecir la más elemental tendencia humana que es proteger y conservar la propia vida.

No podemos dejar de considerar el sufrimiento que se avizoraba en el futuro horizonte vital de dicha persona, el panorama degenerativo e irreversible que lo afectaba. Un panorama sombrío.

Surge aquí una pregunta: ¿por qué ese pánico al sufrimiento que la enfermedad le iba a ocasionar?

Una pregunta difícil de responder en la concreción de cada persona. Sin embargo, es preciso reconocer el impacto cultural de una sociedad que le huye al sufrimiento; de una ‘calidad de vida’ que es contemplada casi exclusivamente como un bienestar a disfrutar. En semejante contexto es lógico que sea casi imposible intentar descubrir un sentido humano al sufrimiento.

Es preciso también hacerse otra pregunta: ¿es una decisión valiente, o más bien cobarde? Reitero, que sin entrar a una valoración moral subjetiva, parece que lo que aparentemente se pretende presentar como una decisión de mucho coraje, en realidad es una huída cobarde de un sufrimiento provocado por una enfermedad incurable. Cobardía que abarca también a distintos estratos de familiares y de la sociedad que no cultivan la virtud de la fortaleza para hacer frente a profundas dificultades como es una enfermedad irreversible.

Es más difícil afrontar en el tiempo un deterioro de la salud de un ser querido acompañándolo tiernamente, que en un momento poner fin a su existencia, aunque lo pida y realice él mismo.

Por otra parte, no es casual ni inocente que un Medio de Comunicación presente el hecho. Es una clara tendencia para ir generando un ‘cambio’ de mentalidad en las personas para que se vaya aceptando progresivamente decisiones de este tipo. Una presentación que la podemos calificar análogamente como obscena.

Finalmente, ¿Por qué los mismos Medios de Comunicación no mencionan y muestran a numerosas personas que afrontan con valentía su enfermedad, a sus familias y al personal sanitario que acompañan en su dolor y sufrimiento las personas murientes?

Nota: El P. Poblete es Profesor de Teología Moral en el Seminario de Mendoza, en el Instituto “Pablo VI” y en el Instituto de Bioética de la UCA.