“Paz a todos ustedes, en Jesús resucitado”.

 

Mensaje Pascual del Arzobispo de Mendoza, Mons. José María Arancibia y del Obispo auxiliar, Mons. Sergio Buenanueva, a la comunidad mendocina

Los católicos estamos celebrando la Pascua, nuestra principal fiesta litúrgica. Como cada año, deseamos hacer llegar un saludo cordial a todos los mendocinos.

Somos hombres y mujeres de fe. Creemos en Dios. No podemos ocultarlo, ni nos parece bueno disimularlo. Siguiendo la experiencia de fe del pueblo judío, hemos aprendido a reconocer la presencia de Dios en lo vivo de la historia. A partir de esta experiencia se han consolidado las convicciones más hondas que sostienen nuestro compromiso con la vida.

La Pascua es el momento más intenso de esta experiencia del Dios amigo de los hombres. “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él”, escribía el Apóstol Juan casi al promediar el siglo I. Se refería precisamente a la Pascua de Jesús. La fe cristiana es básicamente nuestro sí a Dios, manifestado en la pasión, muerte y glorificación de Cristo.

En la pasión y muerte en cruz de Jesús reconocemos al Dios vivo que carga sobre sí todo el dolor del mundo. Vence el mal con su amor humilde y lleno de mansedumbre. La fe que hemos recibido de los apóstoles confiesa que la resurrección es el acto supremo de Dios que rescata a su Hijo del poder de la muerte, e introduce la potencia creadora de su Espíritu en el drama de la historia humana. “Murió por nuestros pecados, resucitó para nuestra justificación”, escribía el Apóstol Pablo a los cristianos de Roma.

La fe en el Dios que resucita a los muertos es nuestra posesión más preciosa y nuestra alegría más grande. Jesús lo explicó magistralmente en una de sus inolvidables parábolas: “El Reino de los Cielos -decía- se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.” (Mt 13,44).

Al saludarlos por Pascua no podemos dejar de compartir la riqueza inestimable de nuestra fe en el Dios vivo que ama la vida, con todo el que quiera recibir este saludo.

Saludamos, ante todo, a todos los que comparten con nosotros la misma fe en Jesucristo, Redentor del hombre, aunque no estén en plena comunión con nosotros. El mismo bautismo salvador nos une y nos hace testigos de Cristo en medio del mundo. ¡La gracia de Cristo esté con ustedes!

Saludamos también a la comunidad judía de Mendoza. Los cristianos leemos con fe las Escrituras de Israel, reconociendo en ellas al Dios vivo que se reveló a Moisés en la montaña de alianza, confiando su Nombre santo para que podamos invocarlo. ¡La paz a ustedes, hijos de Abrahám, Isaac y Jacob, a quienes Dios habló primero!

Saludamos de manera especial a todos aquellos que creen en Dios. En muchas ocasiones, en estos años, nos hemos reunido para compartir nuestras tradiciones y orar por la paz y la convivencia de los pueblos. ¡Ofrezcamos a toda la sociedad el testimonio de que la fe en Dios, lejos de ser una amenaza, es una experiencia que enriquece y eleva la convivencia de todos!

Tenemos también un saludo y una palabra de amistad para todas las personas que no se reconocen creyentes. Compartimos una casa común: Mendoza. La amamos y, por eso, nos duelen sus heridas, sus proyectos frustrados, sus ilusiones no cumplidas. Aunque tenemos miradas distintas sobre muchas cosas, es posible encontrar puntos de acuerdo para ofrecerle a las futuras genera-ciones una sociedad más humana.

Quisiéramos también dedicar una palabra a todos los que se encuentran probados por el dolor, el cansancio o la desilusión. Pensamos también en quienes no lograr pacificar sus corazones, y se encuentran tentados por el resentimiento, la ira o alguna otra forma de violencia, fruto del enfren-tamiento entre las personas. Tampoco queremos dejar de tener presentes a quienes se sienten alejados de nosotros, experimentan rechazo por la Iglesia o sencillamente no comparten nuestra forma de ver las cosas.

De todas las posibles palabras que pudiéramos dirigirles, elegimos una. Es la palabra que, según los evangelios, Cristo resucitado pronunció al hacerse presente entre los suyos, la mañana de re-surrección: “Paz con ustedes”. La paz (el “shalom” bíblico) es una palabra que encierra muchas cosas. Es como una armonía de guitarra: pulsamos varias cuerdas para que suene un sonido. Es un deseo de reconciliación, una invitación a reencontrar el camino de la amistad perdida, un reconocimiento de que estamos llamados a superar controversias, a aceptar con humildad nuestros yerros y, sobre todo, a abrirnos a un don que viene de lo alto.

Con esta palabra: “Paz- Shalom”, cerramos y resumimos este mensaje y este saludo pascual: “Paz a todos ustedes, en Jesús resucitado”.

Domingo 24 de abril de 2011, Pascua de Resurrección

+ José María Arancibia
Arzobispo de Mendoza
+ Sergio O. Buenanueva
Obispo auxiliar de Mendoza