Jubileo San Juan Marón

 

Cien años de misión y 50 de parroquia en Mendoza

Homilía de Mons. José María Arancibia en la celebración patronal y jubileo de la comunidad maronita en Mendoza. 13 de marzo de 2011.

1. Es un honor y una gran alegría para mi, como arzobispo de Mendoza, presidir esta celebración. Hoy damos gracias a Dios por el centenario de la misión maronita en estas tierras, y por los cincuenta años de la parroquia dedicada a san Juan Marón en Mendoza. Así comenzamos este insigne Jubileo, del cual se esperan abundantes frutos espirituales, hasta completarlo el año próximo. Me complace formular un deseo lleno de esperanza: que el año jubilar, sea un largo tiempo de gracias especiales y de bendición para todos.

Lamento no acompañar en esta ocasión al querido hermano Charbel Mehri, obispo eparca de la Eparquía de San Charbel en Buenos Aires. Hubiera sido una ocasión hermosa para disfrutar de la liturgia maronita presidida por su Excelencia. He aceptado sin embargo la invitación a presidir hoy y aquí la Eucaristía en rito latino, con todos ustedes, como una ocasión especial; no sólo para unirme a la acción de gracias, sino para dar testimonio de nuestro aprecio y admiración por la tradición maronita, presente en Argentina y en Mendoza, tan rica en cultura y en espiritualidad.

2. Estoy seguro que los pastores de esta comunidad, como también su gente mayor y sabia, han mantenido viva la historia de este pueblo, con todos sus valores humanos y cristianos. Con admiración recuerdo sus nobles raíces hundidas en el Concilio de Calcedonia (año 451), que definió la doble naturaleza de Jesucristo: verdadero Dios y verdadero hombre. Los seguidores del monje ermitaño san Marón (+410), patrono e inspirador de la Iglesia maronita, fueron valientes y tenaces defensores de esta verdad, y lucharon por mantener su fidelidad a la Sede Apostólica de Roma. Para conservar su libertad y la pureza de su fe, en medio de tantos enfrentamientos, se vieron obligados a refugiarse en el Monte Líbano.

Las vicisitudes del imperio bizantino fueron muchas y complejas por aquellos siglos. La sede de Constantinopla, vacante por mucho tiempo, fue ocupada providencialmente por san Juan Marón, a quien se considera primer patriarca de la Iglesia Maronita (año 676). Fue el sexagésimo tercer sucesor de Pedro en aquella sede. La oposición de las autoridades imperiales lo obligaron a él y a sus fieles seguidores, a defenderse, a luchar con valor, y a buscar refugio cuando fue necesario. Su muerte ocurrió al comenzar el siglo VIII (707). Los maronitas se radicaron definitivamente en el Líbano, escapando de la expansión árabe, en el albor del Islam. Los patriarcas han tenido su residencia en el Líbano desde el siglo X.

3. Por delicadeza del padre Pedro, he conocido algunos rasgos de la vida de este santo obispo: San Juan Marón. En esta fiesta suya, me uno a la veneración y culto que la comunidad le profesa, porque es un valioso ejemplo para este tiempo. Fue hombre religioso, muy culto, y estudioso de la Sagrada Escritura. Obispo y celoso misionero. Favoreció las vocaciones y dotó a la comunidad de líderes que la protegieran. Se mostró admirable por su caridad en tiempos de pestes y plagas. Como patriarca en Antioquía, fue perseguido por el emperador, y supo sostener a los fieles en medio de dificultades y persecuciones. Es reconocido como el alma de la unión de los maronitas, como primer patriarca, jefe religioso y jefe nacional. Dio al Líbano su verdadera identidad. Salvó la independencia y la fe de la nación maronita. Fue un heraldo de la libertad y se hizo solidario con su pueblo sufriente. Su larga vida estuvo colmada de piedad, virtudes y heroísmo. En él veneramos un vivo ejemplo de santidad para todas las generaciones, razas y culturas.

4. La presencia de los maronitas en la Argentina y en otras naciones, se debió a otra circunstancia dramática: la opresión turca, que culminó con la masacre de 1860. A fines del siglo XIX, sobre todo en la década del ochenta, comenzaron a llegar a nuestro país inmigrantes que luego hicieron venir a sus parientes y amigos. Hoy, como argentinos y católicos renovamos la alegría de tener entre nosotros tantas familias maronitas, que han aportado su cultura, su fe y su arte. Reconocemos y admiramos en ellos a un pueblo profundamente religioso, con fuerte inclinación por la vida espiritual, de profunda sabiduría, amante de la libertad, de notable ingenio y laboriosidad.

5. La renovación de la Iglesia Católica, sobre todo a partir del Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965), ha vuelto a manifestar su aprecio y respeto por las iglesias orientales católicas, despejando todo equivoco o confusión (que lamentablemente aun perduran).

Así manifiesta el mismo Concilio su valoración y solicitud: “La Iglesia católica valora altamente las instituciones, ritos litúrgicos, tradiciones eclesiásticas y modo de vida cristiana de las Iglesias orientales. Éstas son insignes por una venerable antigüedad, que nos transmite por medio de los Padres la tradición apostólica, parte constitutiva del patrimonio indiviso de la Iglesia universal, revelado por Dios. Este santo y ecuménico Sínodo, solícito por las Iglesias orientales, testimonios vivos de esta tradición, desea que florezcan y desempeñen con renovado vigor apostólico la función que les ha sido encomendada ... “ (OE: Decreto sobre las Iglesias Orientales Católicas 1 - 1964).

Por lo demás, la diversidad es riqueza en la unidad: “Entre ellas [las Iglesias particulares y ritos] rige una admirable comunión, y así, la variedad en la Iglesia, lejos de ir contra su unidad, la manifiesta mejor. Es deseo de la Iglesia católica que las tradiciones de cada Iglesia particular o rito se conservan y mantengan íntegras ...” (Ib 2).

Años más tarde, el Papa Juan Pablo II ofreció una Carta Apostólica (Orientale Lumen - 1995), con la cual ha seguido animando la estima y ayuda recíproca que han de ofrecerse ambas tradiciones: la de Occidente y la de Oriente. Dos pulmones con los cuales respira la Iglesia de Cristo, como dijo en cierta ocasión.

En dicha carta enseña la veneración que merecen las iglesias orientales y cuanto pueden aportar a la Iglesia universal:
...”dado que creemos que la venerable y antigua tradición de las Iglesias orientales forma parte integrante del patrimonio de la Iglesia de Cristo, la primera necesidad que tienen los católicos consiste en conocerla para poderse alimentar de ella y favorecer cada uno en la medida de sus posibilidades, el proceso de la unidad”.

“Nuestros hermanos orientales católicos tienen plena conciencia de ser, junto con los hermanos ortodoxos, los portadores vivos de esa tradición. Es necesario que también los hijos de la Iglesia católica de tradición latina puedan conocer con plenitud ese tesoro y sentir así, al igual que el Papa, el anhelo de que se restituya a la Iglesia y al mundo la plena manifestación de la catolicidad de la Iglesia, expresada no por una sola tradición, ni mucho menos por una comunidad contra la otra; y el anhelo de que también todos nosotros podamos gozar plenamente de ese patrimonio indiviso, y revelado por Dios, de la Iglesia universal que se conserva y crece tanto en la vida de las Iglesias de Oriente como en las de Occidente”(OL 1).

6. En estos tiempos difíciles, marcados por el materialismo y el olvido de Dios, ambas Iglesias, de oriente y occidente, están llamadas a enfrentar juntas el desafío de una evangelización renovada en el mundo de hoy. Así resuena el vigoroso llamado del Papa en la carta mencionada:

“A los hermanos de las Iglesias de oriente se dirige mi pensamiento, con el deseo de buscar juntos la fuerza de una respuesta a los interrogantes que se plantea el hombre de hoy, en todas las latitudes del mundo. A su patrimonio de fe y de vida quiero dirigirme con la conciencia de que el camino de la unidad no puede admitir retrocesos, sino que es irreversible como la llamada del Señor a la unidad. “Amadísimos hermanos, tenemos este objetivo común; debemos decir todos juntos, tanto en Oriente como en Occidente: Ne evacuetur Crux! (Cf. 1 Co 1, 17). Que no se desvirtúe la cruz de Cristo, porque, si se desvirtúa la cruz de Cristo, el hombre pierde sus raíces y sus perspectivas: queda destruido. Este es el grito al final del siglo veinte. Es el grito de Roma, el grito de Constantinopla y el grito de Moscú. Es el grito de toda la cristiandad: de América, de África, de Asia, de todos. Es el grito de la nueva evangelización”. (OL 3)

7. Para terminar, me atrevo a formular un augurio en orden a un provechoso jubileo, ante todo de la comunidad maronita, y con ellos de todos los creyentes en Mendoza:

- Busquemos con la gracia de Dios, crecer en una fe cristiana viva, adulta, arraigada, comprometida, apoyada en la rica tradición doctrinal, litúrgica y espiritual que hoy recordamos

- Trabajemos por una integración cultual, religiosa y eclesial, en progresiva y mutua estima entre tradiciones y costumbres, para el bien de nuestras comunidades y naciones, que tanto precisan de paz, amor y solidaria fraternidad

- Aceptemos el impulso del Espíritu, que por medio de la Iglesia nos envía a una nueva evangelización, de manera que en comunión eclesial y llenos de coraje evangélico, aportemos al mundo de hoy valores humanos y cristianos, sostenidos por la Palabra y una viva tradición.