Un testimonio de vida para esta Cuaresma 2011

 

Nota: Sergio 0. Buenanueva
Obispo auxiliar de Mendoza


Los católicos iniciamos con el miércoles de Ceniza, la Cuaresma. Cuarenta días de preparación espiritual para vivir la Pascua. Mientras pienso cómo presentar el alma de la cuaresma en estas líneas, vengo a conocimiento de un escrito testimonial de Shahbaz Bhatti, un católico, Ministro para las minorías religiosas de Paquistán, asesinado el pasado 2 de marzo. Una de las causas de su muerte ha sido su lucha contra la “Ley de la blasfemia” que en las últimas décadas ha costado la vida a miles de cristianos.

Cito a continuación tres párrafos de este testimonio que, lo confieso, me ha conmovido profundamente. Escribía Shahbaz en 2008:

“Me han propuesto altos cargos de gobierno, y me han pedido que abandone mi batalla, pero siempre lo he rechazado, incluso con el riesgo de mi propia vida. Mi respuesta ha sido siempre la misma: «No, yo quiero servir a Jesús como un hombre común».

Esta devoción me hace feliz. No quiero popularidad, no quiero posiciones de poder. Quiero solo un puesto a los pies de Jesús. Quiero que mi vida, mi carácter, mis acciones hablen por mí, y digan que estoy siguiendo a Jesucristo. Tal deseo es tan fuerte en mí, que me consideraría privilegiado si Jesús -en este vigoroso esfuerzo mío de ayudar a los necesitados, a los pobres, a los cristianos perseguidos de Pakistán- quisiese aceptar el sacrificio de mi vida.

Quiero vivir por Cristo y por El quiero también morir. No tengo ninguna clase de miedo en este país. Muchas veces los extremistas han deseado asesinarme, meterme en la cárcel; me han amenazado, perseguido y han aterrorizado mi familia. Yo digo que, hasta tanto tenga vida, hasta el último suspiro, continuaré sirviendo a Cristo y a esta pobre, sufriente humanidad, los cristianos, los necesitados, los pobres.”

Aquí está el alma de la cuaresma, que no es otra que el alma del cristianismo: una forma de vida que, desde las condiciones de cada uno, busca humildemente identificarse con Jesús, con su pasión por Dios y por los hermanos, especialmente los pobres.

Gracias a Dios, muchas personas viven y mueren como Shahbaz Bhatti, cristianos o no. La bondad del corazón no es patrimonio de ninguna religión. Es el signo de Dios en su obra más perfecta: el hombre, creado precisamente a imagen y semejanza de Dios. Jesús mismo concluye uno de sus discursos más exigentes (aquel en que habla de amar al enemigo, poner la otra mejilla y orar por quienes nos persiguen) con la desconcertante invitación: “Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso” (Lc 6,36).

¿Actuar así en medio de la jungla en que vivimos? ¡Tamaña ingenuidad! Pero es la ingenuidad de Jesús, y de tantos otros, como también de Shahbaz Bhatti. Esta ingenuidad sostiene el mundo, y lo preserva de caer en la desesperación y el nihilismo de un occidente aburrido y satisfecho de sí.

Cedo, una vez más, el último párrafo al ya amigo Shahbaz Bhatti. Una buena reflexión para vivir una cuaresma menos burguesa y acomodada:

“Creo que los cristianos del mundo que han tendido la mano a los musulmanes golpeados por la tragedia del terremoto de 2005 han construido puentes de solidaridad, de amor, de comprensión, de cooperación y de tolerancia entre las dos religiones. Si tales esfuerzos continuaran, estoy convencido que lograremos vencer los corazones y las mentes de los extremistas. Esto producirá un cambio positivo: las gentes no se odiarán, no asesinarán en el nombre de la religión, sino que se amarán las unas a las otras, llevarán armonía, cultivarán la paz y la comprensión en esta región.”