Mensaje de Mons. Arancibia en la Bendición de los frutos

 

Yo soy el pan de Vida para el mundo (cf Jn 6,33-40)

1. Mendoza vive la vendimia como una fiesta


La vida entera de Mendoza está ligada a la vendimia. Así pasa desde hace siglos. El trabajo arduo en las viñas ocupa gran parte del año. Requiere la mano habilidosa de muchos operarios y la mirada atenta de los expertos. La recolección de los frutos es el momento más esperado. Comienza entonces la tarea esmerada de elaborar vinos sabrosos, que con orgullo se gustan entre nosotros, y cada año conquistan nuevos países. Muchas personas y familias están relacionadas con esta actividad. Las ciencias y las artes ofrecen su servicio, dando lugar a un progreso incesante. Nuestra gente tiene allí sus afanes y expectativas. Gozan con éxitos que coronan sus esfuerzos. Sufren con los peligros y fracasos.

Se comprende que Mendoza le cante al agua, al sol y a la tierra fecunda. Más aún que aprecie el duro trabajo en surcos e hileras; y que al final festeje por los frutos obtenidos. Es comprensible que ruegue por lluvias oportunas y que sienta temor por la tormenta, el granizo y las plagas dañinas. Es bueno aún que hijos de otras tierras encuentren aquí trabajo y pan, colaborando con un crecimiento compartido. Por todo ello, el sentido festivo de la vendimia está bien justificado y con razón alegra el corazón de todos.

2. Bendecimos para agradecer y festejar

Los festejos vendimiales comienzan con una bendición. ¿Cuál es su significado profundo? Ante todo, bendecimos porque fuimos primero bendecidos por Dios. El calor del sol y el agua de la montaña, como la semilla, la cepa y la tierra pedregosa, son regalos de la providencia divina. Todo nos ha sido dado, para que -con nuestro trabajo- produzca frutos abundantes, y con ellos el bienestar deseado. Aunque la vida que se esconde y desarrolla en los cultivos, escapa al poder humano y guarda siempre su misterio.

¡Cuánto más podemos decir de la vida humana! ¿Por qué? Porque es una forma superior de existencia, semejante al Creador en sabiduría, en libertad para elegir, en su relación con todo lo demás. En la Biblia, la bendición es ante todo la experiencia del Dios de los vivientes, que hace fértil la tierra y acompaña a su pueblo, como el mejor padre. De la convicción de haber sido bendecidos, brota la oración del creyente que bendice a Dios por esos dones. Así expresa su gratitud y sostiene su esperanza, mientras ruega que no le falte la protección de su Hacedor y Señor.

Por lo tanto, si cada creatura, aún la más pequeña, y cada instante de tiempo, es algo bendito y merece gratitud, cuando más la vida humana, el don primero, precioso y sagrado que proviene del Creador. Por su dignidad singular es el primero de los derechos, y fuente de todos los otros; respetable desde el inicio y hasta el final de la existencia. La persona humana, como ningún otro ser puesto a su servicio, es sujeto de deberes y responsable de sus actos; de los cuales debe dar cuenta a Dios, y aún a sus semejantes. Menospreciar la vida, es acabar con todo canto al Creador y a las creaturas.

3. En Jesucristo se ofrece la vida plena y eterna

El pasaje del Evangelio proclamado presenta a Jesús como Pan de Vida. Para ello ofreció Él su Palabra y su mismo Cuerpo. La gente que lo escuchaba, sin entender del todo su mensaje, le dijo: “¡Señor, danos siempre de ese pan!”. Luego comprendieron que para disfrutar del pan que da vida, debían confiar plenamente en Jesús, más allá del humano razonamiento. Entonces, unos encontraron en Él palabras de vida eterna. Otros se apartaron y dejaron de acompañarlo.

Esta noche es oportuno proclamar de nuevo esa gran verdad. Mendoza, pueblo cristiano en su gran mayoría, oye otra vez este mensaje de esperanza. Los atropellos a la vida humana son hoy numerosos, y a causa de ellos son dañadas personas, familias y comunidades. Todavía prevalen en nuestra cultura valores como la fe, la amistad, el amor a la vida, el espíritu de libertad, la solidaridad, el interés por la justicia, el aprecio por la familia, el apego a la tierra. Sin embargo, desconsuela: la desesperación y el sin sentido de la vida; la insidia de la droga; la pobreza y la desnutrición; la atención insuficiente de niños, enfermos o ancianos. Más todavía, las formas innumerables de violencia contra la vida inocente, débil o desamparada.

A modo de homenaje al Papa Juan Pablo II, quiero reiterar su llamado: “¡Respeta, defiende, ama y sirve a la vida, a toda vida humana! Sólo siguiendo este camino encontrarás justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad.” (EV 5) Para cumplir este sabio mandato, los cristianos confiamos en Jesucristo, que al ofrecer vida en abundancia, nueva y eterna, sana los corazones heridos por el pecado y sus consecuencias. Él es la bendición mayor que nos hace sentir benditos, y alegres al elevar bendiciones. Un antiguo autor cristiano escribió: “Dios bendijo nuestra tierra, cuando nos dió al Salvador” (Orígenes). En Él confiamos para aprender a vivir, a trabajar, y a compartir los frutos cosechados.

4. Invocación a la Virgen de la Carrodilla

Cada año iniciamos la vendimia, invocando a la Virgen de la Carrodilla, patrona de los viñedos. Ella eleva al cielo nuestros ruegos, y consuela los desvelos y aflicciones. Su fiesta fue celebrada el 13 de febrero. Ese día, como 11 en el Challao, presenté a María una plegaria por la vida humana y la educación en Mendoza. Preocupaciones principales que este año comprometen a pastores y fieles. Como parte de las honras a Juan Pablo II, quiero rezarle a María con sus mismas palabras (EV 105):

“Oh María, aurora del mundo nuevo,
Madre de los vivientes,
a Ti confiamos la causa de la vida:
mira, Madre, el número inmenso
de niños a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres victimas
de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia
o de una presunta piedad.

Haz que quienes creen en tu Hijo
sepan anunciar con firmeza y amor
a los hombres de nuestro tiempo
el Evangelio de la vida.”

Alcánzanos la gracia de recibir la vida,
como don siempre nuevo;
de agradecerlo y celebrarlo;
de defenderlo con valor;
para construir entre todos la civilización del amor
para gloria de Dios,
Creador y amante de la vida.

Amén