Misa por el eterno descanso del Dr. Néstor Kirchner

 

Homilía de Mons. Sergio Buenanueva, obispo auxiliar de Mendoza, en la celebración de la Misa en la Catedral de Loreto

A las 19:30 horas en la Catedral Nuestra Señora de Loreto se celebró la Santa Misa pidiendo por el alma del Dr. Néstor Kirchner.

La Eucaristía estuvo presidida por Mons. Buenanueva, obispo auxiliar de Mendoza, quién en su Homilía expresó su condolencias a la familia y su oración en este duro momento: "Su muerte sorpresiva, dijo, ha conmovido a toda la sociedad argentina. Pensamos en sus hijos, en su madre y demás familiares. Pensamos en su mujer, Cristina, nuestra presidenta. Pensamos también en sus compañeros de militancia y en tantos hombres y mujeres que se han identificado con él y con sus proyectos. Así como confiamos su alma a la misericordia infinita de Dios, oramos también por ellos para que los alcance el consuelo de la fe y de la esperanza cristiana".

Texto Completo del Mensaje

Estamos celebrando la Fiesta litúrgica de los santos Simón y Judas Tadeo, apóstoles de Cristo. Veneramos su memoria con gratitud, pues de ellos hemos recibido la fe que ilumina la vida.

Como reza la liturgia de hoy, gracias a los apóstoles, nosotros podemos invocar el Nombre de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, el Salvador. El nombre “Jesús” significa, precisamente: “Dios salva”.

En esta Eucaristía estamos también rogando por el alma del Dr. Néstor Kirchner, quien desempeñara la responsabilidad más alta a la que puede aspirar un ciudadano: fue presidente de todos los argentinos, durante un período dramático de nuestra historia reciente. Su figura inconfundible ha estado en el centro del escenario público de nuestra Patria desde entonces.

Su muerte sorpresiva ha conmovido a toda la sociedad argentina. Pensamos en sus hijos, en su madre y demás familiares. Pensamos en su mujer, Cristina, nuestra presidenta. Pensamos también en sus compañeros de militancia y en tantos hombres y mujeres que se han identificado con él y con sus proyectos. Así como confiamos su alma a la misericordia infinita de Dios, oramos también por ellos para que los alcance el consuelo de la fe y de la esperanza cristiana.

La política es un servicio insustituible al bien común. Desde una perspectiva cristiana, se trata de una auténtica vocación y misión, a la que Dios llama a algunos hombres y mujeres, para que sean inteligentes constructores de la sociedad, desde la función pública.

En este año del Bicentenario, los argentinos hemos vuelto a mirarnos, por encima de nuestras legítimas diferencias, como un pueblo que aspira a vivir en paz, superando toda forma de injusticia y desigualdad, sentando a la mesa común a los excluidos y postergados.

El expresidente Néstor Kirchner despertó en muchos ciudadanos el anhelo de una patria mejor. Hasta el último día trabajó para concretar sus ideales.
Rezando hoy por él, confiamos a la ternura de Dios su alma. Dios lo ha amado -como a cada ser humano- con su amor incondicional de Padre. Cristo ha derramado su sangre por él. En el bautismo recibió la semilla de la gracia del Espíritu Santo. ¡Dios le dé el descanso eterno!

Hemos escuchado la solemne declaración de San Pablo: “Ustedes ya no son extranjeros ni huéspedes, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios.” (Ef 2,19).

Los cristianos somos conciudadanos de los santos; nuestra meta final es el cielo. Pero también somos ciudadanos de esta ciudad terrena, a la que hemos de dedicar nuestras energías para que se edifique en la verdad y en el respeto por la dignidad de las personas. Se trata de la paciente y nunca acabada lucha por el orden más justo posible en un mundo siempre contradictorio. Una tarea que solo tiene perspectivas de futuro si involucra a cada ciudadano que se descubre interpelado en su conciencia a comprometer su libertad con el bien de sus semejantes.

La Biblia nos dice que desde el inicio de la historia Dios nos ha llamado a vivir como hermanos, pero que la fuerza del pecado ha sembrado la cizaña de la discordia. Los hermanos se perciben como enemigos irreductibles. Con su sangre, Cristo nos ofrece el generoso espacio abierto de su cuerpo y de sus llagas para que nos reconozcamos como amigos y hermanos.

Que Nuestra Señora de Luján proteja y acompañe a la Argentina en esta etapa de su historia.