"Hombres probados y dueños de si mismos"

 

Homilía de Mons. Sergio Buenanueva en la Ordenación Diaconal celebrada en la parroquia Santiago Apóstol, 16 de agosto de 2010

El pasado lunes 16, Mons. Buenanueva ordenó a dos diáconos permanentes para el servicio de la Iglesia en Mendoza, ellos son: Gustavo Mariano Azpilcueta y Leopoldo Arturo Cacciaguerra.

La ceremonia de ordenación, con la solemnidad y emoción propia de la alegría que brota por estos nuevos servidores para la Iglesia, estuvo acompañada por familiares, amigos y numerosos fieles congregados para celebrar este gran acontecimiento.

El obispo auxiliar en su homilía destacó el significado del servicio diaconal y de este sacramento. “En breves momentos, dijo, por la imposición de las manos y la plegaria de consagración del Obispo, Leopoldo y Gustavo serán incorporados al orden diaconal, es decir, al cuerpo de los diáconos que, en esta Iglesia Diocesana de Mendoza, son la imagen viva de Cristo Siervo, que lava los pies a sus hermanos, que sirve a los enfermos, a los pobres y desvalidos, que sirve a la mesa de la Palabra y de la Eucaristía”.

Más adelante, el obispo, recordando las palabras del Apóstol Pablo expresó: “Esta es la fisonomía espiritual del servidor que ha sido llamado a conservar el misterio de la fe con una conciencia pura. Hombres probados. Dueños de sí mismos. Prudentes en el gobierno de su propia casa”. Y agregó: “En este misterio de amor y de gracia se involucran también las esposas de los diáconos, llamadas a compartir con el esposo servidor, y siendo también en esto una sola carne con él, el signo del amor de Cristo Siervo por su Iglesia”.

“A este misterio de fe, en la Palabra, la Eucaristía y la Caridad, se consagran Gustavo y Leopoldo, como ya lo han hecho los 53 diáconos de nuestra Arquidiócesis. El anuncio de la Palabra es inseparable del servicio a los hermanos, especialmente a los más pobres. Entre la Palabra, la Eucaristía y el Servicio se juega la vida del diácono”.

Finalmente, los confió a la intercesión de nuestra Señora del Rosario, de San José su esposo, del Apóstol Santiago y de San Lorenzo, Diácono y Mártir. De la misma manera pidió la oración de todo el Pueblo de Dios, del Obispo y de los presbíteros, de los consagrados y de los laicos para acompañarlos a mantener siempre pura su conciencia al servicio del Misterio de la Fe.

Texto completo de la Homilía

Archivo Homilía