Santa Misa por el Día de los Diáconos

 

Celebración en la parroquia Asunción de la Virgen

El pasado martes 10 de agosto los diáconos de nuestra arquidiócesis celebraron su día, en la fiesta litúrgica de su patrono, San Lorenzo. Mons. Sergio Buenanueva presidió la Eucaristía en la parroquia Asunción de la Virgen.

En su homilía se refirió a este ejemplar santo, al significado de su martirio y al diaconado. El obispo auxiliar nos resume los principales párrafos de su homilía:

“El diácono es la imagen viva en la Iglesia de Cristo Siervo. Es el sacramento de Cristo Siervo que no vino a ser servido sino a servir, y a dar la vida en rescate por muchos.

En medio de la Iglesia, junto al Obispo, el diácono nos recuerda a todos el primado del amor de Jesús. Nada se puede anteponer al amor de Cristo.

La persona del diácono, antes que sus funciones, es signo del amor y del servicio de Cristo.

La figura de San Lorenzo Diácono y mártir, nos ayuda a comprender qué queremos decir cuando hablamos del primado del amor de Cristo en la vida de la Iglesia.

El amor de Cristo puede llegar a ponernos en la situación de tener que renunciar voluntariamente a un bien tan precioso como es la vida.

El martirio es una gracia que Dios concede. Es temerario pedirlo. Lo que si podemos pedir es la perseverancia y la fidelidad al don recibido hasta la muerte.

En la tradición cristiana, se llama “mártir” a aquel que sufre una muerte violenta, libremente aceptada no buscada, por odio a la fe o por defender algún valor cristiano.

La historia de la Iglesia, a lo largo de sus dos milenios, está escrita con la sangre de los mártires. San Lorenzo, como su Obispo, el Papa Sixto II y sus otros compañeros diáconos, sufrieron el martirio a fines del siglo III. Pero también hemos de pensar en los mártires de la Iglesia de hoy. El siglo que acaba de concluir ha conocido la lista más numerosa de hombres y mujeres muertos violentamente en razón de su fe. Pensemos, por ejemplo, en la gran persecución desatada en España entre 1934 y 1939.

No sabemos qué tiene deparado para nosotros la Providencia de Dios. Suplicamos al Señor que conceda a sus diáconos la gracia de ser testigos luminosos del primado del amor y de la caridad de Cristo en la vida de su Iglesia”.