Celebración de San Cayetano en Orfila

 

Santuario de San Cayetano, Orfila de Junín

En la celebración del patrono del pan y del trabajo el arzobispo destacó la fe del pueblo, en su confianza de poner en este sacerdote santo sus necesidades materiales y espirituales. Invitó a todos con la ayuda del santo a confesar de corazón la Buena Nueva de la vida, la familia y el trabajo.

En la principal alabanza de gracia, el obispo dijo: “Bendigamos a Dios por haber creado al ser humano varón y mujer, también a su propia imagen. Pertenece a su naturaleza, que así busquen su reciprocidad y complementariedad en el amor. Bendito sea el amor humano, que encuentra su plenitud en Jesús, que se entregó por nosotros en un amor hasta el fin. Bendito sea el amor conyugal fiel y recíproco. Bendito sea en el fruto gozoso de los hijos e hijas que Dios les regale. Jesús, que es maestro y esposo, no les hará faltar las gracias que necesiten, aún en situaciones muy difíciles y dolorosas. Gracias sean dadas a tantos matrimonios y familias que son testigos del amor de Dios en un mundo, tan necesitado de respeto, afecto y solidaridad”.

Texto Completo

Homilía de Mons. José María Arancibia, arzobispo de Mendoza, pronunciada en la Fiesta de San Cayetano, en el Santuario de Orfila, Junín

1. Cayetano, sacerdote santo, nos acompaña en nuestro camino


San Cayetano vivió y murió en Italia hace mucho más de cuatrocientos años (+1547). Es un don de Dios encontrarlo en nuestro camino. Regalos como éste traspasan fronteras y largos tiempos. Los santos se nos ofrecen como: “amigos de Dios”. Son compañeros de camino, y huellas vivas del Evangelio de Jesucristo.

Su tiempo no fue nada fácil. Sobre el pueblo pesaban entonces, no sólo: ignorancia, pobreza y enfermedades, sino también miserias morales y peleas sangrientas. La misma Iglesia estaba necesitada de reforma y conversión. Cayetano gastó su vida entera atendiendo a enfermos del cuerpo y del alma; trabajando por la reconciliación y la paz. A su alrededor brindó un amor sincero y abnegado, enseñando ante todo a descubrir y seguir el camino del Evangelio.

Hoy el pueblo católico sabe que puede confiar sus necesidades materiales y espirituales a este sacerdote santo. Aun los pastores del pueblo de Dios, encontramos en Cayetano ejemplo y estímulo, porque él mismo veló por una vida más santa y entregada de sus hermanos sacerdotes.

2. La súplica confiada estimula la propia responsabilidad

No recurrimos a Dios y a los santos, para evitar el propio esfuerzo. Al pedir por las necesidades que más nos afligen, sentimos comprometida nuestra propia responsabilidad. Así enseña y aconseja Cayetano, en una carta suya.

"Yo soy pecador y me tengo en muy poca cosa, pero me acojo a los que han servido al Señor con perfección, para que rueguen por ti a Cristo bendito y a su Madre; pero no olvides una cosa: todo lo que los santos hagan por ti, de poco serviría sin tu cooperación; antes que nada es asunto tuyo, y si quieres que Cristo te ame y te ayude, ámalo tu a El y procura someter tu voluntad a la suya, y no tengas la menor duda de que, aunque todos los santos te abandonasen, El siempre estará atento a tus necesidades".

Por lo tanto, al suplicar a los santos aprendemos de ellos a poner de nuestra parte todo el esfuerzo que requiere los cambios deseados y las gracias anheladas.

3. El Evangelio es fuente inagotable de esperanza

Mucha gente pasa por este santuario y por otros lugares, tanto para pedir como para agradecer. Así se expresa la nobleza del ser humano. En esta Eucaristía me dispongo a recoger tantos ruegos traídos aquí con dolor y con alegría. Quisiera alentar a todos con motivos de serena y firme esperanza. Apoyado en el gozo de creer y de confiar en Dios. Los discípulos de Jesús anunciamos la Buena Noticia de la fe, con la intención de hacerla vida cristiana animosa y alabanza sincera. Con ayuda pues del santo aquí venerado, los invito a confesar de corazón la Buena Nueva de la vida, la familia y el trabajo:

- Bendigamos a Dios, ante todo, por la dignidad de la persona humana, creada a su imagen y semejanza. Él nos ha creado libres, y nos ha hecho sujetos de derechos y deberes, en medio de su creación. Nos ha dado una dignidad inviolable que no se puede negociar a ningún precio. Y si el pecado ha deteriorado y herido esa imagen de Dios, la buena nueva que es Cristo la ha sanado y redimido con su propia sangre. Con gratitud decimos: Benditos los que trabajan para que la vida humana sea respetada como un valor sagrado, desde el comienzo hasta su término natural. Benditos quienes ofrecen su servicio por la salud, la educación y la promoción integral de toda vida humana, sobre todo en condiciones de abandono y pobreza. (cf DA 104-108).

- Bendigamos a Dios por haber creado al ser humano varón y mujer, también a su propia imagen. Pertenece a su naturaleza, que así busquen su reciprocidad y complementariedad en el amor. Bendito sea el amor humano, que encuentra su plenitud en Jesús, que se entregó por nosotros en un amor hasta el fin. Bendito sea el amor conyugal fiel y recíproco. Bendito sea en el fruto gozoso de los hijos e hijas que Dios les regale. Jesús, que es maestro y esposo, no les hará faltar las gracias que necesiten, aún en situaciones muy difíciles y dolorosas. Gracias sean dadas a tantos matrimonios y familias que son testigos del amor de Dios en un mundo, tan necesitado de respeto, afecto y solidaridad. Gracias a cuantos se esfuerzan por ayudar a las familias en sus necesidades materiales y espirituales. (cf DA 114-119).

Alabemos a Dios, que en la belleza de la creación ha llamado a los hombres al trabajo, para cuidar y transformar la tierra en hogar un acogedor. Jesús mismo dignificó el trabajo en el taller de Nazaret. Por el trabajo el hombre y la mujer se realizan como seres humanos, y su actividad propia garantiza su dignidad y libertad. Aunque desgasta y fatiga, el trabajo humano expresa la entrega generosa de la vida, por el bien personal de cada uno, y para sustento de la propia familia. Los cristianos encuentran en él la ocasión de santificarse y de construir el Reino de Dios. Gracias sean dadas a cuantos promueven la dignidad del trabajo y del trabajador; a quienes luchan por justo reconocimiento de sus derechos. Gracias a quienes desarrollan la cultura del trabajo y se atreven a denunciar las injusticias. Alabemos a Dios por quienes tienen proyectos para generar el trabajo y la producción, que elevan la condición humana y el bienestar de toda la sociedad. (cf DA 120-122)

Que tantos nuestros ruegos y gratitudes, como asimismo estos compromisos en favor de vida, la familia y el trabajo, tengan como fuente inspiradora esta convicción cristiana, esta Buena Noticia, de la cual los santos son testigos privilegiados.