Marcha por la familia

 

Carta de Mons. Sergio Buenanueva, obispo auxiliar de Mendoza

A los organizadores y participantes
de la “Marcha por la familia”


Queridos amigos:

Estamos en la recta final de la “Marcha por la familia”. Ha sido una iniciativa surgida del corazón de algunos papás y mamás católicos. Una iniciativa plenamente laical. Con el Arzobispo lo valoramos y reconocemos. Le damos también gracias a Dios por ello. Los estamos acompa-ñando en nuestra oración diaria.

Como hemos dicho a lo largo de estos días: no marchamos contra nadie, sino a favor del matrimonio. Lo que deseamos es que, en el mediodía mendocino del próximo sábado, la luz pro-pia que tiene el verdadero matrimonio brille por sí misma. Y va a brillar a través del rostro de nuestras familias: papás y mamás, de los abuelos, y, especialmente, de los chicos y los jóvenes. Todo esto es por ellos.

Es cierto que nos preocupa lo que está pasando en el Congreso. No ocultamos nuestro “no” al así llamado matrimonio homosexual. Todo gran “sí” suele tener también sus “no”.

El espíritu de esta iniciativa ha sido siempre pronunciar con claridad el gran “sí” de los católicos al matrimonio entre el varón y la mujer, comunidad de amor abierta a la vida. Pongamos aquí el acento.

En este sentido, les pido encarecidamente que evitemos todo gesto, expresión o actitud agresiva que hiera la dignidad de los demás, especialmente de las personas con tendencia homo-sexual o de quienes tienen una posición divergente de la nuestra. Incluso si, en el transcurso de la marcha, encontráramos algún tipo de manifestación contraria, nuestra respuesta debe ser siempre pacífica.

Quiero que esto quede absolutamente claro, como una orientación expresa en mi calidad de obispo. No podemos contradecir con nuestros gestos lo que proclamamos con las palabras: que toda ley, para ser auténtica, debe basarse en la dignidad de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios.

El Santo Padre Benedicto XVI es un ejemplo vivo de que la verdad debe ir acompañada siempre de la caridad. Esta es nuestra fuerza: la verdad tiene, en sí misma, la capacidad para conquistar el corazón del hombre. Todo lo que es verdadero proviene del Dios amor, manifestado en la cruz de Cristo.

En este espíritu sigamos caminando. Con mi afecto y bendición,

Sergio O. Buenanueva
Obispo auxiliar de Mendoza